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Desde Belvedere: el adiós a un estadio

Liverpool pudo haber jugado su último partido oficial en Belvedere este sábado primero de noviembre, en la derrota ante Juventud por la fecha 14 del Torneo Clausura 2025. El Negriazul podría volver a jugar en su escenario antes de su demolición por las finales del Campeonato Uruguayo, y en fútbol femenino debiera enfrentar como local a Nacional por la décima y última etapa de la Serie Campeonato 2025.

MONTEVIDEO --- Pienso cómo se hace para despedirse de un lugar. Si es posible soltar todo lo que contiene tanto espacio, tanto verde. Si, en caso de que uno quiera, se puede tener la capacidad de desprenderse de todo lo que pasó ahí.

Pienso también que Belvedere es el primer estadio con el que nos decimos adiós. Tengo sí el incendio y posterior demolición del Cilindro Municipal, en cuyo espacio luego sucedió el imponente Antel Arena, pero en ese momento no llegué a proyectar que no iba a poder volver a aquellos rincones del Cilindro que iban a desaparecer por siempre.

Entonces entre tanta duda de cómo se hace, converso con los hinchas de Liverpool que vinieron a despedirse de Belvedere este sábado en el partido ante Juventud de Las Piedras. Les pregunto. De jugadores, de quién los trajo por primera vez, de qué les deja este estadio; y anoto.

Un señor recita de memoria la delantera de 1958. Otro me dice que llegó a venir a esta cancha cuando había domas. “Los caballos los ponían allá en la talud”.

Y brotan los nombres de futbolistas. Mario Azures, el Seco Rodríguez, el Negro Correa, Peter Méndez, Sebastián Lentinelly, Pedro Catalino Pedrucci, Alan Medina, Abel Hernández, Carlitos Macchi, Emiliano Alfaro, Marcelo Tejera.

Y este sábado diría que vinieron todos. El abuelo Gregorio, Mario, Martín, Paula, Líber, el Nico. Y si están ellos también están los que estuvieron, porque si está el Tonga está el Toño y así con cada uno. Y están los que alguna vez fuimos porque, como se expone en la película Tren nocturno a Lisboa, al irnos de un lugar ‘dejamos atrás algo de nosotros mismos, permanecemos ahí a pesar de habernos ido, y hay cosas de nosotros que sólo podemos encontrar de nuevo cuando regresamos’.

Por eso también me preguntó qué pasará con todo eso una vez que Belvedere sea demolido y comiencen las obras, que durarán cerca de 18 meses, para levantar el nuevo escenario.

Me pregunto dónde se guardarán las atajadas de Seba Britos contra Peñarol en aquella final de 2023, estas últimas corridas de Kevin Amaro, el pienso del Tofi Figueredo, aquel día que el Teto Goñi atajó un penal, las definiciones del Colo Ramírez.

Las canciones elegidas por el musicalizador/voz del estadio, la nula visibilidad de la tribuna visitante, el tablado, la cancha de básquetbol, la cantina de las jugadoras, las recientes visitas de Marcelo Bielsa, los globos, la familia en la azotea ahí en la casa de Carlos de la Vega, los poco entendibles reproches a Papa, Bava o Méndez, las crónicas de Agustín en la vuelta a Primera.

“¿Qué me deja Belvedere? Toda mi vida acá. Soy socia desde el año 1943. Es el barrio y es esto que se nos va”, me dice una señora. Otro me cuenta que es de Fray Bentos y le consulto por qué Liverpúl. “Inexplicable”.

Santino, que tiene nueve años y que le gusta ubicarse detrás del arco, me promete que va a volver cuando se inaugure el nuevo estadio. Sigo preguntando sobre jugadores y otro niño reflexiona: “Aunque en realidad si me decís Belvedere, pienso mucho más en Liverpool o en la casa de mis abuelos porque viven por acá”.

Quien ahora es padre recuerda cuando era mascota. “Es la segunda casa, y a veces la primera”.

“Liverpool es una gran familia, es parte de lo que construimos como club. Belvedere siempre va a ser nuestro orgullo por más que fuera una cancha humilde y de barrio, por más que lo que se viene sabemos que será mejor. Todos vinimos a despedirnos de la cancha que nos dio tanto, que vio a tantos hinchas pasar por acá, amigos, hermanos, abuelos que ya no están, mucha gente que le dio mucho al club. Es amor y familia”.

Ella me asegura también que, sin importar el lugar que elijas, siempre conocés a la gente que tenés alrededor.

Pienso que con los vecinos de tribuna también somos testigos recíprocos de lo que alguna vez fuimos. Alguien en Belvedere recuerda a Fermín, pero no a este periodista, sino al Fermín niño que le preguntaba a su papá si Liverpool estaba ganando, y si la respuesta era positiva contestaba qué bien y seguía jugando a la pelota.

“Mis sentimientos están en tantos días y noches acá, en el viejo Belvedere”, dice un veterano. Y a la última hincha se me ocurre preguntarle qué le diría a Belvedere. “Te amo”, contesta.

Y entonces, reflejo de aquello de que uno termina queriendo a los clubes porque quiere a las personas que quieren a esos clubes, como comentó alguna vez el Bigote López, comprendo que Belvedere seguirá estando. Y así todo el resto.