El largo recorrido de Néstor Lorenzo en el mundo del fútbol es el reflejo de un hombre con la puerta abierta para aprender y mejorar. Es también un camino que habla de los maestros con los que aprendió a ser un entrenador versátil, que sabe que el buen funcionamiento de un equipo es la clave para lograr los resultados que se necesitan en cualquier proyecto. Y que con esa idea madre consiguió que vuelva a las Copas del Mundo en este Mundial 2026 un seleccionado que no siempre logró que la suma del talento de sus individualidades tuviera como resultado un equipo acorde. Con ese logro, Lorenzo escribió otro capítulo de la feliz historia que une al fútbol de Colombia con el de Argentina.
Como algunas cosas no se dan por casualidad, fue con entrenador argentino, como ocurrirá en el próximo Mundial, que en 1962 Colombia hizo su esperado estreno en la cita máxima de selecciones. Adolfo Pedernera -de él se trata- había jugado en 1949 en Millonarios, donde lo apodaron El Beethoven del fútbol. Con otros compatriotas como Alfredo Di Stéfano y Néstor Pipo Rossi, el ex centrodelantero de La Máquina de River fue uno de los más destacados de ese grupo que, con la pelota contra el suelo, enseñó los secretos del fútbol a un país ávido de progresar. Bajo la conducción de Pedernera, los colombianos se llevaron de aquella presentación mundialista en Chile mucha experiencia y un punto que se festejó como un título: el 4-4 ante la Unión Soviética después de ir perdiendo por tres goles, y con el único gol olímpico de la historia de la competición, que le convirtió Marcos Coll al legendario Lev Yashin.
Todavía no se había jugado el Mundial siguiente cuando en febrero de 1966 nació Néstor Lorenzo, en el partido bonaerense de La Matanza. Del baby fútbol en el club Riachuelo saltó a las divisiones infantiles de Lanús y después a las juveniles de Argentinos Juniors, bajo la tutela de Francis Cornejo, aquel ligado para siempre a los Cebollitas y a Diego Maradona. “Él compraba una torta para cuando se jugaba el primer partido del torneo. Si empatábamos o ganábamos, se comía; y si no, la tiraba. Era una motivación extra, y encima nos decía que nunca había tenido que tirarla. En el debut le hicimos siete a Estudiantes y el que cortó la torta fue Diego, que siempre venía a ver a Lalo, el hermano, que jugaba con nosotros”, recordó Lorenzo en una nota con Olé en abril de 2003.
Pulió sus condiciones en la escuela de buen pie de Argentinos, donde se formaron talentos que deslumbraron al mundo como el mencionado Maradona, Claudio Borghi, Juan Román Riquelme y Fernando Redondo, entre otros. Ahí, en el tramo final de la formación de Lorenzo, llegó en 1982 alguien que tendría mucho que ver en su carrera como entrenador, y que ocupa un lugar central en la historia reciente del fútbol colombiano: José Néstor Pekerman.
Lorenzo, de Argentinos al mundo
Aquel Argentinos en el que debutó Lorenzo en 1985 no fue un equipo más. Ese año el equipo de La Paternal hizo historia grande al conquistar la Copa Libertadores contra América de Cali (que tenía entre otras estrellas a los argentinos Julio Falcioni y Ricardo Gareca). Lorenzo no disputó un solo partido en esa gesta del Bicho, pero se fue integrando de a poco a un conjunto que tenía al buen juego como norma irrenunciable.
Ya en 1988 se había ganado la titularidad. Y aunque la mayoría del público se impresionaba con la calidad del Negro Fernando Cáceres en la defensa o de Redondo en el mediocampo, Carlos Bilardo, por entonces entrenador de la Selección que venía de ganar en México el título de campeón mundial, detuvo en cambio su mirada en el segundo zaguero central del equipo, al que conocía desde que había jugado en el Sudamericano Sub-20 en 1985 en Paraguay.
“Un domingo que estaba suspendido, porque me habían expulsado en Argentinos, me fui a la casa de mi novia. Bilardo llamó a mi casa, me buscó y me hizo ir al Parque Avellaneda. Me hizo correr toda la tarde. Me mató”, contó Lorenzo años después sobre ese vínculo en el que -casualidad, o tal vez no- también había un nexo con Colombia: el Doctor había sido a fines de la década del 70 uno de los argentinos que ayudó a darle una mentalidad más competitiva al fútbol de ese país. El punto más alto fue en 1978, cuando en un logro histórico para Colombia condujo a Deportivo Cali a la final de la Libertadores, que perdió ante Boca. Esa campaña lo llevó a dirigir el seleccionado cafetero, aunque en ese caso no pudo lograr el objetivo de la clasificación al Mundial de España.
Bilardo llevó de a poco a Lorenzo. Primero en la Selección olímpica que llegó a los cuartos de final en Seúl 1988 y después en amistosos con la mayor. El debut en el equipo principal fue también en el 88, en un 2-2 contra una Arabia Saudita que estaba muy por debajo del nivel actual. A ese partido siguió una esperpéntica caída 4-1 contra Australia que el Narigón asumió, al menos en público, con hidalguía y hasta con elogios a algunos jugadores, entre ellos Lorenzo. “Los medios nos liquidaron a todos. ¿Y sabes qué dijo Carlos cuando volvió de la gira? ‘Sé que puedo contar con Simeone, con Lorenzo…’ ¿Sabés qué espaldarazo es ese para un jugador que está arrancando en la selección?”, comentó Lorenzo en una entrevista reciente con La Nación.
Al Narigón le entusiasmaron sus rendimientos y su compromiso, con los que se ganó la trasferencia a Bari, para jugar en la Serie A. No sólo lo incluyó en la lista de 22 para el Mundial de Italia, sino que decidió que fuera titular en el partido inaugural ante Camerún. La alegría por calzarse la casaca albiceleste ese 8 de junio de 1990 en Milán contrastó con la durísima decepción que sufrieron los defensores del título al caer 1-0 contra los africanos. Lorenzo sólo volvería a ser titular en otro partido de triste recuerdo para Argentina: la caída 1-0 en la final ante Alemania, con polémico arbitraje del mexicano Edgardo Codesal incluido.
De Bilardo a Pekerman, al Mundial 2026 con Colombia
Lorenzo no volvió a ser convocado, y en el imaginario futbolero colectivo quedó, tal vez injustamente, emparentado con el gusto del Narigón. Su carrera lo llevó primero a Swindon, en la segunda división de Inglaterra, y luego a San Lorenzo, Ferro y a Boca -otra vez dirigido por Bilardo-, entre otros equipos del fútbol argentino. Cerró su carrera como jugador dentro del bajo perfil que había guardado en su carrera, y poco después empezó a estar ligado al fútbol fuera de la cancha. Fue por ese entonces cuando reapareció en su vida José Pekerman: Lorenzo se integró a su cuerpo técnico en el Sub-20 de Argentina, en un ciclo glorioso de los seleccionados juveniles.
Siempre junto a José, volvió en 2006 a vivir desde adentro un Mundial, como asistente del entrenador que había asumido en el seleccionado mayor de Argentina dos años antes. Y lo acompañó en ese viaje también cuando dio en 2012 el salto al seleccionado de Colombia, ese país al que las señales lo acercaban cada vez más. Con Pekerman vivió también la histórica clasificación a cuartos de final en Brasil 2014 y la más que aceptable actuación de 2018, cuando llegó hasta octavos pero no pudo contra Inglaterra en los penales.
En diciembre de 2020 le tocó finalmente la oportunidad de ser la cabeza de un cuerpo técnico, en Melgar, de Perú. Fue un ciclo que duró cerca de un año y medio y en el que los resultados fueron acordes a las expectativas. Por eso, y por el buen recuerdo que había dejado durante sus ciclos con Pekerman, no sorprendió que en 2022 desde la cúpula dirigencial del fútbol colombiano alguien tuviera la idea de que se hiciera cargo del seleccionado, por entonces en crisis luego de no haber podido lograr la clasificación al Mundial de Qatar.
“José me enseñó mucho. He aprendido mucho de él y el estilo puede llegar a parecer el mismo. Pero los tiempos cambian, el fútbol cambia y la metodología cambia. Vamos a armar un equipo con la esencia del estilo colombiano, pero con más intensidad y agresividad”, comentó Lorenzo en su primera conferencia de prensa como entrenador del seleccionado, como para marcar la cercanía y a la vez la diferencia que podía haber con aquella época añorada.
Lo concreto es que hasta ahora su ciclo respondió a la expectativa que los entrenadores argentinos generan en Colombia. Acarició el título en la Copa América de 2024 y consiguió con holgura la clasificación al Mundial de este año, aunque en el último tiempo hayan aparecido algunas críticas porque el equipo entró en la irregularidad.
Para Lorenzo y para Colombia, el Mundial será un tiempo de definiciones. Con la ilusión de que el equipo recupere su nivel y logre acuñar otra actuación para la historia. A esta altura, de lo poco que se puede asegurar con total certeza antes de esta Copa del Mundo, es que, como en tantos otros momentos de su historia, la confianza estará puesta en manos de un entrenador argentino. Como con Pekerman y con Bilardo. Como con Pedernera y, ahora, con Lorenzo.
