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Fidalgo, Quiñones y Berte, cómplices de una crisis ajena

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FMF envió a FIFA petición para llamar a Álvaro Fidalgo (1:37)

El máximo organismo del futbol mexicano busca que, el ahora jugador del Real Betis, estém disponible para los próximos amistosos de selección mexicana. (1:37)

La Selección Mexicana podría llevar por primera vez en su historia a tres naturalizados a un Mundial: Quiñones, Berterame y Fidalgo.


LOS ÁNGELES -- Vaya simbología la que sacraliza o maldice al futbol mexicano en la antesala de este Mundial 2026. “Los números son la escritura de Dios”, dijo Galileo Galilei.

1.- Javier Aguirre llegará a tres mundiales dirigidos.

2.- México sumará su tercer mundial como anfitrión… aunque esta vez como sucursal del verdadero anfitrión.

3.- El Estadio Azteca será recinto inaugural de un Mundial por tercera ocasión. Pero, esta vez no será el altar consagratorio como lo fue de Pelé y Maradona.

4.- Y la Selección Nacional llevaría –por primera vez--, tres naturalizados a una Copa del Mundo: Álvaro Fidalgo, Julián Quiñones y Germán Berterame. Habrá quien sume a Santi Giménez. Cierto, pero llegó a los tres años a México. Mamó barrio, raza, patria y albur.

5.- Javier Aguirre llegará a cinco mundiales, acompañado de otros dos que ya suman cinco copas: Rafa Márquez y Guillermo Ochoa. Y México es el único país que ha sufrido cinco derrotas en un total de siete partidos inaugurales que ha jugado en Copas del Mundo. ¡Ah! Y el Quinto Partido, ni hablar.

En esta simetría fatalista de los números, también cabe el populismo: “A la tercera va la vencida”, según la estrategia militar romana. Y/o: “No hay quinto malo”, frase de la prosapia taurina española.

Pero, en la reincidencia del futbol mexicano por ser un chambelán de tercera fila de glorias ajenas --consecuencia propia de su realismo y de su realidad--, esta vez, más que los mecanismo esotéricos de las consecuencias, hay una situación que se vuelve tan lamentable como preocupante: la muy posible presencia de tres naturalizados dentro de la Selección Mexicana en el Mundial 2026.

Cierto, son situaciones distintas. Quiñones fue invitado reiteradamente por Colombia, pero decidió enrolarse con México. Berterame y Fidalgo saben que, con la selección de sus respectivos países, jamás acudirían a un Mundial. Berterames y Fidalgos no sólo abundan, pululan, en Argentina y España.

Para Quiñones, jugar por México, representó una ilusión. Para los otros dos, un consuelo, un refugio, un salvavidas. Sin embargo, al final, para Aguirre, tan válidas lo uno, como lo otro.

Lo curioso es que Quiñones parece estar más lejos del Mundial que Berterame y Fidalgo, a pesar de ser un compulsivo contendiente de Cristiano Ronaldo en el futbol árabe.

Pertinente aclararlo. En lo personal, en algo tan trivial como el futbol, la selección nacional debería ser integrada por tipos con la idiosincrasia –impredecible y recelosa—mexicana. Carne de su carne, sangre de su sangre, trauma de sus traumas.

Los naturalizados gozan de casi todos los privilegios de cualquier otro mexicano. Y así debe ser. Sin embargo, en el caso del futbol, terminan siendo utilizados, abusados, como escudos de todas las corruptelas, desorganizaciones, componendas y negligencias del futbol mexicano, como empresas, como instituciones y como sociedades mercantiles o civiles.

La formación de futbolistas en México ha entrado desde hace decenios, en una crisis irreversible. Basta revisar a los campeones recientes del futbol mexicano y contabilizar el número de nativos en las plantillas, y, peor aún, la casi nula presencia de futbolistas engendrados en sus semilleros.

En un futbol organizado, honesto, competitivo, inteligente, se trataría de salvar a la industria primero, para después salvar a su selección nacional. En México se opera de manera distinta. Basta con que seis o siete equipos mantengan protagonismo o intenten mantener el protagonismo, para dejar que mueran, a la deriva, los restantes.

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Hugo Sánchez: Quiñones debe ser tomado en cuenta

"El Pentapichichi" asegura que estar en el liderato de goleo de la Liga de Arabia, junto a Cristiano Ropnaldo, es mérito suficiente para que Julián Quiñones esté en Selección Mexicana.

La prueba son los equipos pertenecientes a una Multipropiedad. Se han convertido en lastres financieros y deportivos.

1.- Grupo Tijuana se deshizo parcialmente de Querétaro. Apenas intenta rescatar a Xolos.

2.- Grupo Azteca ya vendió a Mazatlán, que hoy es un montón de zombis que se preocupan –lógicamente--, más por su futuro laboral que por los 90 minutos en puerta. Ahora, busca un cliente para Puebla.

3.- Grupo Orlegi no logra vender ni a Atlas ni a Santos, y parece más preocupado por su tercer fracaso, el Sporting de Gijón. Los Guerreros de La Laguna y los Rojinegros, llegaron a ser formadores de futbolistas, en especial el Atlas. Hoy siembran y cosechan en su propio cementerio.

4.- Grupo Pachuca parece seguir los pasos de Orlegi. Hay más atención en el Real Oviedo que en el Pachuca y el León, que se han convertido en escaños, más que en adversarios, especialmente los Tuzos, tras la salida de Guillermo Almada, hoy, curiosamente, con el Oviedo.

Casos opuestos, son los que contienden con frecuencia, pero no necesariamente forman a sus propios jugadores, con excepción de los esfuerzos en Chivas.

1.- El Tricampeón América está en proceso de resurrección. Pero en sus filas sólo hay uno de cantero, Ramón Juárez, quien no se consolida como titular.

2.- El Bicampeón Toluca, con un equipo armado lentamente, hasta que El Turco Mohamed logró meter en una misma doctrina a sus Diablos, pero tampoco ofrece futbolistas de alto nivel formado en su averno.

3.- Cruz Azul vive de la cartera. Sus mejores exponentes recientes serían Giménez y Rodrigo Huescas. Más de 120 millones de dólares gastados en su reciente gestión administrativa aún no les reditúan un título de Liga.

4.- Chivas ha sufrido. Hoy, con Gabriel Milito, parece haber encontrado un punto de partida. Debuta jugadores, ha sabido encontrar los picos de rendimiento de futbolistas que parecían perdidos. La Hormiga González, Yael Padilla, Santiago Sandoval, Samir Inda, Hugo Camberos, y el retorno de Diego Campillo, son parte de esa sangre fresca rojiblanca.

5.- Tigres y Monterrey privilegian los bitcoins. Y aún así, con inversiones multimillonarias, hace tiempo que ven los toros desde la barrera, aunque los Felinos llegaron a acumular seis títulos en 12 años.

Mientras Andrés Lillini pica piedra para encontrar talentos para selecciones menores, la producción en clubes se ha estancado. Hubo momentos en que los cuneros de América, Pumas y Atlas se hacían responsables de amamantar al Tri. Eso terminó. Pumas está más seco que el útero de una momia; Atlas dejó la secuencia y secuela del proyecto de Marcelo Bielsa, y André Jardine fue muy claro: “Entendí que en América no hay tiempo para dar oportunidad a jugadores, hay que ganar siempre”.

Bajo ese entorno, bajo ese estigma, más allá de la simetría fatalista de los números y de la asimetría infructuosa de su historia, la tentación –entendible—de Javier Aguirre por llevar a tres naturalizados a la Copa del Mundo, sólo serviría para prohijar la deficiente forma de trabajo de los clubes y la desidia, incapacidad o repulsión hacia las fuerzas básicas.

Habida cuenta que nunca un naturalizado ha rendido cuentas generosas, loables, memorables a la Selección Mexicana, queda claro que los tres en la nómina de contingencia, tampoco cambiarán la historia del Tri ni la histeria post-mundialista del Tri.

Sí, ni Julián Quiñones, ni Germán Berterame, ni Álvaro Fidalgo cambiarán la proclividad al fracaso de selecciones mexicana en la Copa del Mundo, en un entorno obcecado en animar los espíritus de la afición.

Vale retraer a Juan Rulfo en “Diles que no me Maten”: “Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta”.

Y, hoy, las raíces del futbol mexicano son osamentas enterradas bajo su propio páramo.

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