El América igualó 0-0 como visitante frente a Nashville e intentará definir el pase a semifinales como local la próxima semana.
LOS ÁNGELES -- América fue un equipo vulgar. 0-0 en Nashville. Misión cumplida. La decepcionante satisfacción del deber cumplido.
0-0 y el americanismo debe estar decepcionado, pero André Jardine dormirá tranquilo, sin pesadillas. La emboscada quedó estructurada para el partido de vuelta en el Estadio Azteca, aunque ese 0-0 sea una ruleta rusa.
No es nada nuevo. Aquella estampa del Tricampeón hoy es un vicio obsesivo en los anales de los videos. Hoy, el América juega al límite de lo que puede, dentro de lo que quiere y subyugado por todo lo que debe. La Concachampions es el objeto del deseo, desde el Salón Oval de Televisa, hasta el cada vez menos reluciente escritorio de André Jardine.
Y América jugó para ello. Cierto, Jardine administró sus fichas por que –maldito sea, bendito sea--, el fin de semana tendrá que despellejarse con Cruz Azul para festín lúdico de todo el universo del futbol mexicano.
Y en esa encrucijada, el técnico del América trató de resolver lo urgente sin menospreciar lo importante. Con uñas y dientes con una trinchera ante Nashville y con uñas y dientes a embestir a Cruz Azul.
Sí, el apetito del americanismo debió quedar escaldado de decepción. Pero Jardine jugó para su beneficio –y el de las pretensiones del equipo--. Y lo hizo de manera exitosa. Que eso explique aquello de la decepcionante satisfacción del deber cumplido.
Nashville SC tuvo al menos cinco oportunidades para poder salir con la victoria. Además de dos malas decisiones de Rodolfo Cota, otras más de Israel Reyes y Sebastián Cáceres, agregaron soponcios y taquicardias al americanismo. Pero, el 0-0, para Coapa es un acto de supervivencia… sin heroísmos, acaso estoicismo y fortuna.
Nashville nunca encontró espacios, ni entre líneas ni a terrenos profundos, como suele disfrutar para hacer daño al adversario. Jardine, con un colosal trabajo defensivo de Alejandro Zendejas y Érick Sánchez, y hasta del Pato Salas, se encargó de montar garitas que ralentizaron el partido, pero, principalmente que entorpecieron el desgaste en dinámica de sus adversarios.
Jardine lo dejó claro. Los refunfuños que desate la vulgar exhibición del América, la recompensará en el partido de vuelta. Todo será distinto.
Si Nashville decide mantener ese ritmo e intensidad de agobiar al América desde la salida y desde el primer segundo, esa ansiedad de bufarle en la nuca a sus zagueros, en la segunda parte tendrá que recoger los pedazos de pulmón en la cancha. No será fácil ir de casi el nivel del mar a los 2,240 metros en el Azteca, que hoy carga con el apodo molesto de Banorte, por un matrimonio interino.
Exponiendo al máximo el tope físico de Zendejas y el Chiquito, Jardine manejó el partido bajo la fórmula que más beneficiaba al equipo. Queda claro que el cuerpo técnico revisó bien la forma en que Nashville dejó fuera al Inter Miami CF de Lionel Messi, y los recambios tácticos que hace regularmente en los dos tiempos del partido.
Y, a cambio de negociar con la ruleta rusa del 0-0, Jardine decidió librarse de preocupaciones la noche de este martes en Nashville y tomarse el tiempo necesario para estar en forma el sábado ante Cruz Azul. Fue un ganar, ganar para Jardine, aunque todavía deberá lidiar con las huestes de Nicolás Larcamón.
Fue tan aleccionador para el América que hasta el número de faltas que sufrió (14) le dejan preparado para los suavecitos Celestes del fin de semana, que tienen un promedio de 11 faltas por partidos desde la llegada de Larcamón. Y siendo una rivalidad vulgarizada con aquello de “Clásico Joven”, seguramente será un festín de tobillos y espinillas.
Insisto, para el americanismo, este tipo de partidos bajos en calidad, lamentables en espectáculo, y con escasísima personalidad ofensiva, deberá llevarle a pesar que aquello del #ÓdiameMás puede convertirse en un #ÓdiateMás, pero Jardine, con lo que tiene, con sus refuerzos de medio pelo, hizo ante Nashville lo necesario para esa exigencia, para ese ultimátum inconfundible: debe ser campeón de la Concachampions, aún empeñando las exigencias propias de la Liguilla del Clausura 2026.
