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Argentina y la maldición que necesita romper en el Mundial cuando llega como campeón

Argentina no solo buscará, el 16 de junio de este año contra Argelia, comenzar un Mundial con una victoria por primera vez desde 2014, luego del empate 1-1 contra Islandia en Rusia 2018 y la sorprendente caída 2-1 contra Arabia Saudita en Qatar 2022. Para la Selección, será la chance de romper una maldición que parece absurda y tiene que ver con lo que ocurrió cada vez que llegó a una Copa del Mundo como campeona.

Es importante aclarar, a la hora del análisis, que a la Selección históricamente casi siempre le costaron los debuts en Mundiales. Más allá del lugar común que indica que en la gran cita no hay encuentros fáciles, es cierto que en particular hay una buena cantidad de ejemplos de primeros partidos que se complicaron mucho más de lo previsto. Solo por citar algunos -además de los mencionados en el párrafo anterior-, se puede empezar en 1930, en el comienzo mismo de la historia mundialista de Argentina, con un muy sufrido triunfo 1-0 ante una Francia sin pergaminos. Más acá en el tiempo, en Suecia 1958, una caída 3-1 ante Alemania Federal fue la primera señal de alarma para un equipo que se creía más de lo que realmente era. Y en 1978, incluso cuando finalmente ganaron 2-1, los futuros campeones tuvieron que transpirar hasta el final para remontar una historia que había comenzado en desventaja contra Hungría.

Buena parte de los que alcanzaron la primera coronación para Argentina estuvieron presentes cuatro años después en España 1982. El sorteo deparó para ese certamen que todo comenzaría contra Bélgica, un rival que hasta ese entonces no decía demasiado. Pero a veces los antecedentes más lejanos no sirven para entender el presente.

Bélgica, aquel verdugo de Argentina en 1982

Los Diablos Rojos eran hasta 1982 uno de los peores seleccionados de la competición en cuanto a resultados. De los pocos, eso sí, que habían jugado los tres primeros Mundiales, pero en ellos perdieron los cuatro partidos que disputaron. Y a posteriori las cosas no salieron mucho mejor: en dos Copas del Mundo más habían obtenido una victoria -en México 1970 un 3-0 contra El Salvador, que perdió todos sus partidos-, un empate -un “heroico” 4-4 contra Inglaterra en Suiza 1954- y otras tres caídas.

Aunque llegaron entonces a España con una mediocre estadística total de 1-1-7, en el periodismo de Argentina se empezó a crear antes del debut un fantasma cada vez más grande alrededor de ese equipo que, es cierto, estaba en crecimiento. En 1980 había alcanzado la final de la Eurocopa luego de frustrar en la fase de grupos al local, Italia, y en el encuentro decisivo cayó 2-1 luego de darle dura pelea a Alemania Federal.

Mientras que el público argentino esperaba con un distendido optimismo el partido, César Luis Menotti, el entrenador a cargo de los defensores del título, advertía sobre las fortalezas de un rival que tenía en Jean-Marie Pfaff a uno de los mejores arqueros del mundo y en Eric Gerets a un defensor de excepción. En el medio acompañaba la dinámica de Ludo Coeck -un jugador que tenía presencia en las dos áreas y que moriría poco después, en 1985, en un accidente automovilístico- y en ofensiva disponía de delanteros temibles como Jan Ceulemans y Erwin Vandenbergh. Ellos eran desconocidos para casi todos los argentinos, en una época en la que no existía la oferta televisiva actual para poder ver fútbol de las diferentes ligas de Europa en cualquier momento.

Argentina vivía tiempos convulsionados por aquel entonces, en pleno desarrollo de la trágica Guerra de Malvinas. “Desde nuestro humilde puesto debemos intentar darle al mundo, a través del fútbol, una imagen cabal de lo que somos”, afirmó Menotti en conferencia de prensa antes del partido.

La Selección llegó como favorita a aquel choque inaugural el 13 de junio de 1982 en el Camp Nou. En los primeros minutos los campeones del mundo, que ahora contaban además con un Diego Maradona en plenitud a sus 21 años, estuvieron a la altura de lo esperado y dominaron el encuentro. Pero después Bélgica se empezó a animar, y a tener las mejores oportunidades. A los 19 del segundo tiempo ocurrió el gran impacto. Vandenbergh recibió un pase largo y, ante una defensa estática y un Pato Fillol que no acertó a achicarle el ángulo de remate, definió cruzado para poner el 1-0, que no se movería hasta el final.

Fue la primera vez que un seleccionado campeón del mundo perdió en el partido inaugural de un Mundial. Aquella gran sorpresa dejó muy averiada la chance de Argentina. Aunque después conseguiría la clasificación, quedó relegada al segundo puesto del grupo, detrás de Bélgica, y por tanto obligada a dirimir el pase a semifinales contra Brasil e Italia, en una misión que resultó imposible.

Ocho años después, la misma frustración en Italia 90

Después de la frustración de España y de la consagración en México con un Diego Maradona sublime, Argentina arribó otra vez a 1990 como campeón del mundo. El rival que deparó el destino esta vez para el partido inaugural en Milán fue Camerún, y de nuevo el optimismo era el sentimiento que prevalecía en el público futbolero. Se creía que no había manera de que los africanos pusieran en riesgo a los campeones del mundo.

Los antecedentes de Camerún en Mundiales para ese entonces se reducían a su participación en España 1982, que había sido más que aceptable. Se retiró del torneo invicto tras empatar sus partidos contra Perú y dos potencias europeas: Polonia, que luego se quedaría con el tercer puesto, e Italia, que se consagraría campeón. Sólo no pudo pasar a la fase siguiente por haber marcado un gol menos que Italia.

De aquel equipo, habían quedado guardados en la memoria principalmente dos nombres: el arquero Thomas N’Kono, que después del Mundial empezó una larga carrera en el fútbol español, y el delantero Roger Milla, un crack que ya desde 1977 deleitaba con su talento en la liga de Francia. Los dos iban a estar en Italia 90 aunque Milla, ya con 38 años, no era incluido entre los once titulares.

Argentina, clara favorita para el choque, otra vez se llevó una decepción tan grande como la expectativa que se había generado. La caída de la Selección aquel 8 de junio fue un plato que se cocinó con diferentes condimentos: la marcada hostilidad del público italiano, sobre todo hacia Maradona, que venía de conseguir su segundo Scudetto con el Napoli y así lastimar otra vez el orgullo de los equipos del Norte del país; un arbitraje del francés Michel Vautrot que, al ritmo del deseo de los tifosi, fue muy condescendiente con el juego brusco de los cameruneses, que aún así terminaron con dos expulsados; la poca efectividad de Argentina, que dispuso de buenas oportunidades de gol, sobre todo en el primer tiempo, pero no las pudo concretar.

A los 23 minutos del segundo tiempo, François Omam-Biyik aprovechó una combinación de errores de la defensa argentina y del arquero Nery Pumpido para marcar de cabeza, luego de un salto espectacular, el único gol del partido. “Camerún no nos ganó, lo perdimos nosotros”, afirmó Diego después, mientras que Bilardo calificó a aquel como “el día más amargo” de su vida deportiva.

Se consumó así una de las sorpresas más grandes de la historia de los Mundiales, más allá de que después los africanos mostrarían que aquel triunfo no fue casual, con la mejor actuación para un equipo africano hasta entonces, al llegar hasta los cuartos de final. La Selección, a pesar del golpe al orgullo, supo salir adelante y logró acceder a la final, aunque en esa instancia cayó 1-0 contra Alemania.

Y ahora viene Argelia, el desafío de Argentina en el Mundial 2026

A nadie en la Selección hace falta refrescarle estos antecedentes para que sepan que no se puede descuidar a ningún rival. La base del equipo actual, con el mismo entrenador, es la que en Qatar 2022 sufrió un golpe durísimo al caer en el debut 2-1 contra Arabia Saudita, en la que entre otras cosas fue la primera derrota de la Selección en los Mundiales contra un equipo asiático luego de cuatro victorias.

El comienzo esta vez será contra Argelia, un rival contra el que Argentina nunca jugó en Copas del Mundo. Si bien la historia no alcanza para explicar todo, es un equipo que de entrada demostró que no se achica ante nadie: venció 2-1 a Alemania Federal en 1982 en su debut mundialista.

Aunque no juega una Copa del Mundo desde 2014, Argelia cuenta, además de un DT experimentado como el serbio Vladimir Petković, con jugadores en todas las líneas que tienen un rol importante en sus equipos en diferentes ligas de Europa. Futbolistas como Rayan Aït-Nouri (Manchester City) en defensa y en ofensiva la joven promesa Ibrahim Maza (Leverkusen), acompañado de Mohamed Amoura (Wolfsburgo) y una enorme referencia del fútbol africano como Riyad Mahrez (ex-Manchester City, actualmente en Al-Ahly de Arabia Saudita), muestran que Argelia tiene argumentos para complicar a cualquiera.

Sea por el presente o por lo que marca la historia, todos en Argentina ya saben que no se puede descuidar a ningún rival porque en un Mundial, y sobre todo en el comienzo, cuando se están acomodando las piezas, no hay favoritismo que valga. Le tocará ahora a este plantel, que por ahora mostró que no se duerme en los laureles, tratar de romper la maldición que le legaron los anteriores campeones del mundo.