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Copa de Oro, Olimpiada: Qué se pierde y qué se gana

ESPN Digital

Agradezco a la selección Olímpica de regresarme mi afición a la Selección de Mexico.

Muchos pensamientos en mi cabeza. Cuando se lleva la representación de un país en una justa deportiva, en este caso la representación de Mexico, más allá de ganar o perder, el representativo tiene la obligación de transmitir, por medio de su juego y características, la forma, manera, fondo, sentimiento, alegría y tristezas de cómo el deporte se manifiesta en el país.

Dicho lo anterior, el líder del grupo, tiene que saber por medio de vivencias todos estos aspectos y manifestarlos por obligación. Como dato adicional, la Selección Mexicana es la campeona del mundo en partidos amistosos. Es normal que los gane y que las arcas de la FMF se colmen de dólares; es la selección que más juegos tiene en un año calendario.

No me quiero salir del tema. Si el entrenador no tiene este sentimiento como principal característica, más allá de todo el recorrido profesional acumulado, nunca va a trascender en la competencia oficial y dará declaraciones como que es parte del proceso para llegar al mundial; así de vaga y sin sentido es su conclusión, cuando tenía que saber que el aficionado a la selección, 70 millones aquí y 30 en Estados Unidos, prefiere no ir al mundial antes de ser vapuleado por USA en las dos ultimas competencias.

En el empoderamiento en el que vive, se atreve a llevar al torneo a un grupo que no pasa por su mejor momento y entonces, después del minuto 60, no tiene a la mano a los jugadores idóneos para darles un repulsivo al equipo. Comparemos esta banca. La que llevó, Efraín Alvarez, K. Alvarez, Cervantes, Cota, Gutierrez, Pizarro, Pulido, Rodriguez, Salcedo, Sánchez, Sepulveda. Quito a Cota que no tuvo momento como para demostrar. Los demás, y visto está, no dieron ese segundo aire al equipo, por no estar en forma, por ser demasiado jóvenes, por estar cansados, por no tener personalidad para estos enfrentamientos y muchos más porqués. En su lugar se quedaron jugadores, que sin discutir el tema personal del por qué no fueron convocados, pudieron darle lo que la Selección Mexicana nunca tuvo: segundo aire.

Solo nombro a Chicharo, Vela, Lainez, Montes, Navarro, Chaco Jiménez, Cata, Vignon, Baca, Poncho Gonzalez, Layun, Salvador Reyes. Faltan más, pero cualquiera de estos 12 pudo llenar más las expectativas, y si como líder no puedes convencer a X jugador, entonces la principal característica que tiene que tener el técnico no la puede ejecutar y al final, sabiendo que solo se le pide acceder al Mundial y aceptar todos los partidos contratados, el coraje, decepción, tristeza, enojo, etc, se lo lleva el aficionado a la selección.

Como plato de segunda mesa se trató el proceso de formación y preparación del equipo olímpico. Un solo juego de preparación. La gira a Marbella de poco o nada sirvió porque al final solo se quedaron nueve jugadores de todos los que viajaron, mientras la selección mayor hacia el ridículo en la Copa de Naciones.

Sin tener tiempo de preparación, y sin tiempo de convencimiento a sabiendas que representaban el anhelo de todo mexicano, a todo el mundo le hicieron saber, mediante su esfuerzo y gran juego, como vive el fútbol nuestro país, Mexico. No importa si estaba Lainez o Antuna, Esquivel o Rodriguez, Vega o Alvarado, Henry o Aguirre, ellos se entregaron en cada momento, quisieron gustar y gustaron; el Sr. Lozano los convence y ellos se dejan convencer porque la idea es una y no hay otro camino u otra utilidad que no emane del mismo juego, lo deportivo superó a lo económico, es más, lo económico nada tenía que ver, cosa rara viniendo del fútbol. Para rematar, no se nacionalizó a nadie, por si acaso había fugas de objetivos o mejor dicho, desconocimiento de lo que es Mexico y su fútbol.

Agradezco a la selección Olímpica de regresarme mi afición a la Selección de Mexico.