Real Madrid y Barcelona se vuelven a enfrentar este domingo en el Santiago Bernabéu en una nueva edición del Clásico español, en la fecha 10 de LaLiga, un partido que paraliza al mundo del fútbol sin excepción. La hora de inicio será a las 12:15 (ARG, CHI, UR), 10:15 (COL, PER y EC) y estará disponible en vivo por el Plan Premium Disney+.
El partido que convoca a los dos clubes más poderosos y exitosos de España vio pasar a muchos de los mejores jugadores de la historia, y algunos de los más importantes provienen de Argentina, desde Alfredo Di Stéfano hasta Lionel Messi. Franco Mastantuono tendrá la oportunidad de sumar su nombre a una gran lista de compatriotas que han dado rendimientos memorables, y que vale la pena recordar.
Di Stéfano: el fin de la novela y el comienzo de una leyenda en Real Madrid
El pase de Alfredo Di Stéfano a Real Madrid es una historia que se ha repetido incontables veces al hablar del origen de la rivalidad con Barcelona: las negociaciones paralelas de los catalanes con River y de los madrileños con Millonarios de Colombia, los rumores de presión política, los transfers que no eran válidos, el fallido acuerdo para jugar un año en cada equipo. El drama demoró el debut de la Saeta Rubia con la camiseta blanca hasta la tercera fecha de la temporada 1953/54, pero su verdadera presentación se dio en la séptima jornada, cuando se cruzó por primera vez con el conjunto que se frustró con su traspaso.
La estrella indiscutida de LaLiga en aquel entonces era Laszlo Kubala, el delantero húngaro que había ayudado a establecer una dinastía en Barcelona con cinco títulos locales al hilo, figura indispensable en los últimos dos. La introducción de Di Stéfano se encargó de cambiar esa narrativa. Un error defensivo a los 10 minutos le otorgó el primer tanto del partido, y luego de sostener la arremetida de Barcelona, el ex-River se despertó para generar una ráfaga en el ataque merengue con dos asistencias, para terminar el primer tiempo con un 4-0 irremontable. A 7 minutos del final el número 9 se encargó de cerrar el partido con una definición precisa ante la salida del arquero. España y el mundo supieron de qué era capaz uno de los mejores jugadores de la historia.
Maradona, en Barcelona: ¿recurso o provocación?
Cuando se habla de la carrera de Diego Armando Maradona, una de las más legendarias y folclóricas de la historia del deporte, su paso por Barcelona tiende a ser un episodio de menor trascendencia, el "traspié" necesario para ascender al panteón en Napoli. Pero el 10 no podía irse de España sin dejar su huella en el partido más trascendente del país.
Su momento más brillante fue en la final de la Copa de la Liga española de 1983, una competición que duró apenas cuatro temporadas, en el Santiago Bernabéu. Era la segunda vez que se enfrentaban en una definición copera ese año, después de que Barcelona conquistara la primera de dos Copas del Rey al hilo con el Pelusa, pero faltaba lo mejor. Lobo Carrasco abrió el marcador para los Culés y a poco de empezar el segundo tiempo vio que Maradona podía escaparse libre por el centro y le dio un pase perfecto que lo dejó mano a mano con Agustín, el arquero rival. Con todo el tiempo del mundo, Diego lo dejó en el suelo con una gambeta, pero antes de definir hizo que el defensor Juan José pasase de largo y se estrellara contra el arco para coronar un gol majestuoso.
El resultado, que Real Madrid consiguió empatar y forzar a un segundo encuentro definitorio que ganó Barcelona, quedó en anécdota. Y con los años se intentó instalar que el público del Bernabéu aplaudió a Maradona por semejante demostración de clase al igual que lo hizo con Ronaldinho más de dos décadas después. En realidad, la reacción fue la contraria: el 10 tuvo que insistir que no buscó humillar a Juan José con el enganche, sino asegurar el gol. Su fútbol ya había hablado por sí solo.
Higuaín y el día que cambió silbidos por aplausos
La hinchada merengue es conocida, entre muchas cosas, por su exigencia feroz. Algunos de los máximos ídolos de Real Madrid, especialmente en su era moderna, han sido motivo de silbidos y abucheos si en las tribunas del Santiago Bernabéu no están conformes por su rendimiento o su actitud, dentro o fuera de la cancha. En 2008, un joven Gonzalo Higuaín fue una de tantas víctimas de la altísima vara de rendimiento con la camiseta blanca.
A su llegada en enero de 2007 desde River, el Pipita Higuaín tuvo un comienzo muy positivo, con goles importantes para recuperar el título de LaLiga tras 4 años de sequía, pero para la temporada siguiente quedó relegado en favor de Raúl y Ruud van Nistelrooy, y en sus cameos en el equipo de Bernd Schuster los simpatizantes perdieron la paciencia con las chances que desperdiciaba. Y se lo hicieron saber.
El argentino ingresó en el segundo tiempo y dejó su huella en el 4-1, allá por 2008.
La impaciencia no evitó que Real Madrid ganara holgadamente LaLiga 2007/08, lo que añadió un condimento extra al Clásico que se jugó en la fecha 36, con los Blancos ya campeones. El partido fue un desfile para los de Schuster, y en 20 minutos Raúl y Arjen Robben ya habían conseguido una cómoda ventaja. A Higuaín le tocó ingresar en el segundo tiempo, pero no tardó en hacerse notar. Solo dos minutos después de entrar, recibió un pase de Mahamadou Diarra, se impuso con el físico ante Carles Puyol, se tomó un segundo extra para engañar a Víctor Valdés y definió de zurda con mucha clase para el 3-0.
Al término del encuentro, con victoria por 4-1, un confiado Higuaín, que vistió de blanco durante cinco años más, dejó en claro que no se dejó llevar por los cuestionamientos y que confiaba en su juego: "Un delantero tiene el objetivo de hacer goles, aunque es difícil marcar. Lo bueno es crear ocasiones y luego tener la fortuna o no de convertir, pero lo importante es crearlas, y si entran mejor".
Messi, Barcelona y el día que cambió el fútbol mundial
Hay un Lionel Messi antes del 2-6 y un Lionel Messi después del 2-6. Cuando comenzó su carrera en Barcelona como un extremo derecho invertido con una gambeta furiosa, era evidente que el rosarino tenía un futuro entre los grandes futbolistas del mundo. Pero una decisión de Pep Guardiola provocó que se dejara de comparar al 10 con sus contemporáneos y se pasase a ubicarlo entre los mejores de la historia.
Aquel Barcelona ya había dado varias muestras de su calidad a lo largo de esa temporada 2008/09, y demostraría su obra maestra ante Real Madrid en el Bernabéu. Allí, Guardiola identificó que podía desarticular la zaga de Fabio Cannavaro y Christoph Metzelder con un esquema sin un delantero de referencia, y ubicó a Messi por el centro, en el espacio entre ellos y el mediocampo. Como resultado, Leo hizo estragos en la defensa madrileña.
Tras un arranque de ida y vuelta, el número 10 fue indetectable para los jugadores locales, desorientados por verlo a él centrado y a Samuel Eto'o sobre la derecha, y ofreció un show memorable. El saldo final fueron dos goles con definiciones típicas suyas, bien colocadas abajo y poniendo a prueba el tiempo de Iker Casillas, y dos asistencias perfectas para Thierry Henry, para firmar una goleada de visitante que los hinchas blaugranas, y el mundo, jamás olvidarían. Y durante la siguiente década, las defensas rivales sufrieron al Messi en versión falso 9 de la misma manera que Cannavaro y Metzelder, una y otra vez.
Di María y el antídoto de Real Madrid al guardiolismo
El dominio de aquel Barcelona de Messi y Guardiola pareció inquebrantable durante sus primeros años, pero al poco tiempo emergió el único entrenador capaz de someter al mejor equipo del mundo: José Mourinho. Real Madrid prestó atención a la épica de su Inter para vencer a los culés y asegurar un histórico triplete, y lo contrató con la misión de repetir la historia en España. Para ello pidió refuerzos de máximo nivel, y pocos mostraron más calidad que Ángel Di María.
¿Cómo llegó Mourinho a nivelar el terreno con Pep? Lo contó el propio Di María en una entrevista con Clank!: “La única manera de ganarle a ese Barcelona era pegando, metiendo y corriendo más que ellos. Y eso llevó de alguna manera a que se caguen a piñas dentro de la cancha".
Esa tensión llegó a su pico en la final de la Copa del Rey 2011, en la que Real Madrid se aseguró que nadie en el equipo blaugrana se sintiera cómodo en lo más mínimo. Pero el juego agresivo sin pelota era solo una parte del plan para conseguir el triunfo; Di María y Cristiano Ronaldo tenían la responsabilidad total del ataque blanco. Y fueron ellos quienes combinaron de gran manera para el único gol del partido, con un centro perfecto del argentino al portugués en el 13° minuto del tiempo extra, para desatar la locura madrileña.
La labor del Fideo Di María no había terminado ahí, y tampoco le esquivó al juego "sucio". Sobre el final del partido se vio obligado a frenar un contraataque de Messi, su compañero y amigo de la Selección Argentina, con una fuerte falta que le valió la tarjeta roja. Así lo recordó: "Lo levanté y le dije: ‘Perdón, enano, pero si no te bajaba nos podían hacer el gol’. No me quedaba otra opción".
A pesar de la rica historia de futbolistas argentinos en ambas veredas del Clásico, ningún futbolista de esta nacionalidad dijo presente en el cruce desde que Sergio Agüero se despidió prematuramente del fútbol profesional cuando convirtió el descuento en la derrota de Barcelona por 2-1, allá por 2021. La incorporación de Mastantuono por parte de Real Madrid representará el regreso del país sudamericano al partido más paralizante del fútbol europeo. El sueño será dejar su propia impronta, como hicieron tantos otros antes que él.
