<
>

A 10 años de Argentinos campeón, otra vez de la mano de Borghi a la gloria

El club de La Paternal se consagró en el Clausura 2010 con el Bichi como DT. Un equipo que empezó de menor a mayor y ganó el título en un final para la historia. Fotobaires

Argentinos es un club de barrio con una rica historia dentro del fútbol argentino. De sus inferiores surgieron grandes futbolistas que brillaron en canchas de todo el mundo. Sin dudas, el más representativo fue Diego Armando Maradona, pero hubo muchos otros de una jerarquía enorme, como Fernando Redondo, Juan Pablo Sorín, Esteban Cambiasso, Juan Román Riquelme y Claudio Borghi.

Justamente de la mano de este último, el Bichi, el club de La Paternal lograría el 16 de mayo de 2010 un nuevo título luego de una espera de 25 años.

Borghi había llegado al club a mediados de 2009, y en el primer campeonato que jugó, el Apertura de ese año, el equipo no desentonó. Realizó una muy aceptable campaña, quedando en el sexto lugar con 32 puntos, a nueve del campeón Banfield. De a poco fue moldeando al equipo a su medida. Contaba con una buena base de jugadores, que ya se conocía de memoria, y a los que se sumaron José Luis Calderón de Estudiantes de La Plata, Emilio Hernández de Cruz Azul y el arquero Luis Ojeda, de Unión de Santa Fe.

Para empezar, Argentinos tenía en la mitad de la cancha una dupla que era el motor del equipo, formada por Néstor Ortigoza y el Pichi Mercier. Juntos manejaban los hilos del Bicho. Un doble cinco de primer nivel que se entendía a la perfección, y que luego pasaría a jugar en San Lorenzo, donde también sería fundamental para que el Ciclón levantara su primera Copa Libertadores.

La línea de tres era una marca registrada (la misma línea de tres que más tarde, en Boca, generaría tantas críticas) y también la premisa del balón bien jugado y de buscar siempre el arco rival. El arquero gran parte del torneo fue el chileno Nicolás Peric, aunque un joven Ojeda disputó minutos decisivos ante Independiente y Huracán, en el tramo final del torneo, por lesión del chileno. A ellos, se sumaban Matías Caruzzo, el referente de la defensa, quien luego vestiría los colores de Boca y de San Lorenzo, Santiago Gentiletti, Juan Sabia y Gonzalo Prósperi, más Federico Domínguez e Ignacio Canuto.

Facundo Coria (autor de cuatro goles) aportó dinámica en el mediocampo, donde también tuvieron participación el chileno Emilio Hernández y Santiago Raymonda. Arriba contaba con la potencia de un José Luis Calderón que estaba cerca del retiro, más la presencia de Ismael Sosa, la grata sorpresa que se convirtió en el goleador del campeón con nueve goles, Nicolás Pavlovich y Gustavo Oberman.

El arranque en el Clausura no fue el esperado, y nadie hubiera imaginado en ese inicio que el Bicho se consagraría campeón. Apenas seis puntos sobre 18 en juego fue la magra cosecha de los primeros encuentros: una victoria (goleada ante Lanús por 6 a 3), tres empates (Boca, 2 a 2, Newell’s, 1 a 1, y Atlético Tucumán, 1 a 1) y dos derrotas (Banfield, 0-3, y Godoy Cruz, 1-2).

Pero en la séptima fecha llegó un triunfo clave. De visitante, Argentinos se enfrentaba ante Estudiantes de La Plata, otro de los protagonistas de ese torneo. Fue un partido muy parejo, pero el Bicho logró imponerse por 1 a 0 con gol de Calderón. Caldera, el ídolo del Pincha, el mismo que tantos goles y alegrías les había dado a los platenses, cumplía la ley del ex. El veterano delantero estaba cerca del retiro (de hecho, dejó el fútbol tras salir campeón), pero aportó toda su experiencia para alcanzar el objetivo.

Ese, podría decirse, fue el partido que marcó el quiebre de la campaña. Porque a partir de allí el Bicho ya no perdió. En las 12 fechas restantes sumó nada menos que 10 victorias y dos empates para terminar ganando el campeonato con 41 puntos, uno por encima de Estudiantes.

Tras la visita al Pincha se dio otro resultado fundamental para ratificar la levantada, con el 1 a 0 frente a Vélez. Otro 1 a 0, ante Racing y en Avellaneda mostró que el equipo iba ganando seguridad en el fondo, lograba mantener la valla en cero y le alcanzaba con la efectividad en el ataque.

Luego del empate contra Tigre en la fecha 10 por 1 a 1, metió cuatro victorias de manera consecutiva, frente a River (1 a 0), Chacarita (2 a 1), Central (1 a 0) y Colón (3 a 1). El impulso ganador se frenó en la jornada 15, con el 2 a 2 frente a Arsenal. El equipo así se ubicó cuarto, pero muy cerca del puntero Estudiantes y del escolta, Independiente.

Quedaban cuatro partidos para el final del campeonato. Todo podía pasar. El Bicho sabía que no tenía margen de error. Y no se equivocó. Ganó todo lo que jugó y terminó obteniendo el título de manera agónica.

Se impuso con autoridad frente a Gimnasia (3 a 1), San Lorenzo (2 a 1), Independiente (4 a 3) y Huracán (2 a 1).

Fue una serie a todo o nada, pero con un partido en especial que quedó en la historia del club. Y seguramente, también, estará entre los más recordados dentro de las definiciones de los últimos tiempos. Es el que jugó de local ante Independiente, por la fecha 18.

Estudiantes llegaba como líder y visitaba a Central, en Arroyito. El Bicho recibía al Rojo de Américo Rubén Gallego, que había quedado relegado al cuarto lugar. Arrancó arriba el Bichito con tanto de Nicolás Pavlovich. Pero Independiente se lo dio vuelta. Leonel Núñez, un ex del club, anotó dos veces (gol olímpico incluido) y con otro tanto de Gandín pasó a ganarlo por 3 a 1.

Faltaban poco más de 15 minutos para el final y todo parecía terminado. Estudiantes no podía ganar en Rosario, pero el empate les alcanzaba a los platenses para quedar a tiro del título. Sin embargo, en una ráfaga de locos, Argentinos empezó a concretar la hazaña.

A 17 del final, otra vez Pavlovich descontó y puso las cosas 3 a 2. No alcanzaba. A los 44 del complemento, un centro de Federico Domínguez cayó al área del Rojo; luego de una serie de rebotes la pelota le quedó a Sabia, quien la clavó en un ángulo para el 3 a 3. Parecía todo terminado. Y por cómo se dieron las cosas, más de un hincha hubiera firmado el empate.

Pero a la historia le faltaba un capítulo. Envalentonado por la igualdad que ya tenía tintes de heroica, en tiempo de descuento, todo Argentinos fue por más. Caruzzo dejó de cuidar el fondo y terminó casi como nueve. En esa posición, tomó una pelota al borde del área y remató: tras el desvío en un defensor, el balón entró mansamente en el palo derecho del arquero para el 4 a 3 final.

Locura total en el Diego Armando Maradona. Abrazos, lágrimas, emoción en la cancha y en las tribunas. Porque a una fecha del final Argentinos se subía por primera vez a la cima del campeonato, tras el empate de Estudiantes ante Central. El único al que no se le movía un pelo, como si fuera un extraterrestre, era Borghi. “Cuando perdíamos 3 a 1, pensé: ¿Por qué no me habré dedicado a la ingeniería o no me puse algún comercio?”, fue la ocurrente frase del DT. El Bichi desde el banco aparentaba siempre calma, pero cada tanto el cigarrillo prendido entre sus labios demostraba que las apariencias engañan.

Había que asegurar el título y salir a ganar en el Tomás A. Ducó, ante Huracán. Y el equipo no falló: con goles de Mercier y Coria, el Bicho triunfó 2 a 1 y se consagró campeón. Un justo campeón, porque hizo una enorme campaña: ganó 12 partidos, empató cinco y perdió sólo dos. Marcó 35 goles, y fue el equipo más goleador del campeonato. Empató con Boca, y luego derrotó a los otros grandes: River, Racing y San Lorenzo.

Borghi se dio un enorme gusto, reservado para elegidos, para muy pocos. El mismo que como jugador había brillado en los títulos de 1984 y 1985, Copa Libertadores incluida, a quien se lo llegó a comparar con Maradona, regresó al club que lo vio nacer para asumir el desafío de ser entrenador. Con todos los riesgos que para un ídolo, en el fútbol argentino, eso representa. Pero la historia no pudo terminar mejor. Volvió y le regaló al Bicho otro campeonato luego de 25 años.