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Las verdaderas razones de la suspensión del Barcelona-Real Madrid

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¿Por qué jugar el 18 de diciembre? (2:32)

Manu Martín tiene todos los detalles del cambio de fecha del Clásico en LaLiga (2:32)

Las noticias se dieron a conocer mientras Lionel Messi recibía su sexta Bota de Oro. En un rincón de un salón de la antigua cervecería Damm de Barcelona, se reunía un pequeño grupo, preguntándose que vendría después y qué harían al respecto: empleados, directivos y el presidente del FC Barcelona. Del otro lado de la puerta, Messi y sus compañeros Luis Suarez y Jordi Alba probablemente no han escuchado nada, pero lo harían muy pronto. La Liga acababa de enviar una nota a la Federación pidiendo que intercambiaran las sedes de los próximos Clásicos. Dentro de diez días, el Barça no jugaría contra el Real Madrid en el Camp Nou, después de todo. Lo harían en el Santiago Bernabéu.

Al menos, esa era la propuesta. Después de todo, no jugarán. Al menos, no hasta el 18 de diciembre, de acuerdo con la propuesta de los clubes; o sea, hasta dentro de siete semanas. Asumiendo que en esa fecha se podrá jugar. Justo cuando habían llegado a un acuerdo, con los clubes consiguiendo una solución entre ellos, la liga cuestionó su pacto y la armonía volvió a romperse.

¿Cómo llegamos hasta aquí?

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"No tiene sentido", expresó alguien en un rincón, cuando se dio a conocer la propuesta inicial. ¿Cambiar las sedes de los clásicos? ¿A estas alturas de la temporada? No sean necios. Ya se hizo el sorteo, el calendario está listo (bueno, está listo tal y como se puede programar en España). ¿Cómo se pueden cambiar las sedes? No hay forma de que el Barcelona acepte algo así. A final de cuentas, no había forma de que el Madrid lo aceptara tampoco. En esas primeras etapas, de aquel lado había sonrisas, como si esto fuera algo que no podían tomar en serio. ¿Por qué no jugar el Clásico tal como se había planeado, el 26 de octubre a la 1 p.m. hora local?, era la pregunta que se hacían.

En esa misma noche, se dio a entender parte de la respuesta, aunque no toda: se producía una tercera noche de disturbios, con confrontaciones e incendios en las calles de Barcelona. Se dispararon perdigones. A las afueras de la cervecería Damm, mientras los directivos del Barcelona proseguían sus discusiones, se habían obstruido varias vías. Varias partes de la estación de trenes fueron bloqueadas, con fuerte presencia policial. Se producían manifestaciones. El día anterior, Ivan Rakitic había sido uno de los muchos viajeros que aterrizaron en el aeropuerto para encontrarse con multitudes, protestas y funcionarios policiales; algunos de los pasajeros estaban atascados adentro, otros a las afueras. El transporte se encontraba paralizado, con las personas y automóviles imposibilitadas de llegar a la terminal. Se dio a conocer una foto de Rakitic bajando una pasarela, rodando un carrito que estaba a sus espaldas.

Se ha dicho incesantemente que el deporte no debe interferir con la política, pidiéndosele a los atletas que se mantengan en su lugar, como si ser futbolista te hiciera menos ciudadano. No se hacen tantas advertencias cuando la política interfiere con el deporte.

El pasado lunes, el Tribunal Supremo de España sentenció a nueve líderes políticos independentistas catalanes a prisión, con condenas que van desde los 9 hasta 11 años por haber formado parte de un referéndum para decidir la independencia de Cataluña, que terminó siendo declarado ilegal, además de los esfuerzos generales en busca de la independencia. Se produjeron protestas, como era lo más probable. El comunicado del FC Barcelona, publicado inmediatamente después de la sentencia, expresaba que las condenas a prisión no eran la solución. Muchos respondieron diciendo que no se debía mezclar la política y el deporte; algunos expresaron su indignación por la declaración del Barcelona. Pero Gerard Piqué expresó sentirse orgulloso de su club. Pep Guardiola y Xavi Hernández fueron dos de las personalidades que dieron a conocer su opinión. El Barcelona canceló todos los eventos oficiales del club.

Se acercaba el Clásico. No era el próximo partido (el Barça visitará este domingo al Éibar). Sería el siguiente encuentro como local. Y no es cualquier partido, es el Clásico: el partido más importante del fútbol español, el partido entre clubes más grande del mundo, que había sido reprogramado a la 1 de la tarde para así llegar a la mayor cantidad posible de hogares en todos los mercados televisivos del mundo, para así demostrar lo mejor que tiene este país y su fútbol.

El Clásico español quizás ya sea el encuentro con mayor carga política en el fútbol de clubes, que iba a ser celebrado en un estadio lleno de mensajes políticos; donde suenan cánticos por la independencia en el minuto 17 y el segundo 14 de ambos tiempos; donde el partido contra Las Palmas fue disputado sin público luego de los disturbios causados por la celebración del referéndum el 1 de octubre de 2017, el mismo donde ha sido desplegada una pancarta gigantesca que expresa que solo las dictaduras aprisionan a los líderes políticos. Ahora, el Tribunal había sentenciado a estos líderes a prisión.

Antes de la celebración de un Clásico hace pocos años, un diario español tituló: "¿Es sólo fútbol?" Sabían bien que este partido no ha sido jamás una mera cuestión futbolística. En esta ocasión, sería mucho más, considerando el contexto. El Clásico del próximo sábado podría demostrar ser incluso más importante que las ediciones anteriores, con el ruido de fondo más sonoro que nunca.

Esa era precisamente una de las cosas que preocupaban a Javier Tebas, presidente de La Liga. Tebas, quien profesa su ideología política de derechas, miembro del partido Fuerza Nueva cuando era joven (y que actualmente milita en la formación política VOX), ha declarado en reiteradas ocasiones del rol que juega el Fútbol Español como deporte al servicio de la nación. Tebas ha expresado frecuentemente cómo el balompié sirve como plataforma de la "Marca España"; o sea, el rol del fútbol como embajador de su país. En medio de todo este clima tenso, el Clásico, el partido más visto de todos, podría convertirse en escenario para las protestas, en una plataforma para los independentistas, un megáfono para la causa de la independencia catalana y que aprovecharían gustosos, para así enviar una imagen alrededor del mundo. La liga no quería algo así y menos el gobierno español.

Por encima de todo, está el tema de la seguridad, según indica La Liga. Su petición de cambiar de sede el partido estaba motivada por "circunstancias excepcionales que van más allá de nuestro control". Se había convocado una manifestación para el 26 de octubre, fecha del Clásico. Se bloquearían vías, habría fuerte presencia policial y los recursos de las fuerzas de seguridad serían objeto de una exigente prueba. ¿Podría asumirlo el estadio? ¿Y la ciudad? El Real Madrid estaría en Barcelona no solo en la fecha del partido, llegando en la noche anterior. Sus hinchas también estarían presentes. Es cierto que no serían muchos (nunca hay tantos en los Clásicos, tristemente), pero algunos sí estarían dispuestos a hacer el viaje, al igual que muchos aficionados al fútbol provenientes de todas partes del mundo, emocionados ante la posibilidad de vivir una experiencia única en la vida. Los posibles viajeros quedarían en una situación de inseguridad y distintas molestias. Por el contrario, ahora se lo perderán. El Barcelona devolverá lo recaudado por venta de boletos; pero los gastos de avión, tren y hoteles representan algo completamente distinto.

Un representante de la policía de Barcelona, los Mossos d'Squadra, expresó que creía que su organismo podía garantizar la seguridad. La alcaldesa de la ciudad pensó que era mejor mantener la normalidad. Hay otros eventos pautados para este fin de semana y es cierto que se han celebrado distintas competencias deportivas en el pasado en circunstancias sumamente complicadas. El ministro del interior en funciones de España, Fernando Grande-Marlaska, negó que el gobierno extendiera peticiones de aplazar el partido, afirmando que en lo que respecta a la seguridad, podían garantizar la celebración de este. Ernesto Valverde, DT del Barcelona, consideró la situación como "una oportunidad para demostrar que se respeta al rival, que, dentro de unas normas mínimas de civismo, se puede funcionar. Es una oportunidad de eliminar a los agoreros". El Barcelona expresó su "confianza absoluta en la actitud cívica y pacífica" de su afición, "que siempre se expresa en el Camp Nou de manera ejemplar".

Lo cual, dependiendo del punto de vista de cada uno, es debatible. Pero, de todos modos, ¿vale la pena asumir el riesgo, cualquiera que sea? La situación no era normal.

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1:52

Un enfático Guardiola pide ayuda a toda Europa para Cataluña

El técnico del Manchester City fue tajante acerca de la necesidad de apoyo internacional para resolver el conflicto político que se vive en su país y aprovechó para refirmar su posición al respecto.

La petición de la liga fue enviada a la federación, que la sometió a la evaluación del Comité de Competición. El Comité, conformado por tres personas (un funcionario de La Liga, uno de la federación y un independiente) rechazaron la idea de cambiar de sede, pero sí querían una solución y no deseaban que se jugara el partido el próximo sábado en el Camp Nou. Se sostuvieron conversaciones a nivel informal, dándole a los clubes un plazo para responder por escrito hasta el lunes, fecha límite a la cual se adelantaron. La decisión recaería en el Comité, dijeron todos, excepto que ese no fue el caso: el Comité devolvió la pelota. Serían el Madrid y el Barcelona los que tomarían la decisión.

Durante la mañana del viernes, se anunció oficialmente la suspensión del Clásico. No se jugaría el 26 de octubre. Se les dio a los clubes un plazo hasta el lunes a las 10 a.m, hora local, para acordar una nueva fecha alterna. De no poder hacerlo, el Comité tomaría una decisión. El técnico del Real Madrid Zinedine Zidane aún no sabía que podría suceder a la hora de comparecer con los medios de comunicación. "Jugaremos el Clásico cuando nos digan", expresó.

Realmente, no había una solución optima; por eso, todos esperaban que optaran por la menos mala. No es cosa fácil. La preferencia inicial de los clubes y la Federación (y por ello, era la solución más probable) era jugar en el Camp Nou el miércoles 18 de diciembre.

La Liga no estaba contenta. Eso significa que habrá que jugar un miércoles, fecha laborable, lo cual implica no poder programar el encuentro para la 1 p.m. hora local. Eso significaba también una caída en las audiencias televisivas, al menos en teoría; siendo cierto a nivel internacional. Se habían firmado contratos bajo ciertas condiciones que ahora eran imposibles de cumplir. La Liga había elegido la hora del pitazo inicial cuidadosamente para los televidentes fuera de España; dedicando la hora de inicio de un Clásico al mercado asiático y otro a la audiencia en América, buscando que ambos quedaran en los horarios estelares de esos continentes: a criterio de Tebas, sería una ventana para que la Marca España llegara a ambos lados del globo terráqueo. Este sería el Clásico destinado a los televidentes en Asia, pero ese ya no sería el caso. Jugar el 18 de diciembre implica que Asia no tendría su Clásico, que la Marca España ya no se proyectaría hacia el Oriente. (Tampoco lo podría hacer la Marca Cataluña)

La Liga buscaba agendar el partido para el sábado 7 de diciembre, lo cual tendría como consecuencia reprogramar los encuentros Barcelona-Mallorca y Madrid-Espanyol, originalmente pautados para ese fin de semana; por ende, resolvería un problema creando otros dos.

No obstante, en la tarde del viernes, el Madrid anunció que había llegado a un acuerdo con el Barcelona para disputar el partido el 18 de diciembre; lo cual debería ser el capítulo final de la saga y podría servir como ejemplo a seguir para otras partes distintas al fútbol.

Quizás, después de todo, el deporte debería involucrarse en la política.