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México ya desperdició dos mundiales, ¿lo hará de nuevo en 2026?

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Hugo Sánchez comparte lo que se puede esperar para México en el Sorteo (1:48)

A lo macho con Hugo Sánchez de cara a conocer a los rivales de la selección mexicana para el Mundial 2026. (1:48)

La Selección de México buscará mejorar la participación con respecto a otros mundiales cuando reciba la competencia en 2026.


LOS ÁNGELES -- Y pudiera ser tan poderoso por sus cualidades, pero elige ser tan frágil como sus pecados y debilidades. Pudiera ser un gigante, así, en cuanto quisiera, pero elige deambular lastimosamente dentro de su enanismo. El futbol mexicano y su Sisifemia o Síndrome de Sísifo, ese mítico monarca griego confinado, castigado para trepar una roca a una montaña eternamente, sin alcanzar la cima. Una Penélope con bursitis, artritis, pues, y esperando que el hilo no se enrede.

En 2019, el Grupo de Economistas Asociados estimó que el futbol mexicano genera alrededor de 193,200 empleos, más de dos veces, por ejemplo, la cantidad de empleados formales de Pachuca en 2025 (79,833 según el IMSS).

Y se estimaba, en 2019, una derrama salarial por cerca de 26 mil millones de pesos. Ojo: esto no incluye la danza multimillonaria por transmisiones, publicidad, patrocinios especiales o taquillas, por ejemplo. Sí, en los banquetes financieros del futbol mexicano, la calidad, en cancha, pasa hambre.

Hoy, para este 2026, con el Mundial en puerta, las cifras crecerán exponencialmente. Chequeras obesas, futbol famélico. Tampoco es para tomarse en serio el cálculo facilista de Mikel Arriola. El comisionado de la FMF ha hablado de 3 mil millones de dólares de flujo financiero, esto, claro, abarcando los diferentes rubros económicos de México.

Una industria --o un ecosistema, como ahora le llaman empalagosamente los politizados dirigentes del futbol--, que seguramente genera ya más de 200 mil empleos por año, implica una estructura que debería reflejar poderío en la cancha, a nivel clubes y a nivel Selección Mexicana. No ocurre así.

La Premier League, por ejemplo, genera 100 mil empleos de manera directa o indirecta. Su aporte a la economía de Inglaterra es de 12,700 millones de dólares por año, y 5 mil millones de dólares al fisco. Y es el futbol más vistoso y espectacular del mundo, con estadios llenos…siempre.

En tanto, la Liga de España aporta 66,541 empleos de manera directa, 65,400 en industrias vinculadas al futbol, y 62,350 a planta laboral inducida. Además, su movimiento entrega casi 9 mil millones de dólares en impuestos. Alta competencia y una selección nacional que ha ganado todo.

Claro, la Liga MX y la Selección Mexicana están a años luz de lo que generan colosos deportivos y financieros como la Premier y LaLiga. Sin embargo, sus cifras de impacto económico, su infraestructura y la población total, permitirían creer que el potencial en realidad existe, para no limitarse a vivir al desamparo bajo la triste y marginal utopía de llegar al #QuintoPartido, que, recuérdese, en el Mundial 2026 implicaría un sexto encuentro, al ser 48 inscritos. Sí, la Tierra Prometida de los ilusos cada vez está más al norte, y México es un Marco Polo con dislexia y la brújula rota.

Por pujanza del proletariado, no pasa el problema del futbol nacional. En México, la población estimada es de 132 millones 481 mil 663 habitantes. En Estados Unidos, el total de personas de origen mexicano era de 38.8 millones en 2022. En México habitan 1.2 millones de extranjeros, 751 mil de ellos procedentes de Estados Unidos.

Sí, la cifra, a grandes rasgos, es escandalosa: cerca de 170 millones de mexicanos, y sólo un futbolista que despierta esperanzas: Gilberto Mora, quien sale a la cancha con vacunas, rezos, veladoras, para que ni siquiera se resfríe, o no le aterricen una patada a la altura del músculo esternocleidomastoideo. Sí, “el cielo un soldado (y un “futbolista”) en cada hijo te dio”.

¿Por qué con semejantes cifras de impacto económico, número de mexicanos, infraestructura de los clubes y la misma ubicación geográfica, por qué, México es uno más en la legión de comparsas, de pajecitos de bodas ajenas, en una Copa del Mundo?

Y a esto puede agregarse que, seguramente, en una mayoría importante de mexicanos, uno de esos 23 pares de cromosomas que componen su ADN, tienen una devoción encendida --y casi incestuosa-- por el futbol. ¿Es capricho o pasión u obsesión? Ícaro sin alas.

EL IMPACTO DEL MUNDIAL

2026. Tercer mundial que se jugará en México. Sí, parece un corrosivo guion del humor negro de Tarantino, pero sin salpicar cátsup ni plasma. Sí, un futbol y un país, que, ante la incapacidad de ser protagonista, se conforma y se confirma como un genuino anfitrión. Mi casa es tu casa. La fiesta, el mezcal, el anafre, lo pongo yo. ¿El futbol? Eso es otra cosa, es ajeno, eso lo traen las visitas.

Poco o nada aprendió el futbol mexicano de organizar las Copas del Mundo de 1970 y de 1986. Estrictamente, terminaron empoderándose una televisora y la familia Azcárraga.

Además, la dicha festiva y la desgracia futbolera, trajeron más desgracias futboleras. México no acudió a los mundiales subsiguientes.

  1. Para Alemania 1974 la fosa común fue en el Premundial de Haití ’72. Los jugadores del Tri pretextaron haber sido sometidos, maniatados, reprimidos, por prácticas vudú.

  2. Para Italia ’90, un castigo ejemplar. El brazo derecho de Emilio Azcárraga y Guillermo Cañedo, urdió el chanchullo de profanar selecciones juveniles. Rafael del Castillo, doctor en Derecho y de chueco proceder, parió el episodio de los cachirules, falsificando actas de nacimiento. La FIFA lo marginó del futbol mundial dos años.

¿Y ahora, cuál será la resaca del 2026 para el 2030? Algo inventará la FMF. Ya se sabe que su saco de trucos y chapuzas es infinito. Ni los charlatanes de callejón en Tepito tienen tantos recursos.

Pero, mientras otros países, otras federaciones, han sacado provecho de haber sido sedes de una Copa del Mundo, México pasó del estancamiento a la regresión.

Necesario es hacer un recorrido a partir de 1982. Podrá verse cómo, sólo Brasil, Italia, Sudáfrica y Rusia, además de México, no pudieron o no supieron aprovechar ser anfitriones de la fiesta de la FIFA.

1.- España ‘82…

Se modernizaron estadios a partir del Mundial de 1982, y España restructuró, a empujones, todo su esquema, fortaleciéndose las selecciones Sub-21, Sub-19 y Sub-17.

Fue campeón europeo Sub-21 en 1986, 1998, 2011 y 2013. Fue campeón europeo en 2008, 2012 y 2024. Campeón Mundial en Sudáfrica 2010. Ganó la Europa Nations League en 2023, y conquistó oro olímpico en 1992 y 2024.

Además, se fortaleció el valor comercial de la Liga, la segunda mejor cotizada en el mundo, después de la Premier.

Sí, luego del Mundial de 1982, España comenzó un lento pero eficiente desarrollo, desde el perfil financiero de su Liga, hasta la formación de futbolistas de alto nivel competitivo.


2.- Italia ‘90…

El resplandor y el esplendor se dio principalmente fuera de la cancha. El país con mayor acervo artístico, cultural y cuna eterna de la estética en todas las manifestaciones supremas del ser humano, rebasó a lo futbolístico.

Italia se quedó en el camino, y el favorito pasó a ser Argentina. Pero, una lesión de su genio, el castigo a Claudio Caniggia, y un arbitraje sospechoso, privaron a la albiceleste de un doblete. Antes, Maradona con el tobillo hinchado, alcanzó a dar el pase a Pájaro Caniggia para eliminar a la favorita Brasil, pero no alcanzó en la Final ante Alemania, incluyendo las expulsiones de Pedro Monzón y Claudio Dezotti, cortesía del árbitro uruguayo –naturalizado mexicano-- Edgardo Codesal.

El impacto futbolístico en Italia, tras el Mundial, alcanzó para replantear fórmulas de trabajo, y llegó a la Final en 1994, ante Brasil, que se coronó en el Rose Bowl de Pasadena. Sin embargo, ha estado ausente en los mundiales de 2018, 2022, y está en fase de repesca buscando el boleto para el 2026, con Irlanda del Norte en la garita.


3.- Estados Unidos ’94…

Para organizar el Mundial de 1994, Estados Unidos debió comprometerse a conformar una liga profesional oficial de manera inmediata. A raíz de ello nace la MLS y comienza a funcionar en 1996. Este 2026 mundialista cumplirá los 30 años.

El Mundial de 1994 dio una lección a la FIFA y a los comités organizadores. La competencia podía ser un gran negocio para todos. A partir de ahí, empezó el desarrollo del futbol estadounidense, cierto, sin ganar nada importante, excepto momentos de dominio en Concacaf.

Ha encontrado el proceso perfecto de comercialización, sus clubes manejan números negros, y han logrado democratizar las ganancias televisivas, además del beneficio colectivo que significó la llegada de Lionel Messi. De momento, la MLS cuenta con 30 equipos, pero para 2027 contempla ampliar a 32 su cuadrilla. Sí, 1994 fue su punto de partida, incluso en el volumen de exportación de futbolistas a Europa.


4.- Francia ’98…

No era el favorito a pesar de ser anfitrión. ¿Cuánto pesó la “ausencia” misteriosa del Fenómeno Ronaldo en la Final? Determinante. Pero, tras ser sede y coronarse campeón, el desarrollo del futbol francés no permite cuestionamientos.

A partir de que recibe oficialmente la sede, el futbol francés se decidió a preparar baguettes y Ratatouille para exportación. Se reformó y se hizo eficiente el Instituto Nacional de Futbol Clairefontaine, captador de niños desde los 13 años, en un centro de alto rendimiento con 66 mil metros cuadrados dedicados estrictamente a formar futbolistas.

Más allá de la formación de talentos, ha ganado las Copas del Mundo de 1998 y 2018; la Liga de las Naciones en 2021, y la Eurocopa 2000. Además, ha sido finalista en los mundiales de 2006 y 2022, y la Euro de 2016. Sí, Francia entendió de qué se trataba el privilegio de ser sede mundialista.


5.- Corea del Sur y Japón 2022…

Modernos estadios y un desafío, fue el legado del Mundial de 2002. Hoy además de poblar el futbol europeo de futbolistas competitivos, se han adueñado del futbol de Asia, con ligas que fomentan el desarrollo de jugadores, sin soslayar el flujo financiero, con grandes inversiones en todos los niveles.

Y sus futbolistas evolucionaron en fundamentos básicos, como la intensidad, la técnica y la lectura dinámica del futbol, no sólo como jugadores, sino con conceptos para desarrollarse como entrenadores.


6.- Alemania 2006…

Fue una decepción como anfitrión. De la mano de Jürgen Klinsmann, pero con la manija táctica en manos de Joachim Low, quedó por debajo de las expectativas, en uno de los mundiales mejor organizados de la historia.

La sacudida fue casi deshonrosa. Las viejas glorias, encabezadas por Franz Beckenbauer, obligaron a modificar fórmulas de trabajo y exigencias en su propia liga. Para 2014 fue campeón del mundo, pero sin poder sostener el desarrollo, decepcionando en los dos siguientes mundiales. En 2018 lo elimina Corea del Sur, y en 2022 lo marca su derrota ante Japón.


7.- Sudáfrica 2010

El Mundial de un choque cultural. Nelson Mandela, presidente del país anfitrión, se sintió engañado por Sepp Blatter. La FIFA y los capitales europeos, remodelaron la nación, especialmente en infraestructura, potenciándola como destino turístico.

Futbolísticamente, el deporte se extendió aún más en el país, donde el rugby y el criquet controlaban el elitismo. Pero, el balompié no alcanzó a desarrollarse y algunos estadios terminaron como elefantes blancos. No trascendió en el fortalecimiento de la liga ni de su selección, que fue eliminada por Camerún este domingo en la Copa África 2026

Sudáfrica abrirá el Mundial 2026, enfrentando a México.


8.- Brasil 2014…

Un fracaso absoluto. Sellado por el 7-1 ante Alemania. No supo aprender de haber sido sede, ni del varapalo escandaloso. Heredó algunos estadios que hoy son carcazas. Su Liga se ha fortalecido con capitales, pero la desesperación es tal que recurrió a Carlo Ancelotti para tratar de cambiar el rumbo.

Irónico, porque después del fracaso en el Mundial de 1950, tras el histórico Maracanazo, el futbol brasileño fue sacudido de manera brutal, hasta conseguir las bases de un pentacampeonato, bajo un nuevo orden impuesto por Joao Havelange. En Suiza ’54 lo elimina Hungría en cuartos de Final, pero en Suecia ’58 consigue su primer título mundial. Esta vez, en medio de su leyenda negra, no hubo un Joao Havelange que rescatara a Brasil del pantano del fracaso.


9.- Rusia 2018…

Cumplió su objetivo, llegar a Cuartos de Final en su propio vecindario. Rusia goleó a Egipto y a Arabia Saudita, pero es vapuleada por Uruguay. En octavos de Final elimina a España en penaltis, y por la misma vía cae ante Croacia en Cuartos.

Con estadios remodelados, con la infraestructura generada por el Mundial, capitalizándose los clubes, parecía consolidarse un proyecto. Sin embargo, sanciones deportivas, conflictos políticos y bélicos, provocaron su aislamiento. Es un futbol en el limbo. La segregación incluye los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 y posiblemente se extienda hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 2028.

Sí, las políticas internas en torno al futbol, lo ilusionaron, pero, las políticas externas, bélicas, terminaron arruinando el proyecto.


10.- Catar 2022

Desde la asignación de la sede, Catar vivió entre controversias, aseveraciones de sobornos, su política interna y externa, y hasta una cifra escandalosa de fallecimientos vinculados a la construcción de los estadios. El periódico español The Guardian sustenta, tras una investigación, que se registraron 6 mil 500 fallecimientos.

La Academia Aspire, una institución dedicada a fomentar el desarrollo de atletas, poco antes del Mundial y después de él, fortaleció proyectos de futbol, además de que se abrió la puerta a la naturalización de jugadores.

El esfuerzo no alcanzó para el protagonismo en su propio mundial, pero en el proceso conquistaron la Copa Asia en 2019 y 2024, sin que sea un reflejo de los magníficos estadios e infraestructura conseguida parta el Mundial.

Para el Mundial 2026 comparte grupo con Canadá, Suiza y a la espera de un repechaje europeo (Italia vs Irlanda del Norte / Gales vs Bosnia-Herzegovina).


¿La tercera, la vencida?

Queda claro que ha habido países capaces de aprovechar los privilegios de ser sede de una Copa del Mundo. México, con los mundiales de 1970 y 1986, no ha sabido ser uno de ellos. Llega pues la tercera llamada en 2026.

Tiene todos los argumentos para el gran cambio. Sin embargo, los conflictos internos, la falta de un proyecto global, la Multipropiedad, la ausencia de ascenso y descenso en la Liga MX, además de un indiscriminado número de extranjeros, entre otros numerosos vicios, hacen poco probable que al futbol mexicano pueda sacar auténtico provecho esta tercera ocasión como sede de un Mundial de Futbol.