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¿Es ésta la Champions del Atlético de Madrid?

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Exclusiva: 'He tenido una temporada buena y de adaptación con los compañeros' (1:10)

Héctor Herrera en exclusiva para ESPN (1:10)

LISBOA -- Desde el 24 de mayo de 2014 Diego Simeone tiene en la cabeza una ciudad: Lisboa. Y es que el destino fue muy cruel con el mejor Atlético de Madrid, posiblemente, de toda la historia.

Era un equipo conjuntado, agresivo, con individualidades que sumaban al colectivo y con las mejores versiones de jugadores como Godín, Courtois, Costa, Filipe Luis o David Villa.

Sin embargo, cuando los colchoneros acariciaban la primera Champions League de su historia, llegó un gol de Sergio Ramos para forzar una prórroga en la que, tras tanto esfuerzo, el Atleti estaba fundido.

Han sido seis años de espera, de trabajo, de sacrificio y de resultados. Seis años en los que Simeone y el Mono Burgos han luchado cada temporada por hacer habitual lo que antes era impensable: aplacar las críticas y acomodar al Atleti entre los grandes de Europa año tras año.

Y eso que está lejos de las inversiones de fichajes millonarios como los datos así lo indican. El Atleti se mantiene a flote con mejor situación económica, pero con lo justo para lo que su afición le exige: plantar cara a Real Madrid y FC Barcelona.

Y este es un año atípico. Con la marcha de varios pilares de aquel Atleti como Godín o Gabi, y con la huida de un pilar fundamental en los últimos años como es Antoine Griezmann, Simeone avisó a principio de año de que sería “un año de transición”.

Muchos se llevaron las manos a la cabeza, pero el ‘Cholo’ sabía lo que decía. Arriba, Costa no está en sus mejor momento y ya encara la cuesta hacia abajo de su carrera; Joao Félix apenas tiene experiencia internacional tras sus meses en la élite del Benfica y es un jugador que tiene un futuro tremendo, pero al que todavía hay que esperar; Thomas Partey ya es una realidad pero su crecimiento aún no es total; y casos como los de Koke, Giménez u Oblak contienen a un equipo que tiene buena pinta, pero al que hay que dejar madurar.

Por eso Simeone quiso avisar de que este Atleti dista mucho del de otros años y que los proyectos, y más en el fútbol, han de ir poco a poco. Sin embargo, hay un punto de inflexión al que todos acuden para mantener la fe en una Champions tan atípica: Anfield.

Tras eliminar al Liverpool el equipo cambió, recuperó la confianza que no se le vio en la primera vuelta y consiguió que muchos jugadores dieran el puñetazo encima de la mesa que Simeone pedía desde el inicio de la campaña.

Dos jugadores destacan sobre el resto. Yannick Carrasco, arrepentido de su marcha a China, ha vuelto con ganas de ser uno más, de sacrificarse y de aportar su grano de arena. Y Marcos Llorente, quien ha superado su momento de adaptación para destaparse como un centrocampista que se incorpora al ataque y que, además, es capaz de marcar goles imposibles para ayudar a los delanteros. Por eso, por ellos, el Atleti cree que este año todo puede ser posible.

En el viaje hacia Lisboa, según dos jugadores cuentan a ESPN, el vuelo transcurrió entre risas y un ambiente “distendido”. Distendido, pero “concienciados de que nos la jugamos porque este año es posible”.

¿Por qué? Varios testigos del vestuario se escudan en que “al Atleti le van las cosas raras, y esta final es muy rara”. Otros dicen que, “cuanto más factores hay en contra, mejor funcionamos”. Y en una final a ocho en la que los focos sólo apuntan a ellos y, en menor medida, al FC Barcelona, el Atleti no puede hacer más que darlo todo.

El vestuario es consciente de que todo lo que pase en Lisboa tiene que ser bueno. Y esta ciudad, que amanece soleada y sin nubes, le debe una a los colchoneros, es una realidad. El fútbol decidirá y Lisboa deparará. Suerte.