Con dos campeonatos al hilo y un grupo consolidado bajo el mando de Paul Maurice, el equipo de Sunrise busca el three-peat
Desde que la NHL nació en 1917, solo tres equipos han logrado encadenar tres o más Stanley Cups consecutivas. Tres franquicias en más de un siglo. Nombres legendarios como los Montreal Canadiens, Toronto Maple Leafs (en dos ocaciones) y los New York Islanders integran un club reservado únicamente para las auténticas dinastías del hockey.
Hoy, los Florida Panthers quieren ser el cuarto. Con dos campeonatos al hilo y un grupo consolidado bajo el mando de Paul Maurice, el equipo de Sunrise busca el three-peat, una hazaña que nadie ha conseguido desde 1983. Pero en la NHL, la tercera temporada siempre es la más cruel: los rivales llegan más preparados, la presión crece y el desgaste físico empieza a pasar factura.
Desde el dominio de los New York Islanders a inicios de los ochenta, ningún equipo ha podido volver a ganar tres Stanley Cups consecutivas. Lo intentaron los Oilers de Gretzky, los Penguins de Lemieux, los Red Wings de Yzerman y los Lightning de Kucherov. Todos brillaron por un tiempo, todos se quedaron cortos.
Detroit arrasó en 1997 y 1998, pero cayó al año siguiente. Tampa Bay repitió en 2020 y 2021, aunque las lesiones y el desgaste acabaron con su intento ante Colorado. En todos los casos, el tercer año fue el muro invisible que derrumbó la ilusión.
El patrón es claro: mantener la cima en una liga tan competitiva no depende solo del talento, sino de sobrevivir a la presión, al cansancio y a la complacencia.
Los Panthers están de regreso con la mira puesta en lo imposible. Actualmente se mantienen entre los tres primeros de su división y dentro del top seis de la conferencia, mostrando el mismo orden, intensidad y química que los llevó a dos títulos.
Paul Maurice ha logrado construir una cultura basada en disciplina, equilibrio y sacrificio. Pero él mismo sabe que esta temporada será diferente. En la NHL, el enemigo más peligroso no siempre está enfrente: a veces vive en el vestidor, disfrazado de exceso de confianza.
Desde 1917, solo cinco equipos han logrado un tricampeonato: los Maple Leafs de Hap Day (1947–49), los Canadiens de Toe Blake (1956–60), los Maple Leafs de Punch Imlach (1962–64), los Canadiens de Scotty Bowman (1976–79) y los Islanders de Al Arbour (1980–83). Desde entonces, nadie.
Los Oilers, Penguins, Red Wings, Lightning… todos rozaron la historia. Ninguno la escribió. Y la lección es clara: el three-peat no se gana con talento, se sobrevive con carácter.
Florida tiene las piezas, la experiencia y el hambre. Pero también carga con el peso de la historia. Un tricampeonato en esta era de paridad salarial, velocidad y exigencia física los colocaría junto a las dinastías más grandes que el hockey haya visto.
La pregunta no es si los Panthers pueden ganar otro título. Es si pueden resistir todo lo que implica perseguirlo. Y mientras la NHL sigue escribiendo su historia, la batalla por la Stanley Cup vuelve a ser imperdible.
Porque este año, más que nunca, la historia está en juego.
