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El Espanyol vuelve a Primera División

Vicente Moreno y su equipo amarraron el ascenso este sábado. EPA

Casualidades que a veces son irónicas, el mismo sábado que el Barcelona se dejó un terrible empate en el Camp Nou ante el Atlético de Madrid que poco menos le dejó descartado para luchar por el título de Liga, el Espanyol ascendió a Primera División. Al cabo de diez meses exactos desde el día en que descendió, el equipo periquito, gracias a un empate en el campo del Zaragoza, logró matemáticamente el ascenso con cuatro jornadas de adelanto.

El equipo periquito que dirigió entre 2012 y 2014 Javier Aguirre y en el que jugaron los mexicanos Germán Villa (1998-1999), Francisco Palencia (2001-2002), Diego Reyes (2016-17) y, por encima de todos, Héctor Moreno (2011-2015) dominó casi absolutamente toda la temporada en la categoría y disfrutó del premio que tenía como único objetivo desde que comenzó el curso.

Su quinta aventura por el infierno de la Segunda División la solventó con una superioridad que no disfrutó en las cuatro anteriores (la última en 1994), manteniéndose en 34 de las 38 jornadas disputadas hasta el momento en puestos de ascenso y siendo líder en 21 de ellas, las últimas siete consecutivas gracias a una racha de 16 partidos sin perder y disparándose en la clasificación a partir de mediados de marzo, cuando un 4-0 sobre el Logroñés dio paso a siete victorias en nueve encuentros que ya fueron definitivos para sellar el ansiado ascenso.

Los 22 goles de Raúl de Tomás (el fichaje más caro de la historia del club en enero de 2020) fueron fundamentales para catapultar al Espanyol como equipo más realizador de la categoría (66 goles), además de ser el menos goleado, firme en defensa y perfecto en la organización que puso en práctica Vicente Moreno para convertirse desde el comienzo de la temporada en el máximo aspirante a lograr el retorno a Primera.

"Siento una gran alegría, un alivio enorme. Mucha felicidad por los jugadores, por la gente del club... tenían la sensación de haber fallado y el poder recuperar el sitio donde tiene que estar el Espanyol" proclamó el técnico blanquiazul, quien llegó al club al comienzo de esta campaña y devolviendo la tranquilidad a un vestuario por el que pasaron hasta cuatro entrenadores (Gallego, Machín, Abelardo y Rufete) el último curso.

El 10 de julio de 2020, en la jornada 35 de Primera División, el Espanyol fue derrotado en el Camp Nou por el Barça (1-0, gol de Suárez) y confirmó, con cuatro jornadas de adelanto, su descenso a Segunda. Lo hizo, colista, con sus peores números de la historia (cinco victorias, diez empates y 23 derrotas) sumido en la mayor de las depresiones y temiendo sumar su nombre al de equipos habituados a Primera y que tras perder la categoría no han vuelto a ella.

Clubes como el Zaragoza, el Sporting de Gijón, Málaga, Oviedo o Tenerife que no han logrado regresar a la élite. O, peor aún, como el Deportivo de La Coruña, Racing de Santander o Córdoba que malviven en la 2ª División B, alguno de ellos cercano a la desaparición. Verse abocado a una situación de ese calibre se temía alrededor del Espanyol.

Pero un excelente inicio de curso con siete victorias, dos empates y una derrota en las primeras jornadas ya le catapultó a los primeros puestos que apenas abandonaría, sobreviviendo a la crisis de enero (tres derrotas y un empate en cinco fechas) y recuperando un pulso que ya se disparó a partir de marzo para sentenciar un ascenso que, viéndose claro desde hace semanas, resolvió finalmente este sábado.