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Seis años después: El primer partido de Godín como capitán uruguayo

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La forma de capitanear de Godín: "Soy el mismo de siempre" (2:24)

Diego Godín explicó las normas de convivencia de la selección uruguaya que marcan los valores del grupo (2:24)

Uruguay debutó en el Mundial de Brasil con una dura derrota frente a Costa Rica por 3 a 1. El resultado dejaba a la Celeste en una situación complicada, sin margen de error, ya que debía ganarle a Inglaterra y a Italia para avanzar a octavos de final. De lo contrario, la Copa del Mundo se acababa para la selección. Para peor, en el partido frente a Costa Rica, Diego Lugano terminó lesionado de su rodilla izquierda. El capitán amaneció al otro día muy dolorido y por más que lo intentó tanto como pudo no pudo seguir disputando el torneo.

La ausencia de Lugano precipitó un hecho que se veía venir: la cinta de capitán pasaba al brazo de Diego Godín. “Un día antes del partido, el Maestro dio el equipo, y en ese momento dijo que el capitán iba a ser yo. Me dio mucha alegría, me sorprendió pero también me generó esa responsabilidad que implica ser el capitán, más en un Mundial y más con todo lo que transmitía el capitanato de la Tota”.

Al otro día, la selección se jugaba su futuro en el Arenas do Corinthians en San Pablo frente a Inglaterra. Al llegar al vestuario, Tabárez llamó a Godín y le dijo: “Va a llevar la cinta de capitán y eso no debe cambiarle absolutamente nada en su forma de jugar. No tiene que hacer nada más que lo que ya tenía que hacer en la cancha”. Las palabras del maestro le dieron tranquilidad a Godín. “Fue una charla que ayudó mucho”.

Los jugadores se vistieron, fueron a realizar el calentamiento dentro del campo de juego y al volver al vestuario para ponerse la camiseta uruguaya, Godín se puso por primera vez la cinta en su brazo derecho. Una cosa fue imaginarlo, soñarlo, y otra que se hiciera realidad.

“El momento en que uno pasa a ser capitán de la selección es inigualable. Para mí, llegar a ser capitán de la selección fue un orgullo impresionante y una responsabilidad tremenda. No fue nada fácil tomar las riendas de una selección en la que tenía referentes a los cuales tenía al principio como ídolos, cuando era más chico o cuando miraba la selección de afuera; que después tuve de compañeros y me hice amigo de muchos de ellos, y después intentar pasar a ocupar una posición que veía lejana”.

Un poco por los nervios de la primera vez, mucho más por el respeto y la admiración que sentía hacia su predecesor, Godín no hizo ese día la arenga de los capitanes. “Ese ritual que siempre hacemos, ese día le pedí a la Tota que lo hiciera. Porque estaba en el plantel y me pareció correcto que se encargara de la arenga ese día”. Quiso el destino que el primer partido del nuevo capitán fuera épico. Los dos goles de Luis Suárez, que reaparecía tras la operación de meniscos que tuvo en vilo al pueblo futbolero antes del Mundial, le devolvieron a la selección las esperanzas de continuar en el torneo.

Godín lideró el cambio generacional después de la Copa en Brasil. Lugano, Diego Forlán, Sebastián Eguren, Sebastián Abreu, Andrés Scotti y Diego Pérez, dejaron la selección. “Cuando se fueron todos los compañeros referentes, los que conducían el grupo, era difícil pasar a ocupar esa posición y liderar, ser el capitán de muchos compañeros con los cuales compartí la Sub-20, que tomábamos el ómnibus en el estadio para ir a entrenar juntos. Era una transición complicada, sobre todo para mí internamente, en mi cabeza”.

Durante años, Godín se dedicó a observar, escuchar, preguntar, aprender de los más grandes. En el vestuario, en las concentraciones, en el Complejo Uruguay Celeste, estuvo cerca de aquellos que guiaban al grupo. Esa postura lo preparó para cuando le llegara el momento. “Es verdad que a veces uno tiene un liderazgo natural, que puede ser por generar simpatía, por ser querido dentro de un grupo, por ser respetado. Y después, estoy convencido de que muchísimas cosas se adquieren y se aprenden observando, escuchando, teniendo al lado compañeros que te ayudan y te hacen crecer”.

Como capitán, Godín se niega a imponer las cosas. “El mejor liderazgo, la mejor capitanía se hace convenciendo a tus compañeros con el ejemplo, mostrando con hechos y siendo como uno ha sido hasta ahora. Con muchos compañeros –como el Cebolla [Cristian Rodríguez]– nos conocemos desde hace más de 10 años. Te imaginás que la relación que tenemos es de amistad, y yo sigo siendo el mismo que era cuando me conocieron en la Sub-20”.

El modelo, que viene desde la época de Lugano, es que el capitán predica con el ejemplo. Esa es una costumbre que se mantiene. Lo mismo que las reglas generales dentro del plantel. “El que viene a la selección ya sabe cuáles son las normas, a qué ambiente viene. Y desde el Maestro hasta el cocinero saben cuáles son las formas de convivir y cuáles son las reglas de juego dentro de la selección. La gente que viene empieza a adquirir esos valores, nosotros somos los primeros en intentar mostrarlos y transmitírselos”.

No importa qué rol se cumpla dentro de la selección. Si hay que agarrar una bolsa de pelotas o de zapatos, si hay que limpiar algo, si hay que cargar los bidones de agua, todos están dispuestos. “Son detalles que por ahí no se ven en otras selecciones, pero sí en la de Uruguay”. Algo similar sucede a la hora de la comida. El plantel se levanta a servirse. “Esas cosas van formando los valores del grupo y lo que siempre se hizo, que son pequeños detalles que la gente no ve, pero que son importantes para nosotros como grupo”. Godín está convencido que esas prácticas afianzan las convicciones. “Sirve muchísimo, ayuda a fortalecer al grupo y a la convivencia y refuerza los lazos que tenemos dentro de la selección”.

*Extracto del libro Nuestra Generación Dorada (2018)