Vinícius Jr festejó con toda la arrogancia que es capaz de desplegar su ego. Sí, eso molesta, provoca, pero no justifica extremos de racismo
LOS ÁNGELES -- Vinícius Júnior ha protagonizado, presuntamente, un nuevo episodio de discriminación en la cancha. El argentino Gianluca Prestianni, incapaz de confrontarlo con el balón, lo habría confrontado procazmente con expresiones racistas.
“El deporte es el esperanto (idioma universal) de todas las razas”, escribió el francés Jean Giraudoux antes de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, una competencia que es efemérides de un parteaguas histórico, con Jesse Owens ultrajando con gallardía y tersura al imperio del odio del nazismo y a la tiranía racista de Adolfo Hitler.
Sí, el deporte, en especial el futbol, al ser la disciplina más vista y practicada en el mundo, debería ser el esperanto multiétnico. Pero, no lo es. Acaso, gravemente, por el contrario, se convierte, en ocasiones, en el coliseo universal del odio, del intento de sobajar al adversario.
El Benfica defiende a su jugador y el Real Madrid respalda al suyo. Gianni Infantino se indigna en redes sociales y condena el acto racista, pero se exhibe ciego, torpe, hipócrita, por ejemplo, pues no parece enterarse de lo que ocurre en Minnesota y California, en el país que es principal anfitrión de la Copa del Mundo.
Así como no ha sido la primera, Vinícius Jr sabe que tampoco será la última vez que soporte, desde la enardecida y primitiva tribuna, o desde el volcán rencoroso de la garganta de un adversario, este tipo de manifestaciones. Y que sepa que así es, que así será, sólo hace más lúgubre el entorno.
Como ser humano, Vini nunca merecería algo así, aunque como futbolista a veces, premeditadamente, lo provoque. Pero si acaso perpetra desmanes por un pobre espíritu competitivo, que la sanción venga del reglamento y no de las bestias atormentadas del graderío o del rival. Estrictamente.
Vinícius Jr es un futbolista excepcional. Entra en la pléyade de los privilegiados del balompié actual. Ante Benfica dibujó una parábola exquisita que sacudió la lista de adjetivos y que dio la victoria al Real Madrid. Y después festejó con toda la arrogancia y la soberbia que es capaz de desplegar su ego. Sí, eso molesta, confronta, provoca, pero no justifica ni tolera extremos deleznables de racismo.
Cierto, es un tipo que siembra vientos para cosechar tormentas. Y Prestianni no tiene argumentos futbolísticos para silenciarlo por ese festejo, y la turba, la marabunta de esta y otras tribunas, no tiene la capacidad de una retaliación, como no sea, lamentablemente, el despreciable insulto. Incapaces de defenderse como seres humanos, recurren a sonidos guturales de su primitivismo.
Parafraseando a Giraudoux, el futbol debería ser el esperanto de todas las razas. Debería, sí. Pero, no es culpa del futbol. “El odio entre las razas no forma parte de la naturaleza humana; más bien es el abandono de la naturaleza humana”, dijo Orson Welles.
Probablemente la FIFA, Infantino, pues, sin voltear a Minnesota o California, tratará de fundamentar un precedente con Prestianni. Y tal vez lo consiga... o tal vez sólo prohíje estos comportamientos. En el conflicto entre sus neuronas y sus intereses, Infantino elegirá no equivocarse: privilegiará sus intereses.
Aquí, se ha cuestionado al resto de futbolistas afrodescendientes. Vinícius Jr puede abandonar la cancha, pero, y sus compañeros, también afrodescendientes, porqué sólo lo contemplan o al menos le aplauden. La rapiña racista sobre Vini, ¿no es también contra sus genes, contra ellos, contra sus familiares? Y por qué protesta un solo hombre cuando hay un universo herido.
Nadie, en el tema del racismo, la discriminación o el clasismo, es una isla. Y no se trata de compasión hacia Vini, sino de comprensión general de un problema general que enluta la sensibilidad humana.
En un estimado no oficial, en ligas europeas, hay entre un 20 ó 25 por ciento de futbolistas afrodescendientes, en promedio. Muchos de ellos, determinantes en sus equipos. Por eso, no se trata de que Vinicius Jr alce la voz ante los corifeos del odio, sino, también de una solidaridad absoluta, no sólo al compañero de profesión, sino al ser humano.
Sí, adaptando y adoptando la reflexión de Giraudoux, el futbol debería ser el esperanto de todas las razas. ¡Qué lejos estamos de que eso ocurra!
