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Cruz Azul saca boleto a Las Vegas ante reservado Galaxy

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¿Clubes de la MLS le faltaron el respeto a la Leagues Cup? (2:09)

LA Galaxy enfrentó con suplentes su duelo ante el Cruz Azul (2:09)

LOS ÁNGELES -- Cruz Azul jugó con todos sus ases y ganó el viaje a Las Vegas. El LA Galaxy ocultó a sus tres comodines y se quedó en casa.

El pasaporte de La Máquina a la Final ante Tigres de la Leagues Cup se dio con un marcador de 1-2 en partido que traficó con la emoción y la tensión de una mezcla fascinante de sonidos con la algarabía de las aficiones celeste y galáctica.

Una Final peculiar la de este torneo. Uno, Tigres, plagado de futbolistas internacionales, pero con fobia a los títulos internacionales, y el otro, Cruz Azul, con 22 años sin un banquete, pero que se consuela con canapés de torneos menores.

Mientras el Galaxy padecía las ausencias de Zlatan Ibrahimovich, Christian Pavón y Jonathan dos Santos, Cruz Azul tuvo como caudillo a un personaje de la nostalgia de Chivas: Orbelín Pineda, quien estuvo en una de sus jornadas más deslumbrantes.

Repentino despertar
Cruz Azul no fue tolerante. No concedió tiempo al Galaxy para ordenar su desorden y al minuto 4, José Madueña le metió el alma a un toque corto de Pineda. El balón asaltó el rincón derecho del arco angelino: 0-1.

La tribuna, desdeñada por los galácticos, acordonada por esos feligreses masoquistas y leales con 22 años de ayuno, desató la fiesta, no sólo por la cercanía de otra Final sino porque el exorcismo había sido consumado por Tigres al eliminar a Miguel Herrera y a su América.

La Máquina cedió terreno, pero no concedió el control del juego. Al acosar, hostigar, obligaba a que Cruz Azul reculara y, a veces, a terminar las jugadas en su propia cancha para tomar nuevo impulso.

La asfixia galáctica daba, en contraparte, oxígeno para que Cruz Azul se sintiera cómodo, además con el jolgorio folklórico de una afición con tamborileo, gritos, silbidos y una que otra mentada de madre, solidaria con la ilusión de una cita en Las Vegas ante Tigres, pero la euforia se desvaneció con la devoción de marca de Cruz Azul.

En tres minutos se le plantaron de cara al gol. Primero, salva el poste, luego, la indecisión en el disparo, pero en la tercera llegaría lo inevitable. Emil Cuello, a 30 metros del cuerpo relajado de Jesús Corona, sorprende con un disparo cruzado y potente. El balón pica un metro antes del lance del arquero sobre su izquierda y le monta una joroba hacia las redes: 1-1.

Y entre el reencuentro inevitable con su destino, el resignado silencio celeste es contrastado por las decenas de aficionados galácticos desde sus roncos tambores y sus roncos pulmones. La tribuna vive con esa rabia fresca la intensidad del juego.

El guatemalteco Mario Escobar intercede a favor de Cruz Azul y pita el final del primer tiempo. Galaxy se va al vestidor con los motores revolucionados.

Al que madruga...
“Madruguete vale doble”, decía Nacho Trelles, y Cruz Azul, guardería eterna del Viejo Zorro, hizo valer la frase.

Minuto 2 del segundo tiempo y Pineda saca del sepulcro a aquél Orbelín Pineda. Con la marca relajada, pero la puntería aguda, saca una parábola espectacular al segundo poste con precisión ingenieril para esquivar el lance de Lampson, tal vez más desesperado por salir en la fulgurante postal asesina del 1-2.

Y sí, Galaxy reaccionó de inmediato, pero esta vez no encontró a Cruz Azul en el sopor traicionero, por el contrario, recuperó la sobriedad del compromiso al arrebatarle el balón al equipo angelino en su propia zona.

Para aderezar con esos estertores que acompañan a Cruz Azul, dos intervenciones de Corona, al ‘88 y al ’89, aplacan la angustia típica del temor a que lo imposible se haga posible en el destino celeste.

El desenlace los encontró así: la Máquina sin desatenciones y el Galaxy sin el armazón generoso de su columna vertebral galáctica.

Uno quiso ir a Las Vegas, el otro tiene clara su meta: los Playoffs de la MLS y el derbi con el LAFC.