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Hubo suspenso hasta el final

MILAN (EFE) -- Dos goles del siempre oportunista Filippo Inzaghi y uno del ucraniano Andrei Shevchenko en los últimos instantes dieron el triunfo al Milán sobre el Lyon (3-1) y, con ello, el pase a las semifinales de la Champions League, castigando a un conjunto francés que hasta entonces fue quien se lo mereció.

El 3-1 final no puede ser tan engañoso. Y es que el Lyon fue mejor que un Milán oscuro, pero que encontró la fortuna cuando menos lo esperaba, y que solventó un partido en el que fue inferior durante gran parte del mismo, donde sufrió en exceso, pero donde se llevó un premio de gran peso económico y deportivo.

Lo contrario le pasó al Lyon de Gérard Houllier, un equipo serio, bien armado y plantado, con jugadores de notable técnica individual, y que realiza interesantes movimientos y buenísimas ayudas entre líneas. Rápido, tiene buen juego y toque, y, pese a la juventud de varios de sus integrantes, no pierde la cara ante rivales tan ilustres como el Milán, y a domicilio.

Esta noche lo volvió a evidenciar al plantear de inicio un partido sereno y tranquilo, dejando al Milán, teóricamente más ducho y experto en lides europeas, que saliese más ambicioso para, poco a poco, hacerle ver que no le asustaba "San Siro" y que le iba a hacer sufrir. Con ello, y cortando las vías de creación, impidiendo que Pirlo y Kaká jugarán con comodidad, hizo aflorar los nervios y las imprecisiones.

Así, pasado el primer cuarto de hora, el conjunto francés ya se hizo con el control y empezó a evidenciar que el meta brasileño milanista Dida no iba a tener un partido cómodo.

Además, Dida y su defensa, contribuyeron a complicarse la vida con dos fallos en el despeje que pudieron traer el gol del Lyon. Pero ni Wiltord (m.17), ni Malouda (m.19) lo supieron aprovechar. Especialmente favorable fue la última, en la que Malouda envió alto con la meta casi vacía.

Poco después, el brasileño Jouninho Pernambucano (m.22), que no jugó la ida por suspensión, empezó a evidenciar el porqué es uno de los mejores del mundo en saques directo de falta y, con un lanzamiento lejano pero potente, hizo que Dida (m.22) se hiciera perdonar de sus anteriores errores.

El Milán lo pasaba mal, se veía superado y cometía errores al estar demasiado nervioso y temeroso. Pero respiró gracias a un fallo el pase del brasileño Fred en el medio del campo, que llevó el balón a la banda izquierda del ataque milanista, donde el holandés Clarence Seedorf colocó un centro medido sobre la cabeza de Filippo Inzaghi (m.25), quien no perdonó y anotó el 1-0.

La ventaja milanista, su clasificación en esos instantes, le dio unos minutos de serenidad e, incluso, pudo en un contragolpe aumentar su ventaja. Pero duró poco el mejor tono del Milán. El Lyon se recompuso pronto, volvió a sus mejores toques y consiguió el merecido empate en acción iniciada en saque de falta de Juninho.

El brasileño, en lugar de disparar, centró sobre el área, donde se encontraban desmarcados tres de sus compañeros y, tras despeje en corto de Dida, el balón llegó a la cabeza de Diarra (m.31), quien no tuvo más que empujarlo al fondo de las redes.

Lejos de mantener hasta el descanso un 1-1 que le clasificaba, el conjunto francés terminó la primera mitad "in crescendo", buscando un segundo gol que apuntillase al Milán. Y lo pudo lograr en el minuto 39 en dos ocasiones: la primera, resuelta por Dida ante un centro-chut que se colaba; y la segunda, en remate de cabeza de Fred que envió el balón al palo derecho.

En los inicios de la segunda mitad el Milán no recuperaba ideas, con Kaká sin espacios y Shevchenko muy retrasado; y, en cambio el Lyon se reafirmaba en las suyas y seguía con un buen tono y unos notables Juninho y Malouda.

A falta de juego el Milán tuvo entonces que apelar al alma y corazón de su "bisonte" Gattuso. Un jugador rudo, pero que a base de garra, kilómetros y gestos anima a su afición y, por ende, a su equipo cuando peor lo está pasando.

Así, a rachas milanistas, el partido se niveló algo, Kaká apareció más y el brasileño Serginho obligó a Coupet a una buena intervención (m.59). Coincidía justo con el anunció del tanto del Villarreal ante el Inter, premiado por los aficionados milanistas con aplausos casi tan calurosos como anteriormente premiaron el 1-0 de su equipo.

En el minuto 71 se produjo un doble cambio que dejó claro la filosofía de cada equipo: el Milán sustituyó a Pirlo y metió a un Ambrosini más trabajador, mientras que el Lyon dio más potencia a su ataque con la entrada del gigantón noruego Carew por un agotado e interesante Fred. Curiosamente, el conjunto francés que estaba clasificado arriesgaba más.

Sin embargo, fue el Milán quien primero rozó el tanto con un remate de cabeza de Kaladze, tras saque de esquina, que sacó Wiltord (m.75) desde la misma línea de meta.

Carlo Ancelotti, técnico milanista, buscaba que el liderato y carisma de su gran capitán empujará al equipo, además de subir la posición de Serginho intentando romper por banda izquierda. Gerard Houllier respondió reforzando su lateral.

Los últimos minutos fueron de bombeo del balón por parte del Milán sobre el área del Lyon. Y encontró el inesperado premio en el minuto 89, al recoger muy en solitario Shevchenko, que disparó cruzado, el balón dio en el palo izquierdo luego en el derecho y aparecer el oportunista Filippo Inzaghi, que tocó lo justo y anotó un 2-1 que valía su peso en oro.

Luego, con el Lyon volcado en busca de lo imposible, llegó el contragolpe de Shevchenko y el 3-1 que sentenciaba. El Milán, que parecía condenado, pasa a las semifinales y el conjunto francés, dejando una mejor impresión, queda fuera. El fútbol es así.