Neymar cumplió 34 años este jueves, un dato que puede resultar inquietante para quienes ven a la estrella brasileña como un adolescente eterno.
Para el jugador, sin embargo, hay otro número todavía más aterrador: el Mundial 2026 de la FIFA está a apenas 18 semanas. Eso significa que Neymar quizá tenga unas 15 semanas para ganarse un lugar en la selección de Brasil que conduce Carlo Ancelotti. Es una carrera contra el tiempo, y Neymar deberá correrla desde la línea de salida.
Levantar el trofeo del Mundial es la gran ambición que todavía le falta a la extensa, colorida y a veces controvertida carrera de Neymar. Incluso, algunos podrían verlo como su oportunidad de redención.
Puede parecer un juicio duro sobre el máximo goleador histórico de Brasil, un jugador que ganó tanto la UEFA Champions League como la Copa Libertadores y que le dio al fútbol innumerables momentos de inspiración individual. Pero en la percepción popular —y quizás también en su propia cabeza— Neymar no ha estado a la altura de todas las expectativas.
En su defensa, la vara se colocó altísima. Hace más de una década y media, Neymar inició una carrera que sería considerada una decepción si no lograba ganar tanto un Balón de Oro como un Mundial. En cuanto al primer objetivo, ese barco parece haber zarpado. Con el segundo, todavía se aferra a la esperanza de brillar en Norteamérica este verano. Ese sueño lo sostuvo durante horas de fisioterapia y entrenamientos extenuantes desde que sufrió una grave lesión de rodilla jugando para su país en octubre de 2023.
Casi dos años y medio después, todavía no hay pruebas convincentes de que se haya recuperado por completo. El regreso del año pasado a Santos se convirtió en un prolongado ejercicio de frustración.
Existe la sospecha de que, con la mira puesta en un regreso a la selección en marzo pasado, se exigió demasiado en demasiados partidos y pagó el precio. Con una lesión tras otra, Neymar nunca logró tomar impulso. Todavía puede ejecutar con precisión y peligro una pelota parada, y es capaz de ver y concretar un buen pase. Pero ¿puede dejar atrás a su marcador y desnivelar en un partido de primer nivel? Si es así, esa faceta de su juego la ha estado reservando para 2026.
En los últimos días de la temporada 2025 de la liga apareció un rayo de esperanza. Neymar postergó una operación menor de rodilla para ayudar a Santos a evitar el descenso en las tres fechas finales. ¿Los rivales? Dos equipos ya descendidos y otro que presentó suplentes. Nada, entonces, comparable con la intensidad total de un partido mundialista.
Desde entonces, se ha tratado de dejar atrás las secuelas de esa operación y volver a ponerse a punto para competir. Ya está entrenando a la par del grupo y el momento del regreso se acerca.
Por suerte para él, una reconfiguración del calendario del fútbol brasileño podría haber jugado a su favor.
Organizar el fútbol nunca ha sido sencillo en un país con el tamaño y las características de Brasil. La historia del fútbol brasileño es regional, con un campeonato separado para cada uno de los 27 estados que componen este país gigante. Pero la realidad contemporánea es nacional. A medida que la liga nacional —que en los hechos comenzó recién en 1971— fue ganando importancia, las competiciones regionales y estaduales fueron perdiendo espacio y peso. Hace 30 años ocupaban la mitad del año. Más recientemente, quedaron limitadas a los primeros meses, con el inicio de la liga nacional a comienzos de abril.
Si ese todavía fuera el panorama, el desafío para Neymar sería mayor. Con su carisma habitual y su pulido manejo comunicacional, el seleccionador Carlo Ancelotti se ha propuesto involucrarse con el fútbol brasileño local. Pero es probable que, como europeo, tenga cierto desdén por las competiciones regionales. De hecho, dejó en claro que el caso de Neymar para volver a Brasil será evaluado en función de sus actuaciones en la liga nacional. Por eso resulta clave que este año el torneo haya empezado mucho antes de lo habitual.
El puntapié inicial fue el 28 de enero. Durante un tiempo, la liga nacional se disputa entre semana, con los fines de semana reservados para una versión reducida de los campeonatos estaduales. Así, desde el comienzo mismo de su retorno, Neymar podrá mostrar argumentos en partidos significativos contra rivales fuertes.
Había expectativas de que regresara el miércoles, en la víspera de su cumpleaños, en el partido de segunda fecha como local ante São Paulo. Finalmente, no quisieron arriesgarlo y se decidió reservarlo para el fin de semana. Uno de los peligros de un campeonato estadual reducido es que cualquier club que lo encare como si fuera una pretemporada puede verse en riesgo de un humillante descenso regional. Tras siete partidos sin ganar en todas las competencias, Santos se encuentra precisamente en esa situación y espera que Neymar ayude a apagar el incendio ante rivales relativamente débiles del interior.
La verdadera batalla, sin embargo, es la liga brasileña. La tercera fecha del próximo jueves llevará a Santos al sur para enfrentar a Athletico Paranaense. Neymar podría quedar al margen de ese encuentro. El estadio de Athletico tiene césped sintético, algo contra lo que Neymar ha hecho campaña y que podría considerar un riesgo de lesión. El siguiente compromiso liguero será tras el Carnaval, como local ante Vasco da Gama, justamente el partido en el que el año pasado Neymar debió salir ayudado del campo, llorando de desesperación tras una sorprendente derrota por 6-0. Sería un escenario ideal para relanzar su carrera.
Y necesita arrancar con todo —no solo porque el tiempo apremia, sino también porque Ancelotti dejó la vara bien alta. Neymar tendrá que ganarse su lugar en la selección de Brasil. El experimentado técnico italiano ya se acostumbró a responder preguntas sobre Neymar y ha usado esas respuestas para dejar muy claras las condiciones de un eventual regreso. No habrá lugar para jugadores de lujo en la lista, ni espacio para quienes solo puedan aportar 15 o 20 minutos de manera esporádica.
“El fútbol moderno no exige únicamente talento”, dijo Ancelotti a fines del año pasado. “También exige condición física e intensidad. Si Neymar merece ser incluido, si está jugando bien y es mejor que las alternativas, irá al Mundial. Pero solo si está al 100 %, no al 80 %”.
Suponiendo que Neymar logre ponerse a punto y recuperar su mejor nivel, ¿en qué lugar del equipo podría encajar? Ancelotti divide sus variantes ofensivas en tres tipos. Están los extremos, categoría en la que Neymar no entra.
“Creo que tiene que jugar por el centro”, explicó el entrenador. “No por la banda, porque en el fútbol moderno los extremos tienen que ayudar en defensa”.
Luego están los centros delanteros clásicos, los “9” de referencia, como Richarlison, Igor Jesus y Pedro de Flamengo. Nuevamente, ese perfil no se ajusta a Neymar.
Eso deja la opción del falso 9, o lo que Ancelotti considera un híbrido entre un 9 y un 10: un delantero que juega un poco más atrás, ofrece una opción de pase a los volantes y genera alternativas para quienes van por delante. Raphinha de Barcelona podría jugar ahí. Ancelotti es claramente un gran admirador de Matheus Cunha, el delantero que más ha utilizado en su breve ciclo. Y João Pedro de Chelsea es otro candidato de peso.
La competencia, entonces, es dura y podría endurecerse aún más. Podría darse una batalla directa por un lugar en la convocatoria entre Neymar y Endrick, el fornido atacante de Real Madrid que comenzó de manera explosiva su préstamo en Lyon.
Endrick tiene apenas 19 años y el tiempo a su favor. Neymar no: tiene 34. Y es ahora o nunca para un último intento de gloria mundialista.
