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Bican, el goleador del Slavia que desafió a los nazis

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Josef Bican, el mejor goleador de la historia (1:25)

Barcelona visita este miércoles al Slavia de Praga, precisamente el club donde el futbolista austro-checo, se convirtió en leyenda. Jordi Blanco nos reseña parte de su vida. (1:25)

PRAGA -- Nacido en Viena en 1913 y muerto en Praga en 2001, Josef Bican es una de las mayores leyendas de la historia del fútbol centroeuropeo, además del mayor goleador de todos los tiempos y un personaje sin igual, capaz de enfrentarse primero a los nazis y sobrevivir después al desprecio del gobierno comunista de Checoslovaquia.

Un deportista al que no le llegaron los reconocimientos merecidos hasta sus últimos años de vida y a quien el Slavia de Praga rinde honores hoy sin disimulo. De acuerdo con los datos de la Rec Sport Soccer Stadistics Foundation, Bican sumó 805 goles en 530 partidos oficiales, una cifra que no alcanzan ni Romario (772 goles), Pelé (767), Puskas (746) o Müller (735), habiendo todos ellos jugado muchos más partidos que el austro-checo, quien de acuerdo con el mismo portal especializado alcanzó los 1,468 goles en 918 encuentros, contabilizando los de carácter amistoso.

Pero más allá de esas cifras escandalosas, o en paralelo a ellas, Josef Bican fue un personaje excepcional. Nacido en Viena en septiembre de 1913 en una familia muy modesta de origen checo, quedó huérfano de padre de muy corta edad y su afición por el fútbol la compaginó con diversos trabajos hasta que a los 18 años, en 1931, debutó con el primer equipo del Rapid de Viena. En un abrir y cerrar de ojos se convirtió en la sensación del equipo y del Wunderteam, sobrenombre con que se conoció a la selección austriaca en la década de los 30 del pasado siglo y a la que un escandaloso arbitraje apartó de la final del Mundial de 1934.

Su popularidad no paró de crecer entre los aficionados hasta que en 1938, tras la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi, Bican se negó a jugar para su selección y decidió marchar a Checoslovaquia, a Praga, para enrolarse en el Slavia, donde su capacidad goleadora se desató hasta completar 395 goles en 217 partidos oficiales con el club… Aunque su excepcional carrera deportiva no evitó volver a tener problemas con los nazis, que ya habían ocupado Checoslovaquia y desmembrado, también su selección.

En mayo de 1945 no dudó en tomar parte del alzamiento de la población de Praga contra los nazis, junto a muchos otros deportistas entre los que se encontraba el futuro azulgrana Jiri Hanke y al acabar la II Guerra Mundial Checoslovaquia pareció recuperar la calma... Hasta que en 1948 llegó al poder el Partido Comunista, que vio con malos ojos a un Slavia considerado club de la burguesía de Praga, fundó el Dukla y le dio mayor consideración al Sparta. El gobierno aconsejó a Bican afiliarse al Partido Comunista, él se negó. Y lo pagó.

Acusado de burgués, fue obligado a abandonar el Slavia en 1949 y a enrolarse en el modesto Banik Ostrava, en el que permaneció tres temporadas, jugando otra en el Hradec Kralove y no siéndole permitido su reingreso en el Slavia, rebautizado como Dynamo Praga, hasta 1953, ya con 40 años y en el que se retiraría al cabo de tres temporadas.

Desposeído de todos los honores que corresponderían al mayor goleador de la historia del país y acusado siempre de desafecto al régimen, Bican, el héroe del balón, sobrevivió como conductor de autobús o empleado del zoo. Su figura fue absolutamente ignorada y apartada del escenario hasta que la Revolución de Terciopelo, en 1989, acabó con el régimen comunista y le devolvió la consideración de todo el país.

Fallecido en diciembre de 2001, en 2013 el Slavia, con motivo del centenario de su nacimiento, solventó catapultar su figura con un homenaje póstumo en el que se incluyó un partido amistoso que enfrentó a su club con el gran rival ciudadano, el Sparta. Hoy cualquier aficionado al deporte en la República Checa conoce la leyenda de Josef Pepi Bican, el mayor goleador de la historia del fútbol y en cuya tumba, en el cementerio de la capital, sobresale un balón... Y, siempre, un ramo de rosas rojas y blancas.