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Los cambios en el fútbol: mercado de pases a bajo precio, más clubes en venta, sobrevivencia de ligas

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Jordi Cardoner, vicepresidente del club, anuncia la medida adoptada por la organización y decidida por los socios. (0:40)

La pandemia del coronavirus representa la mayor crisis que ha enfrentado el fútbol profesional en su historia. La incertidumbre con respecto a la posibilidad de que las distintas ligas puedan cumplir con el calendario de la temporada 2019-20 es apenas el comienzo; adicionalmente, el balompié no podrá volver a la normalidad durante un largo tiempo por venir.

"Solo volveremos a ver estadios llenos cuando sea seguro, y eso ocurrirá cuando contemos con una vacuna", expresó Sandra Zampa, subsecretaria del Ministerio de la Salud de Italia. Es consenso prácticamente general que nos encontramos aproximadamente a 18 meses de contar con una vacuna ampliamente disponible. Eso significa que la próxima temporada sería disputada a puerta cerrada, de llegar a jugarse.

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Mientras tanto, muchos aficionados que han perdido sus empleos se verán obligados a prescindir de sus suscripciones a televisión paga y abonos; las empresas en crisis cancelarán sus auspicios de camisetas y alquileres de palcos VIP; mientras que algunos dueños de equipos querrán abandonar el negocio del fútbol tras haber perdido cuantiosas fortunas en el resto de sus empresas. A continuación, intento esbozar el panorama para la sobrevivencia de los clubes y cómo podría desarrollarse el mercado de fichajes.

¿Desaparecerán los clubes?

Algunos equipos de la talla del Schalke 044 de la Bundesliga y el Burnley de la Premier League se encuentran bajo amenaza de quiebra. Sin embargo, existe una gran diferencia entre ver a un club declararse en bancarrota y que este colapse, sin poder volver a jugar. Muchos clubes entrarán en procedimiento de cesación de pagos durante la pandemia (como ya es el caso del MSK Zilina, siete veces campeón de Eslovaquia, y el Lokeren de Bélgica), pero eso no significa que estos clubes vayan a desaparecer. Si bien las quiebras son cosa común en el fútbol, casi nunca se oye hablar de una desaparición absoluta.

Es un hecho que la mayoría de los clubes han perdido dinero durante toda la historia de este deporte. Una cifra incuantificable de equipos, casi todos pequeños, se han declarado en bancarrota. Se produjo un total de 35 declaraciones de insolvencia en las cuatro principales divisiones del fútbol inglés entre 2003 y 2014, según indica Stefan Szymanski, profesor de economía de la Universidad de Michigan y con quien escribí el libro "Soccernomics". Como ha sido el caso de todas las crisis anteriores, son los clubes pequeños los que corren mayor riesgo en el panorama actual, especialmente al depender fuertemente de los ingresos generados en los días de partido (boletería, puestos de ventas en el estadio, mercancía oficial, etc.), en vez de contar con importantes ingresos por derechos de televisión. Si se reanuda la acción del balompié a puerta cerrada, los grandes clubes devengarán miles de millones de dólares gracias a la televisión. Pero en el caso de las divisiones menores, es el ingreso monetario generado por el espectador en persona el más importante y probablemente, será lo último que recuperen los equipos deportivos una vez que comencemos a salir de nuestros confinamientos obligatorios.

A pesar de ello, casi siempre los clubes logran sobrevivir a las quiebras. En algunas ocasiones, terminan siendo salvados por los gobiernos locales o adquiridos por nuevos dueños. Es frecuente ver a los clubes ingleses utilizar un truco conocido como "phoenixing", bautizado por el ave mitológica. Este artificio permite que la empresa dueña del club entre en cesación de pagos y después se crea una nueva persona jurídica que asuma la propiedad del club. De esa forma, el club vuelve a nacer, como el Fénix de sus cenizas.

Muchos en Inglaterra sintieron pesar cuando el Bury entró en situación de insolvencia para desaparecer el año pasado. Pero es mucho más común la experiencia vivida por sus vecinos del Bolton: Tras someterse a un proceso de liquidación, sus activos fueron traspasados a una nueva empresa y lograron seguir jugando. Incluso, puede ocurrir que el Bury vuelva a la vida, como ha sido prácticamente el caso de todos los clubes ingleses que han desaparecido en alguna ocasión, incluyendo el Aldershot Town y Accrington Stanley. El último club profesional inglés en desaparecer por completo fue el Wigan Borough en 1931. No obstante, al año siguiente fue fundado su sucesor, el Wigan Athletic.

La totalidad de los clubes ingleses ha sobrevivido a la Gran Depresión, la II Guerra Mundial, diversas recesiones, directivos corruptos, técnicos de táctica espantosa y la crisis económica de 2008. También sobrevivirán a la pandemia del coronavirus.

¿Quién puede salvar a los clubes en riesgo?

Muchos dueños de equipos, especialmente aquellos vinculados a las industrias de la hostelería, turismo o restaurantes, habrán perdido dinero y estarán poco dispuestos a ayudar a sus clubes deportivos, o se verán imposibilitados a hacerlo. Sin embargo, en el caso de países tales como Inglaterra e Italia, que permiten a casi cualquier persona adquirir la propiedad de equipos deportivos, surgirán nuevos compradores interesados. Después de todo, probablemente este sea el mejor momento para comprar un club a precio módico. La adquisición del Newcastle United por parte del Fondo de Inversiones Públicas de Arabia Saudita por un monto de 300 millones de libras esterlinas probablemente será la primera de muchas transacciones similares que veremos durante esta crisis.

El pasado lunes, ESPN informó que un grupo de financistas globales, que incluye a una importante empresa estadounidense, ofreció al fútbol inglés una línea de crédito por valor superior a los 1000 millones de libras esterlinas. Este grupo aceptaría pagos de intereses por parte de los clubes o asumiría la propiedad de una porción accionaria de los mismos. Evidentemente, estos financistas se sienten confiados de que el fútbol logrará recuperarse de la crisis.

En países como Alemania y Francia, los gobiernos locales ayudarán a rescatar a los distintos clubes. No obstante, en otros rincones del mundo futbolístico, los jugadores serán los principales salvadores. Hemos visto cómo los futbolistas ya han sido objeto de presiones para asumir recortes salariales, con el propósito de mantener sus clubes a flote. Los futbolistas no representan el grupo más acaudalado de la sociedad, pero sus riquezas tienen mayor visibilidad ante el público. En un momento durante el cual millones de personas pierden sus puestos de trabajo, los clubes intentarán someter al escarnio público a aquellos jugadores que insistan en cobrar sus sueldos por completo. Szymanski propone ofrecer a los jugadores una porción de los ingresos futuros que generará la industria del fútbol: Los clubes diferirían los salarios de hoy para pagarlos (al menos en parte) durante los años por venir, una vez el deporte se haya recuperado.

Los clubes de mayores ingresos también se verán presionados para subsidiar a los más pobres. En Alemania, los clubes clasificados a la Champions League (Bayern Múnich, Borussia Dortmund, RB Leipzig y Bayer Leverkusen) han prometido millones de euros a sus rivales más afectados por la crisis.

¿Colapsará el mercado de fichajes?

Los clubes al borde de la quiebra se verán forzados a vender sus mejores jugadores a precios de liquidación, lo que representa una oportunidad evidente para los pocos equipos con dinero a la mano para aprovechar la coyuntura. Pensemos en equipos de la talla del Ajax o Chelsea, que fueron sancionados con una prohibición a las transacciones de jugadores durante el verano pasado. El castigo del pasado ahora parece ser una bendición: estos equipos cuentan con recursos para invertir, justo cuando los precios de los futbolistas podrían colapsar. Durante las recesiones económicas, suele escucharse la máxima de "El dinero en efectivo es rey", porque cualquiera con metálico en sus bolsillos puede adquirir activos a precios módicos.

Otro dicho en épocas de recesión es "Vuelo a la calidad". Esto significa que cuando los fondos son escasos, la gente tiende a invertirlos en activos estables, evitando así la exposición al riesgo. En el mundo del fútbol, se define como "activo de alto riesgo" a un jugador talentoso con desempeño irregular e inconsistente. Los clubes solo estarán dispuestos a invertir cifras cuantiosas en esta clase de futbolistas en tiempos de bonanza. El Barcelona fichó a Ousmane Dembélé por €105 millones en 2017. Actualmente, ha trascendido que los culés confrontan dificultades para venderle por la mitad de ese precio.

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Otro giro en la trama será evidenciado por las múltiples transacciones concretadas en el transcurso del verano sin intercambio de efectivo: los clubes no querrán vender a precios de liquidación a menos que las circunstancias los obliguen a hacerlo, mientras que la mayoría de los equipos no podrá darse el lujo de comprar. El presidente del FC Barcelona Josep María Bartomeu vaticina que ocurrirán múltiples negociaciones de este tipo. (De hecho, podría producirse una transacción que involucre a su club: la única forma en la cual el Barcelona podrá hacerse con los servicios de Neymar es ofreciendo varios jugadores estrella al París Saint-Germain, porque los gigantes de La Liga española no tendrán a mano la cantidad cercana a €200 millones que aspira el PSG a cambio del astro brasileño).

También veremos una mayor cantidad de préstamos: un club solvente liberará de la contabilidad de un equipo en problemas el costoso salario de un jugador, con la posibilidad de adquirirlo de forma definitiva una vez que haya reflotado la economía del fútbol.

Cualquier club con recursos suficientes para sortear esta crisis buscará evitar vender activos altamente cotizados hasta 2021, aspirando que los precios se hayan recuperado para ese entonces. Antes de producirse la pandemia, se esperaba que la mayor transacción del verano fuese el pase de Kylian Mbappé del PSG al Real Madrid. Hoy en día, el club francés planifica retener a su joven estrella por otro año más.

Muchos jugadores que hacen vida en los niveles menores del balompié terminarán abandonando la práctica profesional de la disciplina. El riesgo es particularmente alto para aquellos veteranos relativamente bien remunerados cuyos contratos expirarán durante este verano. En el caso de futbolistas que hacen vida en ligas inferiores a las grandes de Europa, pocos de ellos habrán ganado suficiente dinero como para asumir un retiro con tranquilidad. Estos jugadores podrían terminar nutriendo las largas filas de desempleados, junto a los exempleados de tiendas oficiales de mercancía de equipos, departamentos de mercadeo, o quienes vendían hamburguesas en las afueras de las canchas durante los días de partido.

¿Cómo resurgirá el fútbol después de la pandemia?

El balompié profesional vencerá al coronavirus. Una recuperación completa requerirá de un buen tiempo para concretarse (¿quién sabe cuándo podrán volver a congregarse 60,000 personas dentro de un estadio de forma segura?), pero es sumamente probable que todos los clubes sigan existiendo para dentro de tres años.

Afortunadamente, el fútbol no requiere de mucho dinero para sobrevivir y, de todos modos, este deporte vivía el mejor momento de su historia antes de la pandemia. Los ingresos totales de los clubes del fútbol europeo para la temporada 2017-18 fueron de €28.4 mil millones, según las estimaciones de la firma de consultoría financiera Deloitte. Es probable que dicha cifra se haya incrementado durante el torneo pasado.

Imaginemos que la pandemia surta un brutal efecto a largo plazo sobre la industria, reduciendo sus ganancias a la mitad. Dicha caída solo acercaría dichos ingresos a un nivel similar al registrado durante el curso 2008-09, cuando sumaron ganancias por el orden de €15.7 mil millones (nuevamente según los cálculos hechos por Deloitte).

Los clubes lograron hacer frente a la situación en aquel entonces, como lo hicieron durante las décadas previas a la llegada de la televisión por suscripción, que catapultó los ingresos del balompié a niveles sin precedentes. Todo lo que necesitan hacer los clubes para sobrevivir es mantenerse, más o menos, dentro de lo que permiten sus recursos actuales. Si tomamos en cuenta que su mayor gasto lo representa el pago de salarios, eso significa que los futbolistas tendrán que asumir una reducción en sus ingresos.

Y por estos días, es cierto que suceden cosas peores en el mundo.