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Cumbre UEFA: Se esperan las soluciones "menos malas" mientras el fútbol trata de descifrar su futuro

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Se espera un plan "menos malo" tras la cumbre de la UEFA

No podemos esperar que los miembros de la UEFA definan en la cumbre a celebrarse este martes una solución satisfactoria para todos y que resuelva el caos provocado por la pandemia del Coronavirus.

Lo mejor que podemos aspirar es la conformación de un plan "menos malo" que permita la continuación de los torneos europeos y ligas locales, que se encuentran suspendidas virtualmente en su totalidad, definiendo alguna especie de conclusión aceptada en líneas generales. Si la epidemia nos lo permite, claro está.

En estos momentos, no contamos con una fecha definitiva de "regreso a la normalidad". Podría ser en cuestión de un mes, podría ser en junio próximo, incluso más allá. Por ello, independientemente del camino que decidan emprender (y lo más probable es que resuelvan emprender un rumbo, en vez de tomar una decisión definitiva e inmediata) dependerá de si esta epidemia logra controlarse, al menos, hasta un punto que nos permita jugar a puerta cerrada con una sensación razonable de seguridad.

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La UEFA estará sometida a una tonelada de presión para posponer la Eurocopa 2020, actualmente pautada para inaugurarse este 12 de junio. De hecho, cuesta pensar en un solo miembro que no lo desee. Los clubes y ligas querrán contar con cierto tiempo que les permita finalizar sus temporadas, bien sea jugando las fechas restantes (lo cual implica un lapso de entre 9 y 13 partidos para las "Cinco Grandes" ligas de Europa), o diseñar alguna especie de calendario reducido o un formato de playoffs. Si se ven obligados a terminarlo todo para finales de mayo, virtualmente no existe probabilidad de que todos reciban luz verde para jugar. Si la ventana se extiende hasta finales de junio, creen que sí existe una oportunidad para luchar.

A estas alturas, la UEFA también tiene interés en reprogramar la Eurocopa. Los octavos de final, tanto de Champions League como Europa League, no han podido completarse, con otras tres rondas por disputar después de ello, incluyendo las respectivas finales.

¿Podría extenderse la temporada 2019-20 más allá de junio? ¿Llevarla, digamos, hasta julio, agosto, o incluso septiembre? En teoría: sí, pero esta hipótesis abriría otra gigantesca caja de Pandora. Para comenzar, cualquier jugador cuyo contrato finalice tras el final del torneo, se convertirá en agente libre para el 30 de junio. Esa es, típicamente, la fecha de vencimiento de los contratos de los jugadores todos los años y lo más crucial, es el día cuando también expiran las pólizas de seguro y contratos de patrocinio.

¿Se puede manejar esta situación? Obviamente. Pero eso implicará una fuerte labor para los abogados y agentes. Adicionalmente, si asumimos que los distintos países reciben luz verde para jugar en momentos diferentes, terminaríamos con un desastre para la próxima temporada en lo que respecta a torneos paneuropeos; cuyas rondas eliminatorias, por cierto, arrancarían a mediados de julio. En otras palabras: o recortamos esta campaña o lo hacemos en la próxima, o simplemente, debemos adaptarnos a esta situación durante varios años. No hay escapatoria.

En consecuencia: reprogramamos la Eurocopa 2020 (hablaremos de ello en el próximo segmento) y, obviamente, también debemos darle fecha nueva a la final de Champions, porque no hay manera de que todo esté listo para el 30 de mayo. Pero sigue latente el problema de acumulación de fechas por jugar. Si, por ejemplo, el Manchester City clasifica a ambas finales de Champions League y FA Cup, de alguna manera deberán disputar 21 partidos entre el 01 de mayo (asumiendo que tendrían autorización para jugar en esa fecha tan temprana, lo que sería el mejor escenario realista) y el 30 de junio. Esa sería una carga de trabajo absolutamente brutal para los futbolistas.

Todo lo anterior implica que las partes involucradas deberán hacer concesiones. Hay que reducir el calendario de la Champions, quizás para disputar partidos de eliminación directa en canchas neutrales, seguidos por, de acuerdo con la sugerencia de algunos, una "Final Four" en la sede de la final de Champions League. Lo anterior eliminaría la necesidad de jugar dos encuentros; en consecuencia, la FA y Premier League necesitarían hacer el resto, bien sea cancelando la FA Cup o, en vez de jugar todas las fechas restante, diseñar una especie de sistema de playoffs, en el cual la tabla de posiciones se divida en mini ligas y se traslade alguna proporción de los puntos actuales.

¿Cómo podría funcionar lo anterior? La liga de Bélgica podría servirnos de inspiración. Algunos equipos disputan una "mini liga" para decidir el campeón y la mayoría de los puestos para clasificar a competiciones europeas. Otros clubes podrían participar en una mini liga para definir el último puesto clasificatorio para los torneos continentales mientras que el resto lucharía para definir el descenso. No es una situación perfecta (lejos de ello) y se necesitaría contar con una asamblea llena de genios que decida cómo hacerlo de la forma más equitativa posible.

Sin embargo, es una posibilidad muchísimo mejor que las alternativas restantes: la primera es declarar finalizada la temporada, con una tabla de posiciones definitiva tras la última ronda de partidos completada o no jugar en absoluto. O bien se podría declarar desierto el torneo, sin asignar títulos ni descensos (lo que, por supuesto, también implicaría cero ascensos; a menos que se promueva a los mejores equipos de segunda división para expandir el grupo de clubes que juegan en primera, lo cual sería otra mala idea). Para otras ligas, la historia sería similar.

Definir la situación en ámbito de liga (si cuentan con tiempo suficiente) es competencia de cada país. La UEFA sólo puede ofrecer un plazo para posibilitar la concreción del torneo, que también permita la conclusión de la Champions League. Claro que, todo depende de que la epidemia así lo permita.

¿Podrán la FIFA y la UEFA resolver sus conflictos?

Si no se puede jugar la Eurocopa 2020 en junio, ¿entonces qué hacer?

Su cancelación, tal como lo han sugerido algunos, parece una idea absurda. La UEFA proyecta que este torneo podría generarle ganancias financieras cercanas a los 2 mil millones de Euros ($2.2 mil millones) y cancelar un torneo de esta talla no sólo implica una reducción sustancial de ingresos; también implicaría una importante cantidad de costos e inversiones imposibles de recuperar. También vale la pena mencionar que, cuando decimos que la UEFA "gana dinero", la vasta mayoría de ese dinero fluye hasta terminar en los cofres de las federaciones miembros, tanto las participantes en el torneo (premios en metálico) como aquellas que no logran clasificar (en forma de pagos solidarios).

La solución obvia, planteada por muchos, es celebrar la Eurocopa durante el verano de 2021. Nuevamente, aquí nos referimos a las opciones "menos malas", porque ya contamos con eventos programados para esas fechas. Tenemos en agenda el "Final Four" de la UEFA Nations League, eliminatorias mundialistas y la primera edición del nuevo formato del Mundial de Clubes FIFA, con una terna de 24 equipos, a disputarse en China con la presencia de ocho clubes europeos. En el horizonte también está el campeonato femenino de Europa, que coincidiría por espacio de una semana si trasladamos la Eurocopa masculina 2020 y se celebra durante las mismas fechas, pero al verano siguiente.

Podríamos reprogramar la Eurocopa femenina para el verano de 2022 y, de hecho, tendría mayor sentido, tomando en cuenta que no existen competiciones masculinas internacionales de relevancia pautadas para esa fecha, porque el Mundial de Catar 2022 se celebrará en el invierno. Esto implica algunos temas logísticos, aunque al mismo tiempo, haría que la competencia sea más lucrativa en lo financiero y le ayudaría a acaparar mayor atención mediática, mucho más que si el torneo de damas se viera obligado a jugar sus partidos eliminatorios decisivos y fase de grupos al mismo tiempo que la Eurocopa masculina.

Reprogramar las eliminatorias mundialistas y el Final Four de la Nations League es tarea difícil, pero se puede lograr. Por otro lado, el Mundial de Clubes sí requerirá de serias negociaciones con la FIFA. A primera vista, se trata de un torneo nuevo sin historial; por ello, simplemente sería más fácil no celebrarlo. No obstante, este nuevo formato del otrora llamado "Mundialito de Clubes" ha sido uno de los pilares fundamentales de la actual gestión de la FIFA y su presidente Gianni Infantino, quien lo considera una plataforma clave para el crecimiento del fútbol (y sus ingresos económicos) a nivel mundial. Asimismo, el nuevo Mundial de Clubes ha causado choques entre la FIFA y la UEFA porque, como es obvio, el principal generador de ingresos del nuevo torneo sería la presencia de los ocho clubes europeos.

Y es precisamente este aspecto el que exige apelar al sentido común de Infantino y su contraparte, el presidente de la UEFA Aleksander Ceferin, aspirando a que sean capaces de apartar sus diferencias personales. Asimismo, hay que hacer un llamado a los poderosos clubes europeos. Aún no se ha confirmado firmemente los criterios de clasificación al nuevo Mundial de Clubes; pero en principio, serían elegidos en base a los resultados de años anteriores. Entonces, podríamos esperar la presencia del Real Madrid y el Liverpool como ganadores de las ediciones más recientes de la Champions, aparte de los sospechosos habituales entre los súper clubes. Son precisamente esas organizaciones las que tienen el poder de inclinar la balanza a su favor, debido a que la presencia de sus jugadores en la Eurocopa hace que el torneo cobre valor y renombre y la presencia de sus marcas en el Mundial de Clubes le confiere mayor jerarquía. Si llega la hora de sentarse a la mesa, ojalá sean capaces de poner a un lado sus ganancias y ventajas personales, con el objetivo de llegar a un consenso.

También contamos con dos tentativos problemas de programación. Por una parte, existe la posibilidad de jugar en fechas que coincidan con la Copa Africana de Naciones, pautada entre el 9 de enero y el 6 de febrero de 2021. Varias ligas locales se encontrarían en pleno receso invernal durante una parte o la totalidad de ese periodo y obviamente que la ausencia de muchos futbolistas africanos reduciría los inconvenientes. Si nos decidimos por esa ruta, es probable que se necesite reemplazar algunas sedes: la temperatura máxima promedio de San Petersburgo en el mes de enero va mucho más allá del punto de congelación.

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Otra posibilidad sería, simplemente, cancelar la Nations League y jugar la Eurocopa durante el transcurso de la temporada. Hay espacio para disputar seis compromisos internacionales en tres fechas FIFA apartadas para la Nations League durante los meses de septiembre, octubre y noviembre de 2020: se podrían utilizar en principio para un amistoso de preparación, los encuentros de fase de grupos y las dos primeras etapas de eliminación. Y por supuesto, el espacio que ocuparía la final de la Nations League en junio de 2021 podría ser asumido por la semifinal y finales.

Claro que esto implicaría cancelar la Nations League, aunque quizás se podría disputar una versión reducida con las 31 selecciones que no clasificaron para la Eurocopa. Y probablemente podríamos aumentar la terna de países presentes con los equipos eliminados en la fase de grupos de noviembre pasado. Esto causaría el menor trastorno posible a las ligas locales y evitaría conflictos con la FIFA y la Eurocopa femenina.

También implicaría que la UEFA canibalizaría una de sus competiciones propias y contaría con menores ganancias, lo cual significa que las federaciones recibirían menos ingresos. Pero alguien tiene que ceder.

No existe una política "talla única" para la conclusión de las ligas europeas

Y, ¿qué se dice sobre el riesgo del cual nadie quiere hablar? O sea, la posibilidad de no poder jugar al fútbol hasta después del 30 de junio, ni siquiera en la forma de un formato reducido de playoffs.

Creeríamos que la UEFA no tendría otra opción sino declarar desiertas las temporadas de Europa League y Champions League, mientras se dedican a resolver asuntos relativamente triviales, tales como coeficientes y temas similares. Mientras tanto, las ligas locales se verían obligadas a sopesar decisiones difíciles.

Muchos lo ven como un asunto de "blanco y negro": por un lado, se tomaría en cuenta la tabla de posiciones de liga más reciente como la definitiva; por el otro, se anularía el torneo por completo (en consecuencia, no se producirían ascensos ni descensos). Sin embargo, no es necesario optar por uno de estos escenarios probables. Debemos tener en cuenta que los precedentes no importan mucho y que tanto ligas como federaciones pueden hacer lo que consideren en sus mejores intereses.

En algunos casos, esto implicaría proclamar equipos campeones (el obvio ejemplo es el caso del Liverpool); en otros, sería declarar la temporada desierta. En otras circunstancias, sigue siendo necesario encerrar a un grupo de personas dentro de un salón para que decidan una fórmula viable. Si esto implica descender a algún club, hay que confiar entonces en su mejor criterio y pasar a negociar una compensación económica. Si llegan a la conclusión de no otorgar descensos pero que sí se debe ascender clubes, para jugar con una liga de mayor tamaño durante una campaña o dos, pues se hace. Hay que asumir la solución "menos mala", cualquiera que sea. Y si se insiste en seguir jugando y replantear el calendario, está bien. Es imposible que exista una política "talla única" que sirva para todos.

Sin embargo, lo único en lo que debe insistir la UEFA (porque estas son, en definitiva, competiciones que entran en el marco regulatorio de la UEFA) es que las ligas tengan definidos sus participantes de Europa League y Champions para una fecha determinada. El resto son temas que competen al fútbol de cada país.