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Opinión: Cristiano Ronaldo, el goleador decadente

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Francia califica, CR7 expulsado (1:33)

Los galos consiguieron su pase al Mundial 2026, mientras la estrella de Portugal vio la roja. (1:33)

Hoy la narrativa en torno a Cristiano es su carrera rumbo a los mil goles, pero se repara poco y nada en su desempeño en los partidos y en que desde hace varios años la decadencia lo alcanzó.


Cada partido en el que está presente Cristiano Ronaldo —con su club o con Portugal— es una página para la historia en la que se lleva a cabo el minucioso conteo en su carrera rumbo a los mil goles. Sin embargo, se repara poco y nada en su nivel futbolístico y en la influencia que a sus 40 años tiene en el juego.

Más allá de sus insistentes declaraciones en las que pretende convencer de que Arabia Saudita tiene una liga cercana a la élite, la realidad es otra.

Con todo y las figuras que han fichado tres o cuatro clubes, el nivel no es el más competitivo ni es verdad que cuesta más trabajo anotar goles en dicha liga que en España. En las últimas fechas, la narrativa de Cristiano no suele coincidir con los hechos.

Sigue siendo un portento físico, su olfato e instinto se mantienen impecables y la mentalidad ganadora nunca ha dado visos de abandonarlo; ahora, a estas alturas dichas virtudes únicamente le alcanzan para ser un ‘cazagoles’.

En el Al-Nassr sus goles son de penalti o de remates dentro del área, la mayoría de ellos con enormes facilidades. Difícilmente marca de tiro libre, de disparos de media distancia y ya ni hablar de maniobras individuales en las que se saque a uno o dos rivales de encima.

En Portugal evidentemente está rodeado de futbolistas de mayor calidad y no necesariamente juegan para él, pero su rol no cambia, es un rematador.

Ayer ante Irlanda no tocó más de 10 balones durante 61 minutos antes de ser expulsado: un tiro libre que estrelló en la barrera, un remate que mandó por encima del arco, un intento de taconazo fallido y pases laterales o de apoyo, no más.

Tras su salida —bochornosa— del Manchester United, a Cristiano se le cerraron las puertas del futbol europeo de élite y resulta encomiable que a su edad y con la leyenda que ha forjado siga en activo; sin embargo, creer que marca diferencia en los partidos o que su influencia resulta determinante, es una falacia.

Con goles cada tres días en Arabia Saudita seguramente llegará a la cifra histórica de mil y se volverá a autoproclamar el mejor de todos los tiempos, pero eso no quitará que desde hace algunos años su desempeño está en franca decadencia y con desplantes poco dignos de su grandeza.

En Arabia cuando ganan y anota la fotografía es él, pero cuando pierden los retratados son sus compañeros. Y en Portugal basta señalar que los resultados más importantes de la selección, la Eurocopa y la reciente Nations League, fueron sin su presencia en la cancha.

Cristiano Ronaldo está empecinado en mantener vivo el histórico debate que lo compara con Messi cuando lo perdió hace mucho, y más allá, nunca debió existir.

Hoy sus realidades son totalmente opuestas: el argentino sigue siendo el mismo futbolista que deslumbra un partido sí y el otro también; mientras que el portugués intenta de forma desesperada e infructuosa ocultar su innegable decadencia.