El encuentro entre Cheetahs y Ulster, correspondiente a la Challenge Cup, fue suspendido a último momento debido al mal estado del campo de juego, una situación que generó sorpresa y malestar tanto en los equipos que aguardaban el inicio del partido.
La decisión se tomó tras una inspección arbitral, con Kevin Bralley a la cabeza, que determinó que el terreno de Dukes Rugby no reunía las condiciones mínimas de seguridad. Las bajas temperaturas, sumadas a heladas persistentes, dejaron el césped duro y resbaladizo, elevando de forma considerable el riesgo de lesiones para los jugadores.
Cabe destacar que la organización ya había intentado evitar la suspensión con cambios logísticos, incluyendo la modificación de la sede y el horario del partido, ya que iba a disputarse en el estadio NRCA de Ámsterdam. Sin embargo, las condiciones climáticas adversas terminaron imponiéndose y obligaron a cancelar el encuentro menos de una hora antes del kick-off.
Ahora se deberá definir cómo y cuándo se reprogramará el partido, una resolución clave para ambos equipos, que se juegan puntos importantes en la tabla y la continuidad en el certamen. Mientras tanto, la suspensión vuelve a poner en debate el impacto del clima europeo en el calendario internacional del rugby.
