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¿Y si no hubiese sido un sueño? Cinco escenarios para el "Dream Team", 25 años después

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A 25 años del Dream Team (1:42)

El 8 de agosto de 1992, lo único que estaba en duda antes de la final olímpica era por cuántos puntos le ganaría Estados Unidos a Croacia. (1:42)

¿Quieren sentirse nostálgicos? Excelente. Mejor aún, ¿quieren sentirse viejos? Tal día como hoy, hace 25 años, el equipo masculino de baloncesto ganó el oro Olímpico. Canonizados como “el Dream Team”, este equipo puso al baloncesto internacional de cabeza, y su impacto mundial es eterno.

El Dream Team abrió las puertas de la NBA en China, y el amorío entre el mundo y el deporte del baloncesto comenzó. Sus encuentros previos no eran partidos en sí, más bien eran ceremonias de alfombra roja en las cuales reían, galopaban y, en el caso de Toni Kukoc, asfixiaban a sus oponentes, venciéndoles por 44.3 puntos por partido, segundos tras los 53.2 puntos de la escuadra de 1956 con Bill Russell de protagonista. La canción del Dream Team es una de aquellas que todo el mundo sabe, gracias a los documentales, artículos y libros publicados en el cuarto de siglo que ha pasado desde la excursión de verano. Incluso, un grupo conformado por algunos de los nombres más legendarios de este deporte (Michael Jordan, Magic Johnson y Larry Bird) no es inmune al juego de “¿qué habría pasado si…? Es un viaje sicodélico a un universo paralelo.

¿Qué habría pasado si el equipo de Estados Unidos hubiese ganado el oro en los Juegos Olímpicos de 1988 en Seúl, Corea del Sur?

Esta es, de lejos, la pregunta más importante con respecto al Dream Team. El bronce de Estados Unidos en los Juegos de 1988 fue un momento crucial. La Unión Soviética venció a Estados Unidos 82-76 en semifinales (no contaremos el chiste de “los rusos le ganan a Estados Unidos en un juego que estos crearon"). Hasta 1988, sólo se permitían jugadores universitarios en la arena Olímpica. Eso cambió después. “Personalmente, me gustaría una mejor oportunidad de poder competir”, dijo el entrenador de Estados Unidos y entonces con la Universidad de Georgetown, John Thompson. “Estoy a favor de tener profesionales jugando en los Olímpicos”.

No todos estaban dispuestos al cambio. Bill Wall, director ejecutivo de la Asociación de Baloncesto Aficionado de los Estados Unidos, se refirió a temas filosóficos. “¿Quieren ver a los mejores jugadores ganarle a todos los demás?”. Pues bien, la respuesta fue un sonoro “sí”. En Munich, el 7 de abril de 1989, la FIBA tuvo votación 56-13 que permitió la participación de los profesionales.

Muchos, como fue el caso del secretario general de la FIBA Boris Stankovic, lo vio como “la entrada triunfal en el siglo XXI” del baloncesto olímpico. Stankovic fue proponente de permitir el acceso de los jugadores de la NBA, ya que eran los únicos prohibidos de participar. Uno de los críticos más fuertes, sin embargo, fue la propia Asociación de Baloncesto Aficionado de los Estados Unidos, que tomó dicha posición ya que tener jugadores profesionales participando eliminaba sus oportunidades de jugar.

Entonces, ¿el bronce de Estados Unidos en Seúl ’88 llevó a introducir a los NBA? Quizás no en cien por ciento, pero sin duda ayudó a un proceso ya en movimiento. Pongámoslo de esta forma: si hay algo que define a la frase de Big Sean: “Anoche perdí, pero esta noche estoy de vuelta” es el equipo de baloncesto de Estados Unidos entre 1988 y 1992. También vale la pena decir que, si Estados Unidos hubiese ganado el oro en 1988, quizás no se hubiese producido el movimiento a favor de los NBA.

Ver jugadores de la NBA en los Juegos Olímpicos es la norma hoy en día. Sin embargo, inmediatamente después de la decisión, el deseo de jugar fue un poco más de 50-50.

Superestrellas de la talla de Isiah Thomas, Magic Johnson y Karl Malone no escondían su emoción. “Iría de inmediato y pagaría por mi boleto de avión”, dijo Malone. Pero, en una encuesta de 1989, se reveló que solo 58 por ciento de los jugadores de la NBA participarían si se les diera la oportunidad. ¿El más grande en decir no? Jordan. Lo cual nos trae a la siguiente pregunta…

¿Qué habría pasado si Michael Jordan hubiese mantenido su palabra y no hubiese jugado en Barcelona ’92?

Es la hora de ponerle sal a la herida. El factor de Isiah Thomas Vs. Jordan era un asunto verdadero, un duelo con orígenes en el Juego de Estrellas de 1985, conocido en los círculos del baloncesto como “la ley del hielo”. ¿Cómo sabemos que Jordan no quería nada que ver con Thomas como compañero? Pues lo dijo él mismo. “Esa fue una de las indicaciones que se me dieron, que Isiah no era parte del equipo”, dijo en un documental sobre el Dream Team de 2012. La exclusión de Thomas sigue siendo una emocionante subtrama del baloncesto de los años 90, ya que el comité de selección estuvo dispuesto a hacer todo lo posible para conseguir que Jordan jugase, incluso sacrificando a Thomas.

El general de los Detroit Pistons no fue uno de los primeros 10 seleccionados. El comité de selección Olímpica comenzó a escoger piezas poco después del fin de los playoffs de 1991. Fue justamente en esa postemporada que los Pistons, barridos por Jordan y los Chicago Bulls en las finales de la Conferencia del Este, abandonaron el tabloncillo antes del fin del Juego 4. Thomas fue visto como el elemento esencial en uno de los más tristemente célebres episodios de mezquindad en la historia de los deportes. No obstante, con Thomas afuera, Jordan no era una pieza segura. Fíjense en esta cronología:

Abril de 1989 – Jordan dice no estar interesado en jugar baloncesto Olímpico de nuevo (ganó el oro en 1984). La idea de tener que sacrificar otro verano no le era atractiva.

Mayo de 1991 – En una de las más reveladoras entrevistas de su carrera (y una de las más olvidadas) el MVP de 1991 nuevamente expresa sus dudas a Pat Riley. La temporada fue muy larga, y participar en los Juegos Olímpicos le recortaría su tiempo de recuperación. No obstante, no cerró la puerta por completo. “La única razón por la que querría ir”, dice, en tono de semi broma, “si sentimos que no podemos ganar con el equipo que tenemos ahí”.

30 de julio de 1991 – El agente David Falk niega que dos de sus clientes, Jordan y Patrick Ewing, están indecisos con respecto a sus pasos del próximo verano.

01 de agosto de 1991 – En su primer torneo de golf competitivo en el Western Amateur en Benton Harbor, Michigan, Jordan parece matar cualquier esperanza de un sueño Olímpico. “Hay muchos profesionales que quieren jugar y, como hay muchos profesionales que no lo han hecho (yo sí) no me importa darle oportunidad a los demás”, dijo. “Es una puerta cerrada para mí”. Para los aficionados del golf que se hacen la pregunta: consiguió 85 ese día.

10 de agosto de 1991 – “Estoy trabajándolo”, dice Magic Johnson. “Hasta le dije que le daría un millón de dólares si lo hace. Pero, hasta ahora, no ha cambiado de opinión”.

25 de agosto de 1991 – Pocos recuerdan los ataques al patriotismo de Jordan debido a su negativa a participar en los Juegos Olímpicos. Tres semanas después de sus declaraciones, Jordan reconsidera, prometiendo que tomaría una decisión en los próximos días, pero dice que sería su propia decisión y de nadie más. “Nadie me fuerza a hacer lo que otros dicen o quieren”, afirmó.

4 de septiembre de 1991 – Thomas dice que, si no es invitado a Barcelona ’92 ese mismo mes, no culpará a Jordan “Si bien no puedo hablar por Michael”, dice Thomas, “puedo decir que esa rivalidad no existe”.

24 de septiembre de 1991 – El comité de selección publica los nombres de 10 jugadores invitados a formar el equipo de baloncesto masculino para los Juegos Olímpicos de 1992: Charles Barkley, Larry Bird, Ewing, Johnson, Malone, Chris Mullin, Scottie Pippen, David Robinson, John Stockton y, sí, Jordan. Jack McCloskey renunció al comité de selección por la omisión de Thomas, llamándola “ridícula”. ¿La respuesta de Jordan? “Si hubiese tenido algo que ver con la selección, hubiese escogido a mi madre y mi hermana. No tuve nada que ver con eso”. Sí, claaaaaaro.

18 de marzo de 1992 – Jordan abiertamente afirma querer jugar. Pero no hasta que le muestren la plata. El grupo Jordan no estaba contento con los derechos de mercadeo, en particular, los que tienen que ver con la camiseta oficial Olímpica con los retratos de todos los miembros del equipo. El tema no era que USA Basketball, organización sin fines de lucro, haga algo de dinero. El problema de Jordan era con la NBA buscando lucrarse. Fue un ejemplo sutil pero innegable de lo denominado por The New York Times en aquella época como “una relación en franco deterioro con la NBA con respecto al tema”. Jordan fue vehemente al decir que el dinero no era el tema que lo hacía evitar su participación. Sin embargo, “esto es un negocio”, dijo. “Esto es lo que ocurre cuando permites que los profesionales participen”.

20 de marzo de 1992 – Pues, el dolor de cabeza apenas dura 48 horas. El agente de Jordan, David Falk, confirma que habrá un acuerdo, y que Jordan jugará en el verano en Barcelona, España. USA Basketball pudo asegurar el rostro que quería desesperadamente. Sin Jordan, Estados Unidos podría haber ganado el oro casi seguramente. Pero vale la pena preguntar, ¿sería la NBA la fuerza internacional que es hoy en día si Jordan se hubiese quedado en Estados Unidos ese verano de 1992?

¿Qué habría pasado si Shaquille O’Neal hubiese sido escogido como jugador universitario del Dream Team, en vez de Christian Laettner?

Ámenlo u ódienlo (y muchos piensan ambas cosas de él), el estrellato de Laettner era innegable previo a los Juegos Olímpicos. Su hoja de vida en la Universidad de Duke estaba llena de logros: dos campeonatos universitarios nacionales al hilo, en 1991 y 1992, tres veces All-American, Más Valioso de la Final Four y Jugador Nacional del Año en 1992. Combinen eso con una de las jugadas más memorables de la historia del baloncesto colegial, y Laettner estaba en el cielo. Rodeado por talento de élite que se destacaba por encima del suyo, es muy comprensible que no haya tenido mucha acción en Barcelona ’92. Sin embargo, si quieren ganar una apuesta segura en un bar, pregunten a sus amigos quien promedió la menor cantidad de puntos en el Dream Team. Seguramente, la mayoría dirá que fue Laettner (4.8), quien luego tuvo una sólida carrera en la NBA, con un promedio de 12.8 puntos y 6.7 rebotes en 13 temporadas. La respuesta correcta, de hecho, es Stockton (2.8), ya que el futuro miembro del Salón de la Fama no actuó en los primeros cuatro partidos con una pierna rota.

Pero estamos claros. Hablamos de Shaq. En 1992, la idea era que los pívots tendrían dificultades en las líneas trapezoidales de las reglas internacionales. Eso es muy cierto, pero la idea de tener a un O’Neal de 20 años contra Angola o Alemania es una visión asesina. En serio, piénsenlo: Johnson comienza la jugada, y Jordan y Pippen a los lados de un joven y veloz Shaq con 20 añitos.

Es divertido imaginarse a un joven O’Neal haciendo quiebres rápidos en Barcelona, porque ya sabemos lo destructivo que Shaq fue con sus quiebres rápidos en Orlando con Penny Hardaway. O’Neal recibiría después su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996. Sin embargo, al cuatro veces campeón de la NBA no le agradó que fuese omitido en 1992. “Me molestó. Tenía envidia”, dijo O’Neal en 2002. “Luego entendí que yo era un jugador más explosivo y poderoso. Laettner tenía mejores fundamentos que yo”.

¿Qué habría pasado si Dominique Wilkins no se hubiese fracturado su talón de Aquiles?

El original hombre de Atlanta fue uno de los jugadores más entretenidos y queridos de la década de los 80 y hasta bien entrado el decenio de los 90. Sus 47 puntos en el Juego 7 en el Boston Garden contra Larry Bird y los Celtics en 1988 sigue siendo una de las actuaciones en postemporada más grandes de todos los tiempos (a pesar de haber terminado en derrota). Ganó dos concursos de clavadas, en 1985 y 1990. Hasta Jordan admite que a Wilkins lo robaron en 1988, cuando perdió en Chicago. “Quizás se lo hubiese dado a Dominique”, dijo Jordan años después. “Pero era mi patio, por ende, no iba a ser así”.

Wilkins es también uno de cinco jugadores con posiciones distintas a la de pivot en promediar al menos 26 puntos en una década, siendo los otros cuatro Jerry West, Jordan, Allen Iverson y LeBron James. En términos simples, Wilkins era otra cosa. El tema que afecta al legado de Wilkins es lo que hoy afecta a Chris Paul: sus equipos nunca pasan de la segunda ronda. A principios de 1992, parecía que había consenso en que Wilkins sería el onceavo profesional en ser parte del Dream Team. Desafortunadamente, Wilkins se fracturó el talón de Aquiles en un encuentro contra los Philadelphia 76ers en enero de 1992, terminando así su temporada y cualquier oportunidad que tuviese de ir a los Juegos Olímpicos. Al momento de su lesión, tenía promedio de 28.1 puntos por noche.

La historia terminó así: Clyde Drexler de Portland fue anunciado como el último jugador de la NBA en ser llamado al equipo olímpico en mayo de 1992. Wilkins eventualmente jugó en la segunda versión del Dream Team dos años después, equipo dominante por derecho propio. Pero todos nos preguntamos cómo sería recordada la carrera de Wilkins, miembro del Salón de la Fama, si hubiese ido a Barcelona. ¡Qué espectáculo acrobático hubiésemos visto con Johnson, Jordan y “la cinta de jugadas destacadas humana” en España! Es la segunda vez que no pudimos ver la unión de Magic y Dominique: Los Angeles Lakers tuvieron la oportunidad de seleccionar a Wilkins como número uno en el draft de 1982, pero decidieron tomar a James Worthy (una selección que fue muy positiva para los Lakers en los ’80).

¿Qué habría pasado si Magic Johnson no hubiese podido jugar?

Recordemos que pasaron 263 días desde el anuncio de Johnson de haber contraído VIH (7 de noviembre de 1991) y el primer encuentro olímpico de Estados Unidos en baloncesto (26 de julio de 1992). Inmediatamente después de su anuncio, la sociedad norteamericana comenzó a tomar distancia emocional de Johnson. Los anunciantes y agencias de mercadeo dejaron de utilizarlo en sus campañas. ¿Qué tan enfermo estaba? ¿Se desharía en frente de nosotros? ¿Se le debería permitir jugar al baloncesto? El debate fue uno de los más divisivos de su época.

“Si a Magic Johnson se le prohíbe participar en los Juegos Olímpicos”, dijo una carta al editor de The New York Times en febrero de 1992, “pues se debe evaluar de nuevo todos los factores de riesgo actualmente aceptados en los deportes en general”.

“Los norteamericanos siempre han considerado a nuestros atletas olímpicos como modelos para nuestra niñez, y Magic no lo es”, escribió otro epistolario. “Que utilice su energía y dinero creando un fideicomiso de varios millones de dólares a fin de pagar los gastos médicos de las mujeres que pudo haber infectado”.

El 3 de febrero de 1992, el Comité Olímpico Internacional (COI) dictaminó que los atletas con VIH podían participar. Esa misma semana, Magic Johnson no solo participó en el Juego de Estrellas de la NBA en Orlando, Florida; también se llevó el honor como Más Valioso anotando 25 puntos, nueve asistencias y una electrizante cesta de tres puntos que ha trascendido el mundo de los deportes. Johnson, obviamente, pasó a ser una de las caras más visibles del Dream Team y un amado ejecutivo, comentarista y embajador de su liga y su deporte.

Pero, ¿y si la historia hubiese tenido un curso diferente, y el COI otra opinión? No solo hubiese sido algo trágicamente inhumano. Sin atletas con VIH elegibles, no hubiésemos visto a Magic Johnson. Sin Magic Johnson no hubiésemos visto a Larry Bird ni a Michael Jordan. Sin Magic Johnson, ni Larry Bird ni Michael Jordan no hubiésemos tenido un Dream Team.

Literalmente, una decisión cambió al mundo.

Justin Tinsley es redactor de cultura y deportes en The Undefeated.