Ojalá hablaras, Javier: sobre la realidad de tus jugadores, la promiscuidad de tus directivos, los grilletes del Salón Oval de Televisa y de tus propias dudas e incapacidades.
LOS ÁNGELES -- ¿Qué te callas, Javier Aguirre, qué te callas? ¿Y lo callas por el salario del miedo o por la vanidad de dirigir otra Copa del Mundo? ¿O lo callas porque, en un estado demencial hoy, de verdad, crees ser capaz de consumar una épica en la Copa del Mundo 2026? Ni tú eres Homero y, este equipo, de Aquiles, sólo tiene su talón.
Sí, ¿qué te callas Javier, qué te callas?
Aquella carnavalesca parodia de las victorias capciosas en la Nations League y la Copa Oro llegó a su fin. La arpía de la realidad, agazapada, saltó de detrás del biombo cínico, alcahuete e hipócrita que protegía al Rey de la Concacaf. El Rey tuerto, bla, bla, bla….
Esa épica bufa y bofa, quedó expuesta, desnuda, ridiculizada, esa opereta se desplomó, cuando fue necesario enfrentar a equipos de otros vecindarios, y no de la barriada Conkakafkiana (dixit Chao Ebergenyi). El mundo es otro mundo, y el futbol es otro futbol más allá del permisivo y maternalista útero de la Concacaf. Detrás de ese muro no hay fronteras.
Por eso, ¿qué te callas Javier Aguirre, qué te callas? Porque el silencio te convierte en cómplice.
Y el peor de los insultos ya astilló la casa de cristal en la que vives. Sí, Javier, se te compara con Gerardo Martino y se te sobaja haciendo referencia a un técnico centavero, que se siguió hasta el Mundial de Qatar por los ceros de su salario, pero con cero devoción por el Tri y cero empatía con su gente. Sí, también es culpa de Yon de Luisa, por no aceptarle la renuncia tras la humillación en Cincinnati ante Estados Unidos, y los jitomatazos de odio verbal de la afición.
Y lo más grave, Javier Aguirre, es que tu fracaso en el Mundial 2026, será, por inevitable rigor de la turba y del aterrorizado dictador de Televisa, el fracaso por ósmosis y el despiadado destierro de Rafa Márquez. Sí, le prometieron el Mundial 2030. Y tú, Javier, hoy, sabes que eso no va a ocurrir.
Insisto: ¿qué te callas Javier, qué te callas? ¿A qué le temes más Javier, a ser cola de león o a ser cabeza de ratón? Aunque en el futbol mexicano, donde cohabitan, donde copulan, tantas traiciones y advenedizos, también se puede ser ambas. Ahí están tus jefes para muestra, tristes botones sin ojal: Mikel Arriola e Ivar Sisniega.
1.- ¿Qué te callas, Javier, sobre este grupo de futbolistas?
Tímidamente, tras la sacudida ante Paraguay, finalmente aceptaste que entre la prole de indigentes futboleros de que dispones, hay algunos que no pueden, otros que no saben y algunos más que no quieren. Pocos, muy pocos, son diferentes. Si hoy repartieras las camisetas mundialistas, apenas alcanzaría para jugar en una Liga de Siete. Te sobran 19 lugares para émulos, seguramente, de aquel mismo despliegue emocional, mental, futbolístico e intelectual, de aquel capricho tuyo, el Bofo Bautista en Sudáfrica 2010. Hay más testosterona en las glándulas de un hermafrodita hipocampo, que en algunos de tus jugadores, incluyendo a esos que lloran, como plañideras, los abucheos ajenos.
2.- ¿Qué te callas Javier, sobre esta Federación Azcarraguiana de Futbol?
¿Recuerdas aquel primero de diciembre de 2022? Tengo entendido que estabas en una mesa de debate de Televisa. Seguramente de primera mano escuchaste a Yon de Luisa desde las lujosas instalaciones del Club Al-Khor, bien maquilladito y acicaladito, para ocultar la noche de insomnio e ir propiamente seductor a su propia ceremonia luctuosa, tras la brutal estercolada de Emilio Azcárraga Jean.
Esa noche, con el hedor del fracaso, Yon prometió acabar con la Multipropiedad, reinstalar el ascenso-descenso, reducir extranjeros, y otros dedazos de atole ansiolíticos en la boca histérica de los mexicanos. Después los reiteraría tu gran amigo, La Bomba Rodríguez, y demás secuaces. Burdamente Emilio tiró un guión que Denise Maerker y Ricardo Peláez pretendieron improvisar. Sí, hubo bobalicones que creyeron que era un genuino mea culpa desde el Salón Oval de Televisa. Otro soplo turbio de la Rosa de Guadalupe.
3.- ¿Qué te callas Javier, sobre estos dueños del futbol mexicano?
Los conoces a todos. A los que viven del abuso y la intimidación y a los que viven al cobijo del silencio. Todos ellos, los buenos que no son tan buenos y los malos que sí son tan peores, tienen a tu selección, a tu futbol y a tu afición sometidos por los quehaceres sucios dentro de esa burbuja delincuencial. La sentencia de Octavio Paz que bien conoces es su doctrinario: “Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o de ser chingado. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa. Esta concepción de la vida social como combate engendra fatalmente la división de la sociedad en fuertes y débiles”.
El técnico de la Selección Mexicana habló tras la derrota ante Paraguay, la mala racha Tricolor y los abucheos de la afición hacia su equipo.
Ellos, los dueños y sus achichincles corruptos, que compran material defectuoso en el extranjero, que se niegan a formar jugadores, esos que, surgen de manera silvestre, accidental, ante el azoro y la desconfianza de los Herodes que manejan tu futbol, tu selección y a tu afición. Y a ti, Javier, que lo callas, por supuesto.
4.- ¿Qué te callas, Javier, de tus propios errores?
¿Será que en verdad cuerpo técnico y jugadores llegaron, en este ciclo mundialista, en esta antesala del enésimo fracaso, a su propio nivel de incompetencia? Sólo tú y Rafa Márquez lo saben. Rebasa el caos y la crisis a tus capacidades. Sin duda. Seguro ahora entiendes porqué Tata Martino quiso renunciar tantas veces, pero sólo el montón de dinero libre de impuestos lo hizo recular. Las frases son hermosas en el Santiago de Hemingway: “Cuanto más luchas, más fuerte eres (…) Puedes perder todas las batallas, pero no pierdas la guerra”, pero en el futbol mexicano no hay la nobleza de aquel marlin azul.
La falta de talento y la falta de personalidad de esta prole futbolera, requieren de dotes que no sólo tú y Rafa no tienen, sino que nadie más podría aportar. Déjame ser populista y burdo: ni Guardiola ni Klopp, ni Luis Enrique. Pero el catálogo paupérrimo de opciones de futbolistas tú ya lo conocías, nadie te mintió. Lo triste, sin duda, es que técnicos que antes estuvieron en tu lugar, hoy juramentan tener la solución y basurean tu trabajo sin un ápice de dignidad. Pero ese canibalismo es la manifestación podrida de sus propios fracasos. El mismo Santiago de Hemingway: “Aprende a escuchar el silencio, porque es lo único que no te mentirá”
5.- ¿Qué le callas, Javier, a esta afición desesperante y desesperada?
Sí, la turba también cree, como tus colegas, saber más que tú. La suma recurrente de fracasos narcotiza a la afición, la enajena, la confunde. Desprovista ya –sin aceptarlo--, de fe y esperanza, se arrima a la demencia cíclica de que este Mundial 2026 es el bueno. Y tu silencio potencia sus alaridos y sus alardes. “Quiero darle a México el mejor Mundial de su historia”, proclamaste y ellos desempolvaron los sombreros villistas y zapatistas para seducir a la imposible Adelita que les prometiste.
Más de 15 mil mexicanos viajaron a Qatar cuando el desenlace estaba anunciado desde el cínico valemadrismo de Martino. Pero aún sin creer, y ni por fe ni por esperanza, sino por el sadomasoquismo delicioso de brindar, en las malas y en las peores, acudieron a la inmolación festiva de otro descalabro. ¿Qué le callas Javier, a esta afición que ha perdido la fe en ti, la esperanza en su selección, pero estará ahí lanzando vítores por los etéreos y eternos ausentes de la victoria?
6.- ¿Qué te callas Javier, ante los medios de comunicación?
Eres un manipulador. Y disfrutas de ello. Y tus víctimas también. Todavía recuerdo el 26 de junio de 2010 en la sala de conferencias del Soccer City en Johannesburgo. Te cubriste el rostro con una gorra y clavaste la mirada en el limbo. Fuiste sentenciado por asumir, presuntamente, una actitud derrotista. Todavía hoy no te atreves a decirle a los medios que fue una forma de burlarte de ellos. Todavía recuerdo mi titular en La Opinión: “Javier Aguirre vendió los clavos de su cruz”, parafraseando a Joaquín Sabina. Sí eres un manipulador.
Y hoy le callas a los medios todas esas verdades, que sí, que tu silencio te convierte en cómplice. Acudes a los citatorios mediáticos y te diviertes. Recibes un reporte diario de todo lo que se dice y se escribe sobre ti. Me imagino cómo debes pitorrearte de todo ello, aún con la desaprobación de tu esposa Silvia.
Ojalá hablaras Javier. Ojalá dejaras de callar todo eso. Sobre la realidad de tus jugadores; sobre la promiscuidad de tus directivos; sobre los grilletes del Salón Oval de Televisa; sobre tus propias dudas e incapacidades; sobre la injusta, pero necesaria catarsis de tu afición, aunque decidas subirte al cadalso de los propios medios que tan eficientemente manipulas, desde tus medias verdades.
Sé que es imposible. Ya dos veces dinamitaste tu propia estatua. La tercera ocasión puedes consumarla desde un ataque de sinceridad que sólo te agradecería esta afición más turbada que nunca. Por lo demás quedarías satanizado, pero, financiera, moral y emocionalmente estás ya más allá del bien y del mal.
¿Qué te callas, Javier Aguirre, qué te callas? ¿Y lo callas por el salario del miedo o por la vanidad de dirigir otra Copa del Mundo? ¿O lo callas porque, en un estado demencial hoy, de verdad, crees ser capaz de consumar una epopeya en la Copa del Mundo 2026? No eres Homero y tu Aquiles ya muestra fascitis plantar.
Habla Vasco, habla ahora o calla para siempre…
