La historia del fútbol, deporte social por excelencia, está compuesta por historias, mitos y leyendas.
Año a año, día a día, partido a partido, esta se sigue escribiendo. Pero no solo por golazos, decisiones tácticas y victorias, sino también por sentimientos, emociones y momentos.
El pasado 28 de enero, en la gélida Lisboa, una intensa jornada final de UEFA Champions League terminó convirtiéndose en un pedazo de historia. Sobre 18 partidos disputados en simultáneo -una dinámica contemporánea del certamen continental que, tras un par de ediciones, prácticamente nadie se atreve a discutir-, tan solo uno seguía en juego, a la espera de definir los clasificados.
En el Estádio da Luz, Benfica y Real Madrid se enfrentaban en un partidazo cambiante, con el elenco luso imponiéndose por 3 a 2, un resultado que le alcanzaba a la Casa Blanca para meterse en el top 8 hasta que Sporting Lisboa, justo el otro equipo lisboeta, pasó a ganar ante Athletic Bilbao.
El 3-2, entonces, no le servía a ninguno: el Madrid quedaba 9°, justo fuera de los directamente clasificados a octavos, y el Benfica, 25°, el primero de los eliminados.
El cabezazo del arquero Anatoli Trubin a los 98 minutos para el 4-2 final, apenas instantes después de que el propio ucraniano perdiera tiempo adrede, exhibiendo desconocimiento de la situación, entonces, ya es parte de la historia del fútbol.
Apuntes sobre leyendas y maldiciones
El azar determinó que Real Madrid y Benfica, protagonistas de la épica jornada final de la fase liga, se enfrenten en los playoffs de la Champions: el martes 17 de febrero chocarán en Lisboa y días después, el miércoles 24, definirán la eliminatoria en Madrid, siempre con transmisión en vivo del Plan Premium Disney+.
Uno de los dos equipos, el de José Mourinho, otrora DT del Merengue, o el de Álvaro Arbeloa, reciente relevo de Xabi Alonso, se meteré entre los 16 mejores del certamen y continuará en busca de la Orejona, con una siguiente parada frente a Sporting Lisboa o Manchester City.
Si el elenco español, el gran candidato pese a su inestable temporada y al peso de la mencionada derrota, es el vencedor, tratará de consagrarse por decimosexta vez a nivel continental, récord absoluto, mientras que el conjunto portugués, que buscará extender la épica conseguida en casa, tiene por delante otro desafío: dejar de una vez por todas atrás la maldición de Béla Guttmann.
La historia del entrenador austrohúngaro es conocida para el público futbolero: en el marco de una vida dedicada al fútbol, en la que fue de acá para allá en Europa y Sudamérica, dirigiendo tanto a Quilmes, San Pablo y Peñarol como a Milan, club en el que lo despidieron liderando la Serie A, Porto y Benfica, Guttmann encontró su lugar en el mundo en las Águilas.
En realidad, el nacido a fines del siglo XX en Budapest desarrolló primero su carrera como futbolista, pero su aporte más trascendental en el fútbol llegó como DT, tras una vida en la que pudo escapar del Holocausto -su padre y su hermana fueron asesinados en Auschwitz-. Pionero en lo táctico, impulsor del 4-2-4 y con un carácter de tipo protagonista, el 'descubridor' de Eusebio cortó la hegemónia del Madrid en la Copa de Europa, tras cinco títulos blancos, y festejó en 1961 y 1962, venciendo en las finales a Barcelona y Real Madrid, respectivamente.
Aunque no pudo trasladar su éxito a la Copa Intercontinental, donde se topó con Peñarol, primero, y con el Santos de Pelé, luego, el Benfica de Guttmann marcó una época en el fútbol europeo.
No obstante, al año siguiente, al pedir un aumento salarial que la dirigencia del club consideró desproporcionado, el austrohúngaro fue despedido. En ese momento es que se le atribuye una frase célebre: "Sin mí, Benfica no volverá a ganar ningún título europeo en los próximos 100 años".
Aunque en los últimos tiempos la cita fue desmentida, por ejemplo, por Simões, juvenil de aquel histórico equipo, esta quedó como una leyenda del fútbol.
A diferencia de lo que sucede con la palabra "mito", que es una narración maravillosa o una historia ficticia, una "leyenda" es un relato basado en un hecho o personajes reales, deformado o magnificado por la fantasía o admiración. También puede ser una cosa muy admirada que se recuerda a pesar del paso del tiempo, o una narración de sucesos fantásticos que se transmite por tradición.
Un poco de todo eso hay en la maldición de Béla Guttmann. La veracidad de la frase, en algún punto, a esta altura, es irrelevante, porque el fútbol, así como la vida, también se nutre y construye a partir de estas.
Si Benfica hubiera ganado alguna de sus posteriores finales continentales, no habría maldición. Pero el equipo luso falló en sus cinco finales de Champions, a la sazón llamada Copa de Europa, en 1963, 1965, 1968, 1988 y 1990, y en sus tres definiciones de Europa League -o Copa UEFA-, en 1983, 2013 y 2014.
El tiempo, entonces, fue el que terminó de instaurar e instalar esta leyenda, que con el paso de los años no hace sino afirmarse como una de las fábulas más longevas del fútbol: ya son 64 los años sin festejos desde aquella final contra el Madrid de Puskás y Di Stefano en Ámsterdam.
Benfica vs. Real Madrid, un choque místico: épica contra maldición
La clasificación de Benfica a los playoffs de la Champions League fue prácticamente milagrosa. El equipo de Mourinho sumó 0 puntos en sus primeras cuatro presentaciones y, al final, se metió por la ventana en el vigésimo cuarto puesto, sumando 9 de las últimas 12 unidades y aprovechando la goleada recibida por Olympique de Marsella ante Brujas en Bélgica, lo que le permitió superar al conjunto francés en diferencia de gol por el agónico tanto de Trubin.
Durante toda la noche del 28 de enero, las Águilas estuvieron fuera. Parecía que una inesperada derrota de Atlético Madrid, en casa ante Bodo/Glimt, frustraba sus posibilidades, pero el gol del arquero ucraniano le dio vida al conjunto rojo y lo metió en la eliminatoria previa a los octavos de final, donde volverá a chocar con Real Madrid, el equipo por excelencia de esta competencia.
Ahora, ya de nuevo en carrera por la Champions, Benfica tratará de aprovechar el envión del triunfo épico, sumado a la presencia del legendario Mourinho en su banco, para acercarse a un objetivo que cada vez parece más lejano para un equipo portugués.
¿El último campeón luso de la Orejona? Porto, en 2004, hace poco más de dos décadas. ¿Su entrenador? José Mourinho.
La historia del fútbol, deporte social por excelencia, está compuesta por historias, mitos y leyendas.
Y lo más lindo es que, a veces contra todos los pronósticos, año a año, día a día, partido a partido, esta se sigue escribiendo.
