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Se cumple 20 años de los "sillazos" de la Copa Davis

Hace exactamente 20 años, aquel 7 de abril de 2000 quedó grabado a fuego en las retinas de las 12 mil personas que llenaron el Parque O'Higgins de Santiago y en los millones que vieron por TV la locura desatada. Estadio cubierto, remodelado para la ocasión, con un clima hostil en exceso, más allá de ser el escenario del gran clásico Chile-Argentina por la Copa Davis. No llegaron a completarse dos singles cuando la barbarie reflejada por los hinchas, incluidos varios barrabravas, se tradujo en sillas, botellas, monedas y otros proyectiles que tuvieron como objetivo a los jugadores y simpatizantes visitantes. Así, el tenis -y el deporte- perdió en un día lamentable, que terminó siendo la página más triste de la historia de ese torneo mundial.

Diez días antes, el fútbol sudamericano había comenzado a transitar las Eliminatorias para el Mundial Corea y Japón 2002 con la goleada 4-1 como local del conjunto albiceleste, dirigido por el "Loco" Marcelo Bielsa, sobre la Roja. Ese espíritu de "revancha" tomó cuerpo en muchos chilenos que pretendían, con el 'Chino' Marcelo Ríos a la cabeza, tener el desquite a los raquetazos. Lamentablemente, ese cruce copero será por siempre recordado como "la serie de los sillazos". Sí, la misma que tuvo una violencia inusitada, donde la visita, argumentando falta de garantías para continuar el juego a puertas cerradas, como pretendían hacerlo las autoridades, abandonó. Al fin de cuentas, todo finalizó en los escritorios de la Federación Internacional de Tenis (ITF), que le dio por ganada la serie 5-0 a Chile, que a su vez luego no pudo ser local durante dos años.

La Copa Davis ya conocía de algunas historias duras, con escupitajos y hasta agresiones físicas, en especial en territorio sudamericano (en Asunción, Guayaquil, San Pablo y Santiago, por caso) en los 15 años previos, pero nunca nada parecido a ese nefasto día. La sensación de búsqueda de revancha se reflejaba en las calles y los bares, era "el" tema en cuestión en la semana previa, pero seguramente ninguna persona con buenas intenciones pensó que se iba a vivir una violencia propia de varias noches de Copa Libertadores. El deporte en cuestión, el tenis, jamás había sido noticia por algo similar, con imágenes que recorrieron el mundo... y causaron vergüenza ajena.

Y hasta el propio Ríos les ofreció disculpas a los jugadores albicelestes, ya de noche, en la cena en el Hotel Sheraton, donde se hospedaron ambos equipos. De hecho, los cantitos agresivos de la primera hora se potenciaron en el partido de Ríos, Nº1 del mundo dos años antes y en ese momento 8º, cuando el ídolo local cedió el tercer set ante Hernán Gumy (71º). Y eso que el 'Chino' había ganado los dos primeros. Por eso, no era común que lanzaran, desde distintos sectores, monedas y otros proyectiles a la cancha.

Ya con el 1-0 parcial consumado por el triunfo de Ríos, llegó un partido clave, porque Nicolás Massú (90º) pretendía dar el golpe ante un Mariano Zabaleta (21º) que era el líder visitante, justo en la semana que alcanzó su mejor posición histórica en el ranking de la ATP. Allí todo se fue desvirtuando de tal manera que el equipo chileno llegó a sufrir la pérdida de cuatro puntos porque el público cortó el juego sistemáticamente con insultos y lanzando cosas hacia Zabaleta y el público visitante, en especial desde el sector más duro, ubicado en el piso superior donde estaba el argentino. Ni la calma y cordura del capitán Alejandro Gattiker (por entonces coach de Gumy, que reemplazó a Franco Davin ya que debió irse por un problema de salud familiar), sumado al conductor anfitrión, Patricio Cornejo, pudieron frenar esos nervios y broncas desmedidos de los simpatizantes.

Con ventaja de 2-1 en sets y 3-1 en el cuarto, cuando todo indicaba que Zabaleta iba a derrotar a Massú, el argentino fue a buscar una piedra que le tiraron para mostrársela al árbitro Tony Hernández, como otra muestra cabal del descontrol generalizado. Un ball-boy se interpuso y la agarró, con la intención de esconderla, y Zabaleta lo empujó levemente. Eso hizo explotar, literalmente, la situación, viendo los fanáticos que la serie iba camino a quedar empatada. Se desató una lluvia de proyectiles y las sillas de algunos palcos empezaron a ser lanzadas a los simpatizantes albicelestes. Enseguida los carabineros empezaron a escudar a Zabaleta y Gattiker y los ayudaron a salir de la cancha, ya con un ruido ensordecedor en el estadio techado, con los repetidos cantos en alusión a las Islas Malvinas y con amenazas de más violencia.

Mientras muchos chilenos empezaron a retirarse, incrédulos ante semejante situación, los barras siguieron siendo el motor de las agresiones, hubo corridas en camino a los vestuarios y parecían no alcanzar los policías para frenar semejante caos. El que se llevó la peor parte fue Carlos, el papá de Zabaleta, ya que sufrió un corte en la cabeza por un sillazo y recibió 18 puntos de sutura. En las tribunas, los familiares, amigos y fans visitantes no sabían cómo cubrirse, hasta que se logró dispersar a los más violentos, ya cuando el tenis había perdido su batalla y la cancha estaba casi tapada de objetos de todo tipo. Sin dudas, el juez de silla dominicano fue señalado como culpable porque no supo manejar la situación al no ser más duro. Así y todo, las condiciones parecían llevar al triste desenlace conocido, que quedó marcado como la página negra y más triste de la historia de la Copa Davis.