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Cuando Queta Basilio superó a Amalia Hernández y María Felix

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ESPN rinde homenaje a Enriqueta Basilio en su último adiós (2:07)

José Ramón Fernández y Jesús Ochoa recuerdan la gesta de la deportista mexicana en los Juegos Olímpicos de México 1968. (2:07)

MÉXICO -- Los juegos de 1968 fueron un buen escenario que utilizó el gobierno mexicano para limpiar la imagen del país, enviar símbolos de modernidad e identidad. Bajo estos preceptos llegó Enriqueta Basilio a encender el pebetero la tarde del 12 de octubre en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria, convirtiéndose en la primera mujer que encendía el fuego de unos Juegos Olímpicos. El hecho sólo se repitió 32 años después en Sydney (con Cathy Freeman).

La idea de presentar a una mujer, en medio de un escenario internacional que pugnaba por ideas de libertad e igualdad, surgió del Comité Organizador que encabezaba el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, quien buscaba una figura que se asemejara a una bailarina de ballet para ser el último relevo de 2 mil 778 que antecedieron en el encendido de México 68. Ramírez Vázquez además pedía un par de tributos esenciales que representaran a la mujer mexicana: morena y con garbo.

La primera opción fue Amalia Hernández, fundadora del Ballet Folklórico de Bellas Artes, y estrellas del cine, como María Felix, estuvieron en la lista de opciones, pero había un problema: la condición física. La elegida tendría que dar una vuelta de 400 metros al estadio olímpico, o al menos la mayor parte de esa distancia, y luego subir más de 90 escalones hasta colocarse frente al pebetero. La opción entonces era una deportista.

Eduardo Hay, entonces director del Comité Olímpico Mexicano, invitó a Pedro Ramírez a acudir a la pista de atletismo y ahí le sugirió a una joven bajacaliforniana de 20 años, esbelta y con casi 1.80 metros de estatura. Hicieron al momento una prueba: tomar una estafeta, a manera de antorcha, y correr la pista. Queta conquistó a los buscadores de talento y se ganó su pase a la historia.

Llegado el día de la inauguración, Enriqueta Basilio se calzó sus tenis de la secundaria, del número siete, usó un short de entrenamiento y una blusa que había vestido en los Panamericanos de 1967. La corredora, especialista en 400 metros, decidió ir de blanco, una vestimenta que pasó a la historia en medio del mensaje de paz que envió el gobierno mexicano en aquella inauguración.

Basilio compitió sin mayor éxito en los Juegos Olímpicos días más tarde, pero su actuación aquella tarde del día de la raza, le permitió, como ella misma lo recordó en los festejos del 50 aniversario de los Juegos el año pasado, “nacer para el mundo el día que encendí la flama olímpica”.