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Los muertos ocultos tras el fracasotototote del Tri

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Rafa Ramos: "México cantó dos goles, pero terminó llorando la eliminación" (2:01)

Esta eliminación tempranera, obliga a México a volver a empezar y construír desde las cenizas de su propia impotencia, sostiene nuestro enviado especial. (2:01)

DOHA — Consumatum est. La historia concluyó. El fracaso sólo estaba cubierto por el maquillaje falaz de la ilusión. México regresa a casa. El epitafio, el acta de defunción, sólo tiene una palabra que no existe, excepto en el diccionario coloquial y burlón del futbol mexicano: “Fracasotototote”, cortesía de Manuel Lapuente.

México tuvo su mejor actuación en la era Martino: 2-1 sobre Arabia. Sin embargo, los réditos de los enfrentamientos opacos ante Polonia y Argentina, terminaron eliminándolo del Mundial.

Y claro, los genocidas del sueño de los mexicanos, ése, el del fantasioso Quinto Partido, no estuvieron la noche qatarí de este miércoles en la cancha del Estadio Lusail. Estuvieron en la tribuna, en el refugio del anonimato colectivo. Visibles, pero agazapados en la trinchera exclusiva de los entenados de FIFA. Aristócratas del fracaso.

Y claro, otros se quedaron en México, en sus cotos de poder. Han prostituido al futbol mexicano. La casquivana tricolor los enriquece, aunque cada vez, con más perversidad, la arrojen, desnutrida y enfermiza al coliseo voraz de las competencias.

El fracaso no es sólo atribuible a Gerardo Martino. Cierto, se equivocó, se encaprichó, mintió, prometió, se desesperó, se engañó a sí mismo… y claudicó, desertó, y sin enterarse siquiera que lo estaba haciendo.

¿Y qué pasará ahora? Nada, absolutamente nada. Tras la gran Revolución Mexicana, el país se ha dedicado a parodiar revoluciones. El futbol no puede escapar a ese ejercicio de justificar sus fracasos abriendo expedientes y montando mausoleos.

Consumado el suicidio, porque el futbol mexicano se mata antes que morir de ignominia, seguramente Yon de Luisa marcó al Salón Oval de Televisa. “¿Qué hacemos Jefe?”. “Mándalos a todos a… y te vas con ellos”.

Porque Emilio Azcárraga Jean sólo obedece la ley suprema de la logia familiar. “México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente (jodida) y sacarla de su triste (y jodida) realidad y de su futuro difícil (y jodido)”, catequizaba Emilio Azcárraga Milmo hace ya más de 30 años.

Entonces, Emilio Jr. regurgita la leche que mamó desde la cuna de oro: una televisión para jodidos y un futbol para jodidos.

Claro, también hay hienas con piel de oveja. Dueños de equipos a los que despojaron de su más preciada posesión, y permanecen como testigos culposos del atraco y la explotación de la suripanta esmeralda. Cómplices conformes con las migajas que escupen desde la mesa de su opresor. Explotadores explotados.

Carentes de un líder y carentes de voz y voto, deambulan estos propietarios, cargando la humillación gentilicia con la que los inmortalizó Sven-Goran Eriksson: “La Yunda de Dueños”. Ya no está Jorge Vergara y Jesús Martínez tiene la bayoneta en el pecho y dos protuberancias de pavor en la garganta. Cualquier insubordinación, y a nivel nacional, y en horario estelar, se difundirá el #PanzaVerdeGate, poniendo al descubierto ciertos deslices de su hijo y de él mismo, en operaciones curiosas a través del Club León. Y el nombre de Carlos Ahumada aparece en ese video.

Ya hace meses contamos aquí, con lujo de detalles, que un tropezón de estas dimensiones terminaría arrojando de la silla a Yon de Luisa, con la salida digna de un segundo puesto en la organización del Mundial 2026. Una embajada para premiarlo por su fracaso.

En ese entonces, hace meses, advertíamos que Alejandro Irarragorri tomaría el control total del futbol mexicano, pero sin dar la cara. Tal y como ocurre hoy, a excepción de que Yon de Luisa todavía defiende su lastimado y violado feudo. La cabeza de Grupo Orlegi podría comisionar a Íñigo o José Riestra para presidir a la FMF.

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1:04
¡México fuera del Mundial Qatar 2022!

Desde Estados Unidos 1994, es la primera vez que México no logra avanzar a los octavos de final de un mundial.

Una mente maestra, Alejandro Irarragorri elucubró el plan más poderoso y maquiavélico para su empoderamiento. Él diseñó eliminar el ascenso y descenso, formó una Liga de Expansión, convertida ya en un zombi decadente, si es que esto es posible, y ha dejado a la deriva la absoluta atrocidad que conforman el arbitraje y el VAR.

A partir de su irrupción en el control absoluto del futbol mexicano, con la bendición, la anuencia, el aval y la inmunidad por parte de Azcárraga Jean, Irarragorri planea a mediados de 2023 revertir todos los escenarios dañinos que él mismo montó, engatusando en su momento a Decio de María y Yon de Luisa.

Una mente maestra. Decide poner en estado de coma al balompié mexicano, para luego emerger como el gran salvador del balompié con una acción tan masiva como revolucionaria. E incluiría una reducción masiva de extranjeros, además, de, ahora sí, forzar los mecanismos para que la Liga de Expansión se convierta en captadora y formadora de jugadores jóvenes.

¿Era necesaria esta monumental degradación del futbol mexicano al consumar su inmolación bajo el ridículo y la sorna para generar los cambios? En el dramatismo e histrionismo del futbol mexicano, siempre será más impactante, morbosa y subyugante, el resucitar un muerto que sanar un enfermo.

Con voz de psiquiatra y profeta, Octavio Paz escribe en El Laberinto de la Soledad: “El sentimiento de soledad, por otra parte, no es una ilusión —como a veces lo es el de inferioridad— sino la expresión de un hecho real: somos, de verdad, distintos. Y, de verdad, estamos solos”.

Aunque, tal vez, en el caso del futbol mexicano, cambiara este término de “solos” por “abandonados”.