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Jorge Pietrasanta: "El orgullo de ser de Mazatlán"

MÉXICO -- ¿A dónde vamos a parar?

Eso diría el célebre filósofo michoacano, nacido en Ario de Rosales, a poco más de 100 kilómetros de Morelia.

Pues aquella pregunta de Marco Antonio Solís, gran aficionado al equipo, al parecer ha encontrado respuesta. A unos cuantos días de cumplir 70 años de vida, el Morelia, los 'Ates', los Canarios y últimamente Monarcas (esto más como un capricho mercadalógico de TV Azteca) se están extinguiendo o la mariposa emigra.

No es considerado de los grandes del futbol mexicano, pero sí un equipo de tradición, con un título de liga, aquel conseguido por mi 'Flaco de oro', Luis Fernando Tena en el invierno 2000; además de tres subcampeonatos, un título de copa y dos subcampeonatos de Concacaf.

El Morelia de “Mudo” Juárez, el jugador que más vistió esa camiseta, de su súpergoleador “Fantasma” Figueroa, de sus dos veces campeón de goleo en torneos cortos, Raúl Ruidíaz, de su férreo defensa, Darío Franco, de los infaltables e incansables Carlos Adrián Morales, Heriberto Ramón y Omar Trujillo, de la leyenda Carlos Miloc, de la otra leyenda “Tota” Carbajal, de Rubén Omar Romano.

¿A dónde vamos a parar?

Cerca de 9 horas y media por carretera para llegar al bello puerto de Mazatlán, a un estado que ha pujado por el futbol en los últimos años, grandes jugadores han nacido en Sinaloa y se han consolidado, incluso con la Selección Mexicana.

Y escucho el corrido del inolvidable José Alfredo: “El gran orgullo de ser de Mazatlán”. La mariposa ha mutado, dicen que no en delfín. Y más allá del corrido, estandarte de la ciudad: “Aquí hasta un pobre se siente millonario”... 460 millones de pesos, hermoso estadio nuevo y apoyo gubernamental.

Y también diría José Alfredo en este corrido “Yo soy fuereño, nací de aquí muy lejos”... a casi 770 kilómetros de distancia. Era imposible iniciar un torneo como Morelia y cerrarlo como Mazatlán.

Una más de las razones para cancelar el clausura. El futbol es un negocio, siendo una propiedad de particulares tienen todo el derecho de moverlo, aun cuando acaben con una tradición y violenten el corazón de los aficionados hasta llevarlos a las lágrimas. Al fin y al cabo, también diría José Alfredo en otra de sus míticas canciones: “Y en el último trago nos vamos”.

¡Adióoos!