Los duendes no existen pero...

A propósito de los altibajos que demostraron los participantes de dos torneos jugados recientemente en los Estados Unidos, saqué a relucir una teoría que acuñé años ha, cuando empezaba a cubrir este gran deporte: en las canchas habitan duendes

Para mí, en las canchas de golf habitan duendes y se divierten con sus travesuras. No estoy demente. Si me permiten se los voy a explicar.

Un día, en enero de 1979, en el diario La Nación me dieron la misión de cubrir un torneo de golf que jugaban el veterano Roberto De Vicenzo y el joven Vicente Fernández. Me encantó el deporte y me encantaron los profesionales, por la pasión y la entrega sin límites, que inclusive me llevaron a expresar: "El profesional de golf es el mejor de los aficionados". Me encantó el ambiente, el marco de la naturaleza y, desde entonces, fui un fiel caminante de las canchas siguiendo cientos de torneos.

Observando aprendí mucho. Por ejemplo, que el golfista se asemeja al pescador a la hora de relatar su actuación. Cuando emboca un putt la distancia siempre es mayor a la real y, cuando lo falla, la medida se acorta ostensiblemente.

EN BUSCA DE RAZONES LÓGICAS
Pero, lo más importante en ese momento de descubrimiento fue advertir que en el golf existen hechos carentes de explicación, por más que los especialistas le busquen la vuelta.

"Había conseguido tres birdies, de repente algo empezó a fallar en el swing, dejé de poner la pelota en los fairways y desde el rough los bogeys se sucedieron", es común escuchar en declaraciones. Y también: "Venía jugando muy bien los greens, pero los tres putts del 8 me frenaron y no pude embocar más".

Nadie me da razones lógicas sobre por qué de pronto un golfista pasa de ser brillante a convertirse en un desastre, o por qué se frena una muy buena labor de un hoyo a otro.

Y no me vengan con la definición de Robert Forgan, por más que sea real:
"El buen golf es un estado de ánimo"

En cambio, sí acepto de él:
"El golf es casi una ciencia, pero es un rompecabezas sin final".
"Una vuelta de golf está llena de triunfos inesperados y de golpes aparentemente perfectos que, a veces, terminan en desastre".

Ambos conceptos me permitieron reafirmar la creencia de que existen los duendes y ellos se convirtieron en los responsables en mis notas de las hecatombes o milagros de cada torneo.

VOLVIERON A APARECER
En estos últimos días se realizaron en los Estados Unidos dos importantes certámenes que seguí hoyo por hoyo a través de internet, y noté como los duendes entraban nuevamente en acción.

En San José, California, las andanzas de estos seres alcanzó niveles excepcionales y hasta Harry Potter se habría maravillado.

Fue en el Siebel Senior Classic. Escenario el Coyote Creek Golf Club. Primer día, soleado, muy baja temperatura, máxima 12 grados y mínima 7, viento del noroeste de 15 km., 28 scores bajo el par y 12 en par. Un panorama totalmente normal.

Segunda vuelta, soleado, con algunas nubes, continúan las bajas temperaturas, igual máxima y 6 de mínima, viento del sudeste de 18 km.

Pero.... ¡Los resultados cambiaron por completo! Ninguna tarjeta bajo el par y sólo tres en el par 72 de la cancha, y de las 75 restantes apenas 28 estuvieron debajo de los 77 golpes.

ESA ATROZ DIFERENCIA
¿Qué pasó para que se produjera tan atroz diferencia? Unos lo achacaron al frío, como si el día anterior no hubiese hecho frío. Otros le echaron la culpa a la rotación del viento del noroeste al sudeste.

En cambio, yo enseguida pensé en cuánto se habrán divertido los duendes. Tomé para el análisis sólo las tarjetas de los 60 primeros y me imaginé a estos seres fantásticos conversando.

"Viste, esos 60 jugaron 1080 hoyos. Consiguieron 107 birdies (casi el 10 ciento), un horror, y cometieron 345 bogeys, 57 doble bogeys, 7 triple bogeys y 2 cuádruples bogeys (cerca del 40 por ciento), una barbaridad. Estuvimos geniales... Jajajajaja".

"Pará. Brindemos con este buen whisky escocés. No me puedo sacar de la mente lo que le hiciste a Hale Irwin El rey de los veteranos, primero del ranking, que venía de ganar, que estaba octavo. Jajajajaja.... Siete bogeys y ningún birdie. Fue la primera vez que lo vi despeinado y, también la primera vez que lo vi perder la serenidad. Ja... Ja..."

Las condiciones para la tercera jornada se presentaron más horripilantes que en las dos anteriores. Lluvia, el viento del sudeste de 15 km era un témpano azotando a los jugadores, con una sensación térmica de cinco grados, con una máxima de siete y una mínima de uno.

Pero, asombrado, noté que pese a las condiciones más adversas los scores eran muy superiores. Nueve bajo el par, nueve en el par 72 y en total 45 debajo o igual a 75. Increíble.

¿Por qué mejoraron?. Los especialistas, poniendo voz de sabios, dijeron: "La lluvia permitió que los greens fueran menos corredores y le vino bien a una cancha que estaba muy seca". Mmmmm....

¿Qué pasó con los duendes? La resaca de la farra del día anterior hizo que, los que se quedaron, estuvieran muy cansados, y por eso Hale Irwin se pudo vengar con seis birdies y un único bogey.

UNA AYUDITA A LOS AMIGOS
Dije los que quedaban, porque los jefes de la banda debieron volar urgentemente a Orlando a socorrer a los habitantes del Bay Hill Club, donde estaban destrozando la cancha con resultados increíbles. En la primera vuelta, consiguieron frenar al argentino Angel Cabrera, que estaba siete bajo el par, con bogeys en el 17 y 18.

En la segunda, se pusieron delante de Tiger Woods, pero el Superman del golf los pasó por encima, con un 65 que le permitió sacar una considerable ventaja. Allí fue cuando la hermandad se reunió y llamaron a la genial barra californiana.

La adaptación no fue la deseada. Pasaron del frío a un clima de 30 grados y sol resplandeciente. Tiger llevaba 13 birdies y un bogey hasta los 36 hoyos, y a partir de allí los duendes consiguieron que presentase una tarjeta de dos sobre el par. Pero, aún así, no pudieron impedir que Tiger dejase la punta.

¿PRESIÓN, CALOR? NADA DE ESO
"¿Qué hicieron muchachos? Le redujeron el score a todos.... De los 65 bajo en par o en par que hubo en cada una de las dos primeras vueltaS, lo bajaron a 39. No destruyamos el negocio de los organizadores solamente para divertirnos. Ustedes saben que al público le gusta presenciar muchos birdies", expresó enojada la comunidad de los duendes de Bay Hill.

La respuesta de los compinches de California no se hizo esperar: "No se preocupen, mañana nos vamos a divertir sin restarles espectáculo y emoción al público".

Y así fue: el argentino Angel Cabrera arrancó con tres birdies consecutivos y se trenzó en la lucha por el tìtulo, Phil Mickilson con cinco birdies pasó al frente aprovechando un deficitario comienzo de Tiger.

En la parte decisiva, Cabrera concluyó con un bogey (15) y un triple bogey en el 18. Mickilson hizo cuatro bogeys en los últimos cinco hoyos. Tiger ganó por cuatro golpes de diferencia.

¿Qué les pasó a Cabrera y a Mickilson? No soportaron la presión o los destruyó el calor, dice la mayoría.

Yo, mientras todos buscan encontrar la razón a la sinrazón, me quedo con mis queridos duendes, su diversión y su buen whisky escocés, aunque me crean un demente.

EDUARDO ALPERÍN tiene 40 años de experiencia como periodista. Fue prosecretario de deportes del diario La Nación de Buenos Aires y cubrió los Juegos Olímpicos de Montreal 76, Moscú 80, Los Angeles 84, Seúl 88, Barcelona 92, Atlanta 96 y Sydney 2000. Actualmente es jefe de prensa del Comité Olímpico Argentino, cubre el área de prensa de ESPN Sur y es columnista de ESPNdeportes.com.

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