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El mayor desafío de la UEFA en medio de la crisis por el coronavirus: atenuar el impacto económico sobre los clubes y las naciones

En momentos de crisis, se espera que las autoridades resuelvan las cuestiones obvias con rapidez. Si sale agua de la lavadora, busca la tubería y corta la salida de agua. Si salen chispas del horno eléctrico, desenchúfalo. Después te preocuparás por los daños que eso ha causado y cómo lo podrás arreglar. Siguiendo esa idea, la decisión de la UEFA de posponer la Euro 2020 para el próximo año fue siguiendo ese concepto: una decisión inmediata que ninguna persona sensata iba a discutir en vistas del brote a nivel mundial del coronavirus.

Esa fue la parte fácil, y les dio un poco de tiempo para pensar en el verdadero desafío: diagramar un calendario que funcione, y evaluar y reaccionar ante el impacto económico que todo esto implica.

El anterior es el punto central. La UEFA dice que posponer la Euro le costará alrededor de 300 millones de Euros ($327 millones), mientras que cancelarlo del todo le costaría cerca de los 400 millones de Euros ($436 millones). Pero esto es matemáticas simple. Si el torneo se lleva a cabo el próximo verano, de todas maneras, debería generar unos 2.1 mil millones de Euros ($2.5 mil millones). Si le restas los 300 millones a 2.1 mil millones, de todas maneras, habrás ganado 1.8 mil millones. Si cancelas el torneo, deberías restarle 400 millones a cero, que es lo que se ganaría si directamente no se lleva a cabo el torneo.

¿Por qué importa tanto el dinero? Porque el dinero de la UEFA en realidad no es su dinero. La vasta mayoría de lo que ganan se reparte, en primer lugar, a los clubes, en forma de premio en efectivo en la Europa League y la Champions League, y a las federaciones, en forma de respaldo directo y honorarios cuando juegan en las competencias de la UEFA.

En 2017-18, más del 85% de sus ingresos fue a los equipos que participaron de las competencias de la UEFA, contribuciones a asociaciones y pagos solidarios. La organización de los eventos, los árbitros, los oficiales de los partidos y los costos de tecnología y emisión rondan el 9.4%. El sueldo de los empleados de la UEFA y los beneficios representan un 3%.

Si lo decimos de otra manera, en este momento hay un “hueco” de 300 millones por la Euro en las finanzas de la UEFA y puede crecer aún más si los socios de emisión y comerciales intentan recuperar algo del dinero que ya han invertido en la Europa League y la Champions League. Después de todos, ellos firmaron un contrato en el que se garantizaban una determinada cantidad de juegos en un período específico, y ahora recibirán menos de lo que se les prometió si, tal como todo parecería indicar, se termina con una versión reducida de la competencia para definir todo a finales de julio.

Por lo que la pérdida de 300 millones podría ser mayor, pero tal como se aclaró más arriba, en términos reales, no es el dinero de la UEFA. La gran mayoría es dinero que pasa a los clubes y asociaciones. La pregunta que se presenta es cómo divides esos costos: ¿lo haces de manera proporcional o basándote en las necesidades particulares?

En 2017-18, Liechtenstein recibió 1.14 millones de Euros ($1.24 millones) en pagos anuales solidarios por su equipo nacional. Moldavia recibió 1.3 millones de Euros ($1.41 millones). La población de Moldavia es unas 70 veces más alta que la de Liechtenstein, y su producto bruto interno per cápita es de $3,400, un 1/30 mayor que el de Liechtenstein. Si se necesitan hacer recortes, creo que sé quién que es el mejor equipado para arreglarse con recortes más profundos.

Por supuesto, la cosa se complicará más en la Champions League y la Europa League. ¿Por qué? Porque los clubes más grandes de mercados televisivos con más dinero, podrán decir que ellos generan más ganancias. Y es cierto también: emisoras desde Luxemburgo hasta Lituania invierten dinero por los derechos de la Champions League basándose en las emisiones de los partidos que involucran a equipos como Real Madrid y Liverpool, no Krasnodar y Dinamo Zagreb. Es por eso que tienen un sistema de distribución de ingresos proporcional al valor del mercado de derechos audiovisuales de cada club, y allí es donde la cosa se complicará.

A muchos clubes no les agrada compartir en tiempos de bonanza, imaginen que mucho menos cuando la cosa se complica: desde las pérdidas por la venta de entradas hasta los derechos de transmisión locales y sponsors intentando recuperar sus dineros ante el simple hecho de que hay una recesión global como resultado de la pandemia (por si no lo sabias, el Dow ha bajado un 30%, respecto del año pasado), todos están más pobres y con menos predisposición a invertir más dinero.

Eso significa que el "grupo de trabajo" establecido por la UEFA para lidiar con esto tiene una gran tarea por delante. Dividir un pastel más pequeño cuando todos tienen hambre (y algunos enfrentan hambruna) no es nada fácil. Tienen que tomar decisiones importantes, incluyendo cuándo será el momento de echar mano a sus reservas en efectivo (en este momento se estima que rondaría los 500 millones de dólares) o flexibilizar las regulaciones del Fair Play Financiero (esto ni siquiera hay que pensarlo para mí). Lo van a hacer contra un trasfondo más amplio de cada institución, desde las ligas domésticas hasta la FIFA, haciendo cada uno su parte. Para los clubes más chicos, habrá cuestiones de movimientos en dinero efectivo más inmediatas. En Inglaterra, Barnet ha despedido a todo su personal que no sea jugador. Puede que otros sigan este camino, y en parte eso se debe a que muchos clubes (quizá demasiados) viven semana a semana, y cuando cortas su medio de ingreso más inmediato – las ganancias por las entradas -- corren el riesgo de desmoronarse.

"Sabemos cómo se manejan los clubes", dijo el secretario general de FIFPro, Jonas Baer-Hoffmann. "No hay muchas reservas sobre los cuales los clubes se puedan recostar. Si no respondemos con rapidez para estabilizar el movimiento de caja de los clubes, vamos a tener un problema masivo de liquidez. Necesitamos pensar en un sistema en el que el fútbol se pueda ayudar a sí mismo.

El problema es que el mundo del fútbol es competitivo por naturaleza. La semana pasada, Hans-Joachim Watzke, máximo dirigente de Borussia Dortmund, fue muy directo: "Al final del día, los clubes que hicieron el esfuerzo de ahorrar un poco de dinero estos últimos años no pueden recompensar a los que no... Estamos manejando un negocio en un mercado, y somos competencia".

Puede que suene como el Grinch, y algunos recordarán que hace poco más de una década su club estuvo al borde de la quiebra y recibió ayuda de rivales como Bayern Munich. Pero eso no quiere decir que no tenga un punto. Cualquier rescate, sea el pago anticipado de los derechos de televisión, beneficios fiscales o préstamos a bajo interés, debe venir con algún compromiso, empezando por la total transparencia financiera de aquí en adelante. Debe haber mucha supervisión y requisitos estrictos de liquidez y reservas. No puede ser que los propietarios saquen préstamos contra activos del club tomen otras decisiones riesgosas, como ocurrió en Bury y otros tantos clubes. La mejor manera de garantizar la supervisión es la terciarización. Así como los requisitos de liquidez y un organismo regulador con poder, y tener todos los libros en línea para que los hinchas y los medios de comunicación puedan vigilar.

Es una idea para el futuro. En este momento, la buena noticia es que los actores principales están diciendo las cosas correctas. FIFA acordó pasar el primer Mundial de Clubes de 24 equipos de 2021 a una fecha futura sin protestar. Y dijo estar abierta a revisar tanto el reglamento de pases como el calendario internacional para colaborar con esta situación de emergencia. Eso es fundamental. Sólo cabe esperar que esta diplomacia y solidaridad se desparramen hacia abajo.

No sabemos qué nos espera, ni por cuánto tiempo. Necesitamos diplomacia y altruismo, y que organismos como la FIFA, la UEFA y las ligas nacionales dejen de lado sus propios intereses. Parafraseando al célebre entrenador de los Miami Sharks, Tony D'Amato (tan célebre, que es un personaje de ficción), las instituciones que gobiernan el deporte se unirán de manera colectiva y sobrevivirán, o caerán individualmente.