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Los tres meses con Cuauhtémoc Blanco

Se dio la oportunidad de regresar a Puebla en el Apertura 2015. Como siempre pasa, el arranque en sus primeros seis juegos no había sido bueno. El técnico en turno, cuyo nombre no recuerdo, desde antes de estas seis fechas, no tenía buena relación con alguno de los directivos, quienes empezaron a tener comunicación conmigo desde la fecha 3. Al final, los resultados no lo apoyaban y decidieron darme el equipo.

En nombres y en cantidad, era un buen equipo. Adelante, aún teniendo a Cosme, Marlon y Cacho; por fuera a Pajoy , Loboa, Acuña, Santos y Cuauhtémoc Blanco, no teníamos gol. Apenas en once juegos hicimos trece goles en liga y cinco en copa con el mismo número de juegos.

Atrás fuimos más constantes, con Orozco y Romero de líderes defensivos. Al final de once partidos, sólo perdimos dos, pero empatamos ocho y solo el día del debut ganamos al Morelia 3 a 2. Hubo cuatro juegos que al final se empataron, pero que tuvimos en el desarrollo todo para ganar: U de G, Pachuca, León, fallando un penal al minuto 93, y Santos.

Los dueños hicieron mi presentación después del entrenamiento. Ese día me cambié, entré a la cancha y me fui presentando con cada uno de ellos, había varios que conocía, pero los que llevaban el peso del equipo no tenían idea de quién era, entre ellos estaba al que me refiero hoy: el Sr. Cuauhtémoc Blanco.

Recuerdo que estaba sentado dentro del campo y cuando me acerqué para presentarme, no se levantó y apenas me miró. No me preocupó su actitud, sabía ante los hechos que tenía que ganarme su confianza. Después entrenamos y al final fue la presentación con los medios de comunicación. Llevaba cuatro años desde mi confrontación con el señor Henaine, esperando esa oportunidad, misma que se pudo dar dos años antes, pero al final no se dio, y tuve que dejar al Correcaminos e irme a Chivas USA.

De 990 minutos que dirigí, Cuauhtémoc Blanco jugó 615 y en la copa participó en 190 de 450 minutos. En liga, de trece goles, hizo tres, solo abajo de los cuatro tantos del máximo anotador que fue Noriega. Era un equipo que del lugar trece en posesión, cuando me dieron el equipo, terminó en el cuarto lugar. Todo lo basamos en que el rival no tuviera la pelota y es en ese punto la primera negociación que tuve con Cuauhtémoc.

Yo hacía que los dos atacantes se dividieran el trabajo de la salida de tres defensores, entonces su desgaste en ese sistema era grande. La primera vez que lo hicimos, él trató de llevarlo a cabo, pero terminando el entrenamiento, en el pizarrón me sugirió otra forma en la cual era evidente que haría menos esfuerzo, pero al ponerlo de su manera, se comprometía en hacerlo y ya después, de alguna forma, sacaba a uno de atrás y suplía el cambio que me sugirió.

Esto sólo es para poner en contexto quién era Cuauhtémoc dentro del equipo. Me tocó en una edad grande. Ya sus entrenamientos no eran al 100. Nunca se quejó y nunca le llamé la atención.

El cambio o el fenómeno de quién era él, se producía el día del partido. Sus compañeros se alegraban, el rival se preocupaba, el árbitro estaba más atento, el público estaba expectante a ver qué jugada nueva sacaría, los comentaristas se metían más al juego; absolutamente todos los elementos del juego cambiaban ante su presencia. Si no salía en el once inicial, desde el banquillo, también actuaba.

Una vez en el primer medio tiempo que estaba sentado, se levantó tres veces para ir al baño y claro, cada vez que hacía el recorrido, el público lo aclamaba y pedía su inclusión. Él era importante y se sabía importante. De esa parte, al final de su carrera, sacó mucho jugo para estar dos temporadas más, ser campeón de copa con Puebla y jugar un partido oficial con el América, siendo el mejor jugador de la cancha y regalando grandes pinceladas de su juego mágico.

A falta de dos o tres semanas para terminar, y platicando planes con los dueños, no veían con buenos ojos que él siguiera. Yo les comenté que hablaría con él para que supiera el rol en su posible próxima temporada. Me fui a comer con él a un restaurante de mariscos, El Cabo San Lucas.

Del tema de su nuevo rol lo arreglamos en cinco minutos. Él fue el primero en reconocer que el tiempo no pasa en balde y sabía el rol que se le venía. Después de eso me platicó muchos pasajes de su vida, muy interesantes y muy simpáticos.

Terminó la temporada y en la organización de la nueva temporada estaba Cuauhtémoc y dos delanteros más, entre ellos Hércules Gómez. A falta de un día para empezar la pretemporada, me dieron las gracias. A Cuauhtémoc le vendieron la idea que yo no lo quería, pero que ellos sí. Al final él se salió con la suya que era quedarse en el equipo.

Esto lo comprobé hace poco que necesite de él, siendo gobernador de Morelos y ayudándome con un problema jurídico en su estado. Ningún resentimiento ante mi persona y en el fondo agradecido por la oportunidad que tuvo en mi gestión.

Cuando me preguntan quién es el jugador más importante que dirigí, siempre digo que Cuauhtémoc Blanco porque tenía la luz, la fuerza, la presencia, de que todo girará alrededor de él. Mi único error que tuve yo con él, totalmente reconocido, fue en la final de copa contra Santos. Lo saqué al minuto 70’, el juego se empató, pero él tenía el penal asegurado en sus botines, y ya lo tenía sentado en en banquillo, por ese fallo, Puebla no fue campeón.