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River y Boca empiezan a crecer a partir del orden

El inicio de la temporada 2026 empieza a dejar una sensación compartida entre los dos gigantes del fútbol argentino. Tanto River como Boca, cada uno con sus matices y necesidades, muestran una evolución que se apoya en un punto en común: el orden. Desde la estructura defensiva, sostenidos en mediocampos más equilibrados y con una idea táctica más clara, ambos equipos empiezan a crecer y a hacerse fuertes desde atrás hacia adelante. No son versiones definitivas, pero sí equipos que vuelven a dar señales de solidez.

River, el cambio y la fortaleza de mantener el cero

Por el lado de River, el cierre de 2025 había sido preocupante. El equipo terminó el año con una seguidilla de derrotas: en los últimos diez partidos recibió 14 goles, convirtió apenas 9 y acumuló siete caídas, un empate y solo dos victorias, números muy lejanos a los que supo sostener históricamente con Marcelo Gallardo en el banco.

El comienzo de 2026, sin embargo, empezó a mostrar pequeños cambios que se reflejan especialmente en la solidez defensiva. En los primeros tres partidos del Apertura, el Millonario no recibió goles: venció 1-0 a Barracas Central, superó 2-0 a Gimnasia en el Monumental y empató 0-0 frente a Rosario Central en Arroyito. Datos fríos que, sin embargo, empiezan a marcar una tendencia y a recordar a aquel primer River de Gallardo que construía desde la seguridad defensiva.

A esta mejora se suma la respuesta de un juvenil como Santiago Beltrán en el arco, quien ya había dado señales en los amistosos de verano ante Millonarios y Peñarol (donde incluso atajó un penal) y transmitió seguridad. También influyó la firmeza de los centrales, con Lautaro Rivero y Martínez Quarta, la proyección de Montiel, que ya aportó un gol, y la llegada de Matías Viña, que dio buenas respuestas. Incluso ante modificaciones obligadas, como la expulsión del uruguayo frente a Gimnasia que obligó a reacomodar piezas, el equipo mantuvo el orden y la estructura.

El medio dinámico del Millonario

Fausto Vera, Aníbal Moreno y Tomás Galván parecen ser las fijas el Muñeco. En los primeros partidos del año, el trinomio mostró señales concretas de mejora. River ganó en presión tras pérdida, redujo los metros entre líneas y logró una circulación más fluida. Moreno se consolidó rápidamente como eje, destacándose en recuperaciones, precisión de pase y lectura táctica, ofreciendo siempre una salida limpia para iniciar ataques.

Vera aportó despliegue e intensidad, con recorrido de área a área y capacidad para romper líneas, mientras que Galván contribuyó desde la movilidad y la inteligencia posicional, siendo una pieza clave para la continuidad del juego.

Sin ser un mediocampo brillante, River encontró algo que le había faltado: orden, intensidad y menor exposición defensiva. La reducción de situaciones en contra y la mayor presencia en campo rival explican por qué esta renovación aparece como un primer paso firme.

La falencia de River y la falta de gol de sus delanteros

El principal déficit del equipo sigue siendo la eficacia ofensiva. En las tres fechas disputadas, los goles llegaron desde otras posiciones: Montiel ante Barracas y un doblete de Juanfer frente a Gimnasia. Los delanteros aún no pudieron convertir.

La situación se arrastra desde 2025. Facundo Colidio no marca desde el 21 de julio de ese año y acumula 21 partidos sin goles. Maximiliano Salas no convierte desde el 2 de octubre y suma diez encuentros sin festejos, mientras que Sebastián Driussi no anota desde el 21 de agosto, con una racha de 13 partidos.

Gallardo fue claro tras el empate en Rosario: “No es que no queremos traer un delantero, no hay uno en el mercado que pueda venir y acoplarse a nuestro funcionamiento. No es traer por traer”, explicó, respaldando al plantel actual al menos hasta mitad de año.

El Boca de Ubeda, entre altibajos, busca el orden

En la vereda del frente, el proceso tiene similitudes. Ya en el final de 2025, Claudio Ubeda había logrado ordenar al equipo y encadenar resultados que lo llevaron hasta la semifinal del Clausura. Tras una derrota ante Belgrano, el Xeneize hilvanó victorias, se impuso en el Superclásico, redujo los goles en contra y empezó a sostener una formación clara, generalmente con un 4-3-3 que en algunos tramos podía modificarse.

El 2026 comenzó con una victoria ajustada ante Riestra por 1-0, luego llegó la derrota 2-1 ante Estudiantes en La Plata, donde la defensa mostró grietas, y posteriormente una recuperación ante Newell’s en La Bombonera, en un partido que marcó el debut de Santiago Ascacíbar, quien aportó despliegue, presión y llegada al área.

Boca empezó a recuperar confianza desde el orden defensivo. Las respuestas de Marchesín, la solidez general de los centrales y la proyección de los laterales como Blanco, que convirtió ante Newell’s, y Barinaga, se complementan con el equilibrio que aportan Paredes y ahora Ascacíbar en la mitad de la cancha.

Paredes, Ascacíbar y ¿quién más?

Con el correr de los encuentros, Boca creció desde la lectura táctica y su precisión. Desde su llegada Paredes no solo aportó claridad con la pelota, sino también equilibrio posicional: cuando el equipo se partía, fue quien sostuvo la posesión y ordenó las líneas.

A su lado, Ascacíbar aportó dinámica y despliegue, además de soltarse algunos metros y participar más cerca del área rival. Sin embargo, la lesión de Ander Herrera (quien no estará en las próximas semanas) vuelve a abrir un interrogante en el armado del mediocampo: quién será la tercera pieza estable para completar el sector.

Hoy, Delgado aparece como el candidato con mejores características para ocupar ese lugar y también con la banca del hincha xeneize. El volante había tenido un buen cierre de 2025, aunque en este inicio de año perdió terreno en la consideración. Otras alternativas fueron probadas: Belmonte tuvo oportunidades pero no terminó de convencer, mientras que Alarcón tampoco logró afirmarse en las veces que le tocó jugar, aunque siguió siendo una opción dentro de la rotación.

En paralelo, también es una realidad que Boca, según lo que trasciende, está en la búsqueda de un extremo más y de un posible centrodelantero. Sin embargo, el equipo parece quedar descompensado en algunos sectores, especialmente en el mediocampo y en la banda izquierda, donde no hay un volante natural que equilibre ni un reemplazante claro para Blanco, una de las piezas que más recorrido y presencia le da al equipo en ese sector.

Las lesiones, el principal obstáculo

El problema más serio para Boca hoy pasa por las bajas. Exequiel Zeballos estará más de un mes fuera por una lesión muscular, Ander Herrera también quedó marginado y otras dolencias afectan la continuidad del equipo: Milton Giménez sigue con pubalgia, Carlos Palacios padece sinovitis, Lucas Janson continúa recuperándose de un desgarro y Alan Velasco estará dos meses fuera por un esguince.

La buena noticia es que Edinson Cavani y Miguel Merentiel ya entrenan a la par del grupo y podrían reaparecer ante Vélez.

Dos caras de una misma moneda

River y Boca atraviesan momentos diferentes, pero con un punto de contacto claro. El equipo de Gallardo recuperó solidez y orden, aunque todavía le cuesta generar y convertir. El de Ubeda empieza a afirmarse desde su estructura, pero las lesiones amenazan con frenar su crecimiento.

En ambos casos, el camino parece marcado: construir desde el orden, sostenerse en el mediocampo y crecer desde atrás hacia adelante. No es todavía la versión ideal de ninguno, pero sí un comienzo con señales alentadoras y un visto bueno que invita a pensar en equipos que están para dar más.