El comienzo de la historia parece de ficción. ¿Quién va a un pueblo perdido en el sur de Santa Fe a la madrugada a buscar a un adolescente? ¿Por qué no hacerlo de día? Se cuenta que a mediados de los 80, Marcelo Bielsa y Jorge Griffa llegaron una hora después de la medianoche a la casa de los padres de Mauricio Pochettino. Que lo habían visto en una prueba y querían que los dejaran sumarlo a las divisiones juveniles de Newell’s para llevarlo a Rosario, que quedaba a 200 kilómetros. Que el Loco y Griffa les dijeron a los dueños de casa que las piernas del muchacho, por entonces de 13 años, eran de futbolista, como para empezar a poner la marca hacia un destino inevitable. Que terminaron por convencerlos, a pesar de lo extravagante de toda la aventura. Y que así nació la historia de un defensor que llegó a la élite y hoy es uno de los técnicos argentinos más reconocidos en todo el mundo. "Habla de cómo Bielsa y Griffa fueron en ese momento los creadores de un nuevo estilo. De ser competitivos en un club pequeño como era Newell's, pero que quería competir con los equipos grandes", recordaría años después Pochettino en ESPN Brasil.
Tal vez algún día se sepa cuál es la razón para que la provincia de Santa Fe sea la cuna de tanta sabiduría futbolera. De allí salieron, además de maestros como los mencionados Griffa y Bielsa, el que para muchos es el mejor jugador de la historia, un tal Lionel Messi; el primer entrenador campeón mundial con Argentina, César Luis Menotti; y el actual DT de la Selección, Lionel Scaloni. También surgió de ahí Mauricio Pochettino, nacido en Murphy, un pueblo de menos de cuatro mil habitantes en el corazón agropecuario de Santa Fe. El ex entrenador de PSG, Tottenham y Chelsea entre otros, que hoy está a cargo del seleccionado de Estados Unidos, uno de los anfitriones del Mundial 2026.
Pochettino, campeón desde el comienzo
“¿Vos viste cómo se lo comió a Batistuta?”. El Loco Bielsa no pudo dejar de transmitirle su incredulidad a un periodista cercano. Ya en 1990, con 18 años, Pochettino era uno de los pilares, junto a Julio Saldaña, Fernando Gamboa y Eduardo Berizzo, en la jovencísima defensa de un Newell’s que se llevaría el título de ese Apertura. El entrenador, que hacía su primera experiencia en mayores en ese equipo, estaba fascinado con ese central impasable de arriba y de abajo. Había sido una de las figuras en una victoria 1-0 ante Boca, al anular a ese delantero -también santafesino y surgido en Newell’s-, que por aquel entonces no daba mayores indicios al gran público del enorme goleador que iba a ser.
Actuaciones como aquella lo llevaron con el tiempo indefectiblemente a Europa, aunque antes debió superar en 1991 tragos amargos con el seleccionado Sub-20, un equipo que generó grandes expectativas pero terminó envuelto en problemas disciplinarios tanto en el Sudamericano como en el Mundial. Él, que llegó como una de las figuras, estuvo entre los principales apuntados. El punto más dramático fue una caída 3-0 ante Portugal, con tres expulsiones y un comportamiento tan agresivo de los jugadores que la FIFA decidió excluir a Argentina de la siguiente Copa del Mundo de la categoría. Pochettino supo aprender esa lección en el primer tramo de su carrera para tratar de evitar que el temperamento lo desbordara en el futuro.
Espanyol de Barcelona, adonde llegó en 1994, se transformó en su segunda casa después de Newell’s. No sólo fue su puerta de entrada a Europa, sino también el lugar en que se despidió como futbolista en 2006, luego de pasos por PSG y Bordeaux. En el medio, vivió grandes alegrías pero también una experiencia mundialista poco feliz con la Selección en 2002, cuando le tocó despedirse en primera ronda con su mentor, Bielsa, como DT. Pochettino tuvo además un ingrato protagonismo porque a él le cobraron una falta sobre Michael Owen que derivó en el penal que convertiría David Beckham para marcar el 1-0 de Inglaterra ante Argentina. En 2016, cuando ya era entrenador en Tottenham, Pochettino evocaría ante periodistas ingleses la situación con un dejo de rencor: "Él (Owen) ya reconoció que no fue penal. Lo hablamos en privado, claro, pero en público tiene que decir que sí, que yo lo toqué", aseguró, aunque también concedió: “El lado positivo es que ya me conocían acá por esa jugada”. Aquella derrota derivó en la primera eliminación argentina en fase de grupos de un Mundial en 40 años, y sería la experiencia más dolorosa de la carrera de Pochettino dentro del campo de juego.
Al momento del retiro, la idolatría que había generado en Espanyol le abrió la puerta para continuar allí como entrenador. Después de haber ganado rodaje un tiempo breve en un conjunto femenino del club, lo empujaron a comienzos de 2009 al puesto de DT del equipo masculino, que se jugaba la permanencia en Primera División. Pasó con amplitud la prueba, tanto que la dirigencia decidió ratificarle la confianza y se quedó en su puesto tres temporadas. A fines de 2012, con la tarea cumplida, el ciclo se cerró y Pochettino encontró nuevos aires en Inglaterra. En ese país, asociado a su mayor tristeza como futbolista, alcanzaría los pergaminos para ser considerado uno de los mejores del mundo.
El salto a la élite como entrenador
Como en otras etapas de su carrera, a Pochettino lo esperaban en la Premier League circunstancias difíciles. Hombre dado a los grandes desafíos, aceptó en enero de 2013 el llamado de Southampton, que veía la posibilidad del descenso como una amenaza creciente. El santafesino puso manos a la obra y generó la confianza necesaria para afianzar a un equipo que venía a los tumbos. Como siempre, apostó a una estructura que lograba solidez en defensa pero sin resignar la voluntad de ataque, con laterales de fuerte presencia ofensiva y mediocampistas de buen pie, con la idea de que la pelota llegara limpia a la zona de definición.
Después de haber cumplido los objetivos en Southampton, quedó todo servido para dar el salto a un equipo que apuntara más alto. Así, en 2014 lo fue a buscar Tottenham, un club que siempre se quedaba en las orillas de la gloria y que estaba tratando de saldar las cuentas pendientes con una historia sufrida. De a poco, el santafesino erigió los cimientos para que los Spurs avanzaran hacia sus objetivos más importantes. En un campeonato hipercompetitivo, llegó a los puestos de Europa League en la primera temporada, y ya en 2016 consiguió la clasificación a la fase de grupos de la Champions League.
Pochettino desarrolló por entonces un vínculo muy especial con el cordobés Osvaldo Ardiles, protagonista de algunas de las grandes alegrías de Tottenham, cuando conquistó dos FA Cup, en 1981 y 1982, y la Copa UEFA -antecesora de la Europa League- en 1984. “Como jugador, fue un guerrero que nunca bajaba los brazos. El equipo refleja esa actitud. Me encanta como persona, no hace declaraciones rimbombantes, siempre mesurado. Se hace querer”, sostuvo sobre él Ossie, prócer del equipo londinense, en una entrevista con el diario El País de España en 2017.
En 2019 llegaría el punto más alto de su ciclo en Tottenham, que paradójicamente está a la vez asociado a una de las grandes frustraciones de su carrera. Después de lograr el subcampeonato de la Premier en 2017 y el tercer puesto en 2018, al año siguiente consiguió acceder a la final de la Champions League, una hazaña para un club que nunca había podido meterse ni siquiera entre los cuatro primeros de la competición continental más importante. Pero la caída 2-0 en Madrid ante Liverpool terminó con la ilusión. “Estuve 10 días en mi casa y no quería salir. Mi familia trataba de levantarme, pero estaba tan dolida como yo", admitió poco después Pochettino al periódico inglés Evening Standard. Y afirmó que esa frustración, junto con el Mundial 2002, fueron “los dos peores momentos” de su vínculo con el fútbol.
El cimbronazo fue duro también para la dirigencia de Tottenham, que a fines de 2019, sin mayores sentimentalismos, decidió dar por finalizado el vínculo. Al cabo de un 2020 especial, atravesado por la pandemia del Covid-19, PSG fue a buscar a Pochettino con la idea de conseguir ese trofeo continental que se le negaba. Le tocaba al DT administrar un vestuario de estrellas, en el que se destacaban sus compatriotas Ángel Di María y Leandro Paredes, el brasileño Neymar y el vasco Ander Herrera. Tantos nombres no alcanzaron para romper la maldición: la Champions volvió a ser esquiva en 2021, cuando Manchester City cerró el camino en semifinales, y en 2022, cuando ya estaba en el plantel Lionel Messi, y Real Madrid le arrebató de las manos en octavos de final una eliminatoria increíble.
PSG significó para Pochettino conseguir los primeros títulos de su carrera, aunque las coronaciones en Francia (una Liga, una Copa y una Supercopa) tuvieron sabor a poco para un club que buscaba obsesivamente la gloria europea, y en 2022 la dirigencia decidió finalizar el vínculo. Un año después de la despedida, llegó la posibilidad de revancha en la Premier League de la mano de Chelsea, pero otra vez los resultados estuvieron por debajo de las -muy altas- expectativas, y el ciclo se cerró al terminar la temporada.
Estados Unidos y el gran desafío en el Mundial 2026
No tuvo que esperar mucho para recibir una nueva oferta, que esta vez vino de la mano de la primera chance de ser entrenador de un seleccionado. Los caminos de Estados Unidos y de Pochettino se cruzaron en septiembre de 2024. Los norteamericanos habían decidido cortar su vínculo con Gregg Berhalter luego de una importante decepción en la Copa América que organizaron, cuando quedaron eliminados en la fase de grupos al finalizar terceros detrás de Uruguay y Panamá.
Le tocará a Pochettino buscar que Estados Unidos termine de quebrar sus barreras y deje para siempre de ocupar el papel de principiante en el mundo del fútbol. Ese rol al que vuelven a empujarlo decepciones como no haber podido clasificarse para Rusia 2018 o la muy pobre actuación en la última Copa América, cuando por la localía y algunos de sus nombres podría haber aspirado al menos a las semifinales, como Canadá.
Por las dudas, el DT argentino avisó que no se conformará con menos que “ganar el Mundial” de 2026. “Del segundo -aseveró- no se acuerda nadie. Si llegas a una semifinal, a unos cuartos de final y haces un gran torneo y por factores diferentes no puedes ganar, también hay que darle crédito y mérito. Pero jugando en nuestro país, es importante pensar en grande”. Los últimos resultados en amistosos parecen darle algo de razón a su optimismo: lleva cinco sin perder, incluida una goleada histórica por 5-1 ante el Uruguay de Marcelo Bielsa, el mismo entrenador que cuatro décadas atrás le dio el primer impulso en el camino del fútbol. Razones para creer en él no faltan. Después de todo, aunque nunca volvió a jugar o dirigir en Argentina después de su partida a Europa, todos le pedirán que esté a la altura de donde viene: la tierra de los campeones del mundo.
