Prueba de oro

FECHA
14/07
2010
por Washington Cucurto
Diego Armando Maradona
Getty ImagesMaradona es un entrenador que debe ser controlado

BUENOS AIRES -- Finalmente terminó esta bella locura mundialista y desde nuestra posición de amantes del fútbol, con toda la objetividad posible debemos hacer un balance general que nos vendría bien a todos, anulando fanatismos, para darnos cuenta que, ya no somos lo que creemos.

A más de 48 horas de finalizada la Copa del Mundo de Sudáfrica, con la mente fría y el corazón todavía tibio. La alegría a flor de piel, por parte de españoles, uruguayos y holandeses, podemos hacer una autocrítica más que interesante.

Como todos sabemos hoy se votará la ley del matrimonio igualitario, ley que considero necesaria para el avance cultural de nuestra sociedad. Este tema eclipsó un debate necesario: ¿Maradona debería continuar en la selección nacional? Hoy se reúne con Grondona. Veremos qué sucede.

No puedo dejar de decir que, los partícipes principales de la selección nacional, junto a un sector del periodismo deportivo, son unos irresponsables de película.

La selección no puede depender de la voluntad de Maradona. Lo que expresó Messi es triste, pero es lo que se repite: "Si Diego quiere que continúe".

Un disparate, ¡un absurdo, una locura que sólo es posible en este país!

A Maradona hay que controlarlo, hacer un balance de su gestión como director técnico y si es positivo continuará, de lo contrario tendría que renunciar. Pero esto es una situación que no debería depender del antojo de Maradona, sino de la seriedad y responsabilidad de los dirigentes.

Si realmente amamos al fútbol argentino, es hora de hacer una violenta autocrítica.

No es este el tema de este comentario, sino pensar cómo le fue al fútbol sudamericano en esta Copa del Mundo. Muchos señores, recuerdo perfectamente, antes de los cuartos de final, jetoneaban que la final sería sudaca.

No tengo dudas de que tanto México, Chile, Paraguay, Argentina y Brasil hicieron un buen mundial. De hecho, en ciertos momentos de la competencia fueron protagonistas indiscutidos.

Nos ilusionamos con Chile, con Paraguay, con Argentina, creímos que el fútbol sudamericano es de los mejores (en este pelotón dejenmé agregar a México). Y de cierta manera lo es. Pero si hilamos fino, si vemos el nivel de los rivales, bueno, ante rivales más duros, nos tocó perder.

¿Qué nos pasa? ¿Falta de desorganización? Hace varias décadas que un equipo sudamericano no llega a semifinales de un Mundial (exceptuando Brasil). El último fue Argentina en 1990.

Soy un defensor y un convencido absoluto de que el fútbol sudamericano está por encima de cualquier fútbol del mundo.

Sin embargo, a la hora de los porotos nos quedamos sin nada. Hoy festejamos que llegamos a cuartos de final, que Chile salió décimo, que Paraguay estuvo a un penal de eliminar a España (suerte de campeón) y pasar a las semifinales; festejamos que Argentina salió quinto... Uruguay salió cuarto y fue como si hubiese ganado la Copa...

¿Qué nos pasa? Si nuestro fútbol, nuestros futbolistas llenan de talento las canchas europeas, si tenemos la mejor materia prima del mundo; ¿por qué la Copa la levantan siempre los europeos?

La respuesta es sencilla. Hay un partido que se gana de la cancha, pero antes hay otro que se gana afuera, en el trabajo, en un proyecto a largo plazo, en la institucionalización de la deportividad, como dice un amigo.

Tenemos los mismos problemas. Salvo Chile que encontró con Bielsa un trabajo a largo plazo, serio, con esquemas y donde los directivos acompañan en todo momento. Los demás hermanos sudamericanos nadamos en un mar a la deriva, sin nada. Terminamos llorando junto a nuestras individualidades; ponemos todas las fichas en nuestros pequeños y miserables genios que nos salvarán o nos devolverán la gloria con un acto heroico. Y estos genios terminan mojados como pichones, arrugados como cartones después de un aguacero.

Vivimos en el pasado y por eso insistimos tanto con Maradona que ha dejado de ser un salvador hace muchos años. Vivimos en una burbuja. Mientras España, después de miles de fracasos, estableció una ruta de trabajo y la sostuvo en el tiempo y ahora se ven los frutos, nosotros continuamos con este capricho de lo individual, lo falocrático, lo caudillesco y así nos va.

No somos lo que creemos, hace rato que hemos dejado de ser los mejores del mundo. Y esta sería una buena autocrítica para, con muchísima humildad (cualidad que nos falta, desgraciadamente) y trabajo en grupo, volvamos a ser los campeones de antes.

Abrazos a todos.

Diego ForlánGetty ImagesEstamos todos en este carro, y ya no pesa porque este carro resulta ser el nuestro, dicen Elvira y Ana

MONTEVIDEO -- Esta es la última mirada a este campeonato del mundo, del cual he aprendido muchas cosas. Esta es la mirada de otra mujer, esto no lo escribí yo, no llegué a tiempo y me encontré con este relato que quiero compartir con ustedes. Elvira Rovira es mi compañera de rutas poéticas y de otras miradas a las cosas de la vida. Me recibió con este tesoro, con su mirada que es la mia.

Gracias a todos por leernos, gracias por enseñarme tanto, ha sido un gusto, hasta la próxima.

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Ta. Ya estoy escribiendo.

Es lo que me corresponde hacer.

Cada uno está en el lugar que le corresponde y así el equipo se arma y la cosa funciona.

El burro por delante.
Yo estoy en casa con la estufa prendida, el fuego arde, calor y poncho.
Soy el aprendiz.

Canciller Prada está en tránsito, desde las 7 am del domingo intenta regresar a Montevideo desde Tucumán, brilló frente a 110 mil personas con todas las luces celestes en los festejos de los 200 años de tierras hermanas independientes, la escarapela argentina en el ojal, Zamba Por Vos de Alfredo y Esa Musiquita de Teresa para Mercedes. Ana entiende perfectamente el significado de binacional. Vió el partido en algún lugar remoto. La bajaron y la subieron, los aviones se rompieron, y finalmente está camino a Buenos Aires en coche con el hijo de la Negra Sosa, que bien la guíen las estrellas y que pronto vuelva a casa Esa Musiquita del Pueblo.

Queyi, nuestra castellana, ¡la madre que la parió! cubriendo el evento desde el calor veraniego de la Península Ibérica, hoy apasionada, "todajunta" y roja, campeona del mundo. Está en un tren desde algún lado hacia algún lado. Vio el partido en el camino. Nos mandamos mensajes felicitándonos. Va en viaje con un vestidito para mí. Es la espía celeste buscando las pistas del tesoro. Ojalá traiga nuevos lápices . Merecido campeonato para la madre patria, ¡enhorabuena!

A mi hoy me toca escribir la nota foto momento del mundial, la Otra Mirada de Ana, así que me remito a mostrar literalmente. Gracias Ana por la voz.

Forlan es el mejor jugador del mundial, también llega a casa mañana.
Uruguay creció. En serio.

La abuela E. decía, la humanidad está creciendo, ya no se ven tantos enanos en los circos. ¿Cómo está nuestro circo celeste? Uruguay está bastante más alto, varios centímetros diría con esta levantada general de cabeza. Clase y categoría. Erguir la espalda. For iu. For oliu. Grandeza celeste.

Y sí, nos subimos al carro, de a uno nos fuimos subiendo. Lo que sucede es que estamos todos en este carro, y ya no pesa porque este carro resulta ser el nuestro. Todos empujamos, se mueve. No hay misterio.

Yo pedí este deseo. No es gratuito.

Deseo contar una historia bonita, se lo pedí a una virgen, lo escribí en un papel, y lo colgué en el muro de los milagros, "deseo contar una historia bonita".

La tercera vez se vuelve realidad.

Este martes, el goleador del equipo vuelve a casa. Este martes vuelve nuestra selección campeona. Vamos a salir en caravana a esperarlos, a besarlos, a mirarlos a los ojos intensamente en muestra de gratitud. Ellos delinearon el cauce, seamos el río que nos acerque, la hebra dando una puntada más a la historia que nos toca.

Gracias chiquilines por este mundial, gracias por este gran pase de gol.

Aquí en casa estamos amaneciendo del letargo con viento en la camiseta, manos a la obra, cada jugador en su puesto.

"Como te acompaña y te mece, como te acaricia.. como te devuelve a la vida, esa Musiquita..."

EspañaEFE¡Qué festeje España, fueron dignos campeones!

BUENOS AIRES -- Ya lo dijo Diego Maradona, con toda la chispa de ingenio criollo que lo caracteriza: "hablemos en la cancha". Y es cierto, los grandes equipos hablan adentro de la cancha, pero más que hablar, juegan y le demuestran al mundo por qué son los mejores. Así lo hizo España con hidalguía, gran espíritu deportivo y sin traicionarse (lo más importante).

Antes de continuar quiero dejar una cuestión bien clara: no tengo dudas de que España es un auténtico campeón. Lo dice el reglamento del juego; lo ratifica su respeto por el buen juego y su pasión a la hora de buscar un triunfo. Sería un imbécil si osara quitarle méritos a este equipazo de fútbol.

Sin embargo, queridos lectores, también tengo que decir otras cosas y... que me perdonen los reyes de España y mis abuelos que fueron españoles, pero no siempre lo auténtico o lo merecido por méritos propios, es digno de las mejores tragedias y creo que esto, si no estoy mintiendo un poco, lo dijo Cervantes en alguna de sus novelas picarescas que leí en mi juventud.

¿Qué pretendo con este rimbombismo? Bueno, que reflexionemos acerca de España, un campeón en un período fatal del fútbol a nivel mundial. "La Furia" es fiel representante de un fútbol (¿y un mundo?) supercompetitivo, aburrido y efectista casi hasta la blasfemia.

Me sobra con haber visto cinco minutos jugar a Holanda para darme cuenta de que es una de las selecciones más tecnócratas (¿o tecnificadas?) que vi en mi vida. Y perdonen la rareza del término. Pero no sé cómo llamar a una selección tan extraña como ésta que no juega al fútbol. Sino que practica una tarea snob de anular, romper, molestar y lastimar las jugadas del rival.

Hay muchos periodistas en la tele que dicen que Holanda juega bien. Será al truco, en la concentración, porque estos señores al fútbol estoy seguro que no juegan.

Agradezco a Dios, en este sentido, que haya ganado España que juega un fútbol barroco y poético, muy sudamericano, un ticki ticki ticki constante que me gusta y me interesa.

Lo dije en mí nota anterior y lo ratifico: España no le llega a los tobillos a Uruguay que, según mi parecer, es el campeón moral y simbólico indiscutido. Sin embargo es España el que levantó la Copa, el que superó a los locos holandeses. Es España el que impuso su juego bonito. Por lo tanto España es el campeón real y concreto.

Pero más allá de los resultados, más allá de lo que cada uno interprete como "su" campeón moral, simbólico, de simpatías o simplemente el que ganó todos los partidos, debe quedar claro que acaba de concluir el peor mundial en la historia de los mundiales.

Muy bien, la gente que festeje en Madrid; que Casillas bese a su novia y le demuestre al mundo que los futbolistas también tienen sentimientos. Pero debemos ser concientes de que si se continúan brindando este tipo de espectáculos mundiales el buen fútbol corre grandes riesgos de desaparecer.

Uruguay, España, de a ratos Argentina y Brasil; fueron los únicos que se atrevieron a salirse del libreto. Las demás presentaciones de los equipos fueron un insulto al tremendo esfuerzo organizativo que realizaron los sudafricanos. No se entiende cómo selecciones como Corea del Norte, Italia, ¿Honduras? o Costa de Marfil y la Sudáfrica misma, pudieron jugar tan mal.

En este crisol de horripilanteces, España pudo levantar la Copa por primera vez en su historia. Como decimos de los políticos "lo mejorcito de lo peor".

Este mundial se acaba y apenas nos deja como positivos la elegancia de un jugador como Iniesta; un gran luchador como Pujol, un pescador como David Villa, para mí uno de los grandes de este Mundial. Poco, muy poco, si comparamos con el vagón de cosas malas que viene detrás.

¡Felicitaciones a La Madre Patria!

Postales mundialistasESPNdeportes.comAlgunos momentos inolvidables de Sudáfrica 2010

BUENOS AIRES -- Hoy no tengo un buen día, así que sería ideal para quejarme. De las patadas holandesas, de los arbitrajes, de la pelota. Pero no. Soy de las personas que suelen fijarse en el vaso medio lleno. Así que en este blog de ¿despedida?, voy a reflexionar sobre todo lo positivo que me dejó este Mundial 2010.

Antes que nada, felicitaciones a España y a sus fanáticos. En mi opinión, ha sido un justo campeón. Trató de jugar al fútbol siempre; tal vez le faltaron goles para hacernos un poco más felices, pero todo no se puede en esta vida, así que bien por ellos. La frutilla del postre para el deporte español.

Hurras para Forlán. Merecidísimo el Balón de Oro. "Diego es nuestra estrella y se comportó como tal. Apareció cuando tenía que aparecer", decía un uruguayo el otro día en La Celeste. Ni Messi ni Ronaldo ni Rooney ni Robben, Forlán señores. Capaz ahora lo inviten a participar de una publicidad de shampoo para la caspa...

Aplaudo también a Alemania, a los jóvenes que revitalizaron su fútbol y a Schweinsteiger, porque creo que fue uno de los mejores jugadores del Mundial, un tractor con habilidad (y él sí quería la Medalla de Bronce). Aquí aprovecho para hacer una serie de aclaraciones porque creo que mi blog sobre los deutsches se malinterpretó:
1) No odio a los alemanes.
2) No envidio a los alemanes.
3) Soy alemana igual que Klose y que Podolski: tengo la ciudadanía
4) El posteo intentó ser un punto de vista provocador y original, no un análisis futbolístico sobre el partido.
5) A los impiadosos lectores que me piden objetividad, lo lamento, pero en este blog no la van a encontrar. Les ruego que traten de aceptarlo y no agredirme.
Gracias.

Ahora volvamos a lo lindo que tuvo el Mundial.

Brasil. El primer tiempo contra Holanda... parecía que le hacían cinco. Las bicicletas de Robinho, las subidas de Maicon. Pero sobre todo, su gente. Ver un partido rodeada de brasileños no tiene precio. Brasil 2014... allá vamoooos, en auto, en avión, en colectivo o gateando, pero vamos. Esa fiesta no me la voy a perder.

El partido de Ghana contra Uruguay. Épico. La mano de Suárez; los huevos de Gyan para patear el primer penal de la serie luego de haber errado el anterior sobre la hora; la picada del Loco Abreu y el delirio celeste.

Los disfraces de los fanáticos, las caras pintadas, las banderas argentinas en los balcones, las charlas sobre fútbol con mis amigas, el llanto de Casillas, el gol de Palermo, mis inexplicables nervios en la definición por penales de Japón-Paraguay, la sonrisa de Mandela entrando ayer al Soccer City...

Seguramente me estoy olvidando de muchas otras postales, pero de lo que no me quiero olvidar es de ustedes. Gracias a todos los que me escriben por este medio y por otros. La verdad que es muy lindo recibir sus comentarios. Hace cuatro años no existía esa posibilidad. Ahora sí y la celebro.

Les propongo que me cuenten cuáles fueron para ustedes los momentos inolvidables de este Mundial. Espero que lo hayan disfrutado.

¡Hasta pronto!

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MÉXICO -- Cuando yo era chiquita, uno de los mejores consejos que recibí de mis entrenadores y que siempre me quedó grabado fue el siguiente, "Siempre trabaja en tu mejor y tu peor calidad."

España ejemplifica la manifestación de este consejo para un equipo. Como grupo, no quieres que todo el mundo tome ventaja de ti porque saben de una debilidad grande que tengas. Si sigues trabajando en tu mayor debilidad, de repente ya no lo es, y empiezas a enfocar en otra.

Y pronto, ya no ofreces ninguna avenida fácil a tu rival. España es así. ¿Si tú tuvieras que armar un equipo All-Star contra España ¿a quién elegirías?, ¿qué tipo de cualidades buscarías y qué esquema plantarías para poder vencerlo? ¿Difícil no?

Vicente Del Bosque
Getty ImagesLa labor de del Bosque con el campeón es evidente

Por otra parte, tienes, como equipo, que identificar tus cualidades más fuertes y basado en eso construir un estilo de juego para explotarlas y dejarlas salir naturalmente. Por eso, felicito a Vicente del Bosque. La mayor cualidad de España es su trabajo en equipo para tocar en espacios chicos, algo que requiere movimientos precisos por parte de los jugadores que no tienen la pelota. Por supuesto, ayuda mucho que los jugadores se conocen y que la mayoría juegan juntos casi todo el año. Países como Estados Unidos están conscientes de esto y por eso han hecho esfuerzos grandes para crecer la MLS y la popularidad de fútbol como un deporte espectáculo.

Regresando a las cualidades españolas, al final, su éxito dependió de un estilo nada egoísta. Si ganan, ganan porque todos contribuyeron en la forma que hayan definido. España lleva unos años jugando así y por fin su compromiso fue comprobado. Me agrada mucho que un equipo que sabe tocar entre todos y que tiene mucha técnica haya ganado por eso y no por jugar sucio ni con balonazos, algo que demuestra una dependencia de la fuerza, la rapidez, y del desempeño de uno o dos jugadores. Hoy el fútbol tomó un paso adelante porque un equipo, que realmente es un equipo, ganó el mundial y no por los esfuerzos de unos cuantos jugadores, sino por el trabajo de todos los que se pusieron la playera. España superó la presión de entrar al mundial como favoritos, se recompuso después de una derrota inconcebible en su primer partido, y finalmente fue de menos a más durante un mes, atravesando el camino a la gloria que les forzó chocar con gigantes como Alemania y Holanda, dos equipos favoritos a los que les ganó convincentemente.

Regalo sonrisas para:

España por su fuerza mental, por recuperarse después de una derrota vergonoza, y por mantener su orden, su estilo de juego y su compostura en los momentos difíciles.

Al pulpo Paul por dedicar su tiempo para tomar las decisiones correctas en sus pronósticos, con el mundo entero viéndole, y por haber prestado una pata a Casillas, el jugador más valioso del mundial, en mi opinión.

Vicente del Bosque. Dicen que el entrenador debe aceptar la culpa cuando el equipo fracasa, pues lo mismo debe de ser cuando gana. El equipo es un reflejo de la orientación de su líder, y durante dos años, del Bosque ha controlado y ha ganado el respeto de sus jugadores, implementando un estilo de fútbol que combina la fuerza con la finura y grandiosidad con humildad.

Uruguay v HolandaGetty ImagesHolanda festejó un triunfo que lo llevó a la final por tercera vez en su historia
JOHANNESBURGO -- Si alguna vez se han preguntado cómo sería ver a su equipo en la final de un Mundial, yo puedo decírselo. Estaba sentado en las gradas, a un paso del océano, en la gloriosa Ciudad del Cabo, el último martes a la noche. Increíblemente, me pagaban para hacer eso: mirar a mi amado equipo holandés marcarle tres goles a Uruguay, y era algo absolutamente maravilloso. Estuve tan ansioso durante todo el juego que simplemente me senté allí esperando que se terminara. Me había vuelto un fanático otra vez, y apestaba.

Hasta aquel momento había presenciado casi toda la Copa del Mundo estrictamente como periodista. La vida era un poco como ir a la oficina. Te levantabas cansado, escribías un artículo, te subías al "transporte de prensa" para ir al estadio, pasabas varias horas en el "centro de prensa", mirabas algunos fragmentos del primer partido en la TV, comías en una cantina algo parecido a la comida que servían en los internados británicos cerca de 1957, y después te congelabas en la "tribuna de prensa" durante un partido como Paraguay-Japón (0-0 aburrido, definido para el equipo sudamericano en los penales).

Digamos que sobrevivías, te subías otra vez al bus de prensa y volvías a tu hotel (que no era precisamente un cinco estrellas, digámoslo así). Yo sentía que había fanáticos alrededor podía escuchar sus vuvuzelas- pero sólo estaba presente en cuanto a mi capacidad profesional. Sólo habí visto a Holanda una vez en vivo antes del martes, en su duelo ante Dinamarca, y su victoria había resultado rutinaria y aburrida.

Cuando Inglaterra quedó eliminada, pasé algún tiempo escuchando a mis angustiados amigos ingleses Pero solo ahora recuerdo cómo se siente. No soy holandés, pero he vivido en Holanda por diez años durante mi niñez y he sido hincha de la Oranje para siempre desde entonces.

Mirar a tu equipo jugar un Mundial es como mirar a tu hijo rendir un examen que estás seguro que va a fallar. Uno conoce a sus jugadores demasiado bien como para tener fe en ellos. Por ejemplo, Khalid Boularouz, para cualquier fanático holandés, es el muchacho que se sentó en el banco del Chelsea, después se sentó en el banco del Sevilla y ahora se sienta en el banco del Stuttgart. Gio van Bronckhorst, para algunos extranjeros, puede ser simplemente el capitán de Holanda. Para los holandeses, es el envejecido lateral izquierdo sin marca de los perennes fracasos en Feyenoord. Hasta Arjen Robben, si está representando a tu país, es el hombre que nunca saca la cara en los grandes partidos. Mientras tanto, el uruguayo Diego Forlán, cada vez que tenía la pelota me parecía ser una miesteriosa e infalible fuerza de otro universo.

La otra razón por la cual la vida se vuelve pura ansiedad para los fanáticos de equipos como Holanda y para fanáticos de cada todos los equipos, de hecho- es una insistente historia de fracasos. Al final, algo sale mal. Me senté a mirar Uruguay-Holanda con toda la historia futbolística de Holanda en mi cabeza. Tuve visiones del partido ante Alemania Occidental en 1974, del duelo ante Argentina en 1978, del partido ante Brasil en 1998 e incluso del match frente a Rusia de 2008. Y no fueron los únicos traspiés que recordé.

Así y todo, de alguna manera llegamos a la final. Sí, llegamos dije: espero estar allí. Probablemente sea la única vez en mi vida que pueda ver a mi equipo desde la tribuna jugar una final del mundo. Será una experiencia horrible.

Lionel MessiGetty ImagesVos también Lio: vivamos lo nuevo y a comenzar una vez más

BUENOS AIRES -- Sábado 3 de julio, la Ciudad del Cabo nos movilizaba a todos los argentinos y también a los alemanes. Emocionados escuchábamos el himno por la radio con Víctor Hugo y sus secuaces trasmitiendo, mientras en el auto íbamos camino a casa de mi hermana, como todos estos días en que Argentina jugó.

Empezó el partido y ¡todavía en el carro! Lamenté no llegar a ver las caritas de los muchachos y escuchar el silbato oficial que da inicio al juego. Las tribunas, la previa, los lookeados, el aire y todo el ambiente mundialero me divierte mucho. Con solo diez o quince minutos me alcanza para aclimatarme pero no fue posible esta vez. No imaginaba que así sería el triste inicio de la despedida de esta ilusión.

Llegamos con mi pequeño hijo, cargando facturas, juguetes, muñeco, muñecote y muñequito; (habría que entretener al pequeño mientras el partido corría), cuando finalmente abrimos la puerta de la casa, con la sonrisa del encuentro y la juntada familiera, escuchamos el gol. ¡Guau, pensé, que arranque! Hasta que vi que eran los de camiseta negra los que festejaban. No conocía a ninguno. Eran del equipo contrario... Así comenzó nuestro último juego. Con la ilusión asesinada en nuestra cara. Con el anticipo y la astucia de hacerlo al german style y dejarnos tildados desde el minuto 3 por el resto del partido.

Que duro para mis compatriotas, el golpe letal de la contra como un baldazo de agua helada, ni cinco minutos habían pasado! La primera señal ya era clara pero lógicamente no perdí las esperanzas. Menos jugando un primer tiempo con pilas y mucho aguante.

Los chicos corrían y probablemente desde allí, sentían el peso de un país entero esperanzado y detenido en los televisores, escuchando la radio, respirando ilusión. Muchos deseos de festejo y de sentir que por fin, algo bien estamos haciendo. ¡O mejor dicho, algo bueno, por fin, nos tiene que pasar!

El entretiempo sirvió de respiro y reflexión, pero ni mate quise tomar. Cuando retoma el game Diego preocupado, rezando en sánscrito y con las estampitas escondidas rogando que no duela tanto la temible paliza venidera. Pero fue inevitable. Al ver el tercer gol ya lo sentí irrecuperable. Los que me rodearon no querían ver más el partido y yo sentí ganas de llorar, confieso. Por toda esta ilusión, por las ganas de festejar entre todos. Por celebrar un buen equipo dirigidos por un hombre que transito mucho el futbol y fundamentalmente, la vida. Casi un padre que cuido a los chicos como cachorros y que tenía esa ilusión como DT, como ex jugador y como argentino. Pero, siamo fori caro Armando...

Lo bueno fue que era sábado y recién empezaba. Un sol totalmente primaveral fue el mejor mimo climático en este golpe duro que me pesaba en el cuerpo. La brisa caliente y acogedora me invitaba a hacer jardinería en la terraza de mi casa y así lo hice. Sola con mis plantas. No quería escuchar a ningún humanoide quejarse, ni opinar, ni maldecir, ni nada de nada. Necesitaba procesar ese duelo en soledad y con la reflexión de los sentimientos encontrados.

La naturaleza me daba una lección. Hasta lo más previsible puede ser inesperado. Lo que se supone que es, puede ser una realidad distinta. Tener esperanzas puede ser no tener estrategias. Y miles de existencialismos profundos entre las macetas y el tender de la ropa.

Este mundial está terminado para nosotros. Con tristeza, claro, con la costumbre y casi el gen de desear y esperar lo que nunca aparece. Con el tango a flor de piel, llorando los buenos tiempos, los que nunca volverán o aquel futuro maravilloso que soñamos y parece inalcanzable... Pero ¿y ahora? ¿Qué queda? ¿Qué hay? ¿Qué tengo? ¿Cómo estoy?

Siento en mis pies, los borcegos que se apoyan en la madera de una casa linda que es la mia. Veo mi jardín sin hojas, aparentemente apagado, con ramas cortadas, ninguna flor. Lleno la regadera y les tiro con cuidado agua en la tierra a cada una de ellas. El sol brilla al lado mio, más que nunca en pleno invierno. La gente cabizbaja en la calle, continua caminando. La vida seguirá. Como todo lo que se cura, se aliviana y se sana gracias al tiempo. Esto también pasará. El tránsito y la aceptación de lo vivido, aunque no sea de nuestro agrado (o cubriendo nuestras expectativas...) es lo más interesante para experimentar y crecer. Es evolucionar. ¿Que estamos esperando? Vivamos lo nuevo y a comenzar una vez más. La vida es un millón de inicios.

Los encuentro en la largada.

Plantel de Uruguay
Getty ImagesEl pueblo charrúa acompañará al equipo de Tabárez

BUENOS AIRES -- Queridos lectores, ya lo vaticinó Silvina Ocampo hace 60 años: "¡Qué pronto llega lo horrible y que lentamente llega lo maravilloso".

Con esta humilde y circunstancial frase podemos ilustrar todo el gran ciclo del maestro Washington (mi tocayo) Tabarez al frente de la sorpresiva selección uruguaya. Pues le llegó lo horrible y lo maravilloso, casi al mismo tiempo.

Y por ahora, tengo que darle la razón a los especialistas que dicen que los ciclos comienzan de menor a mayor y que muchos equipos suelen explotar con toda su plenitud en el Mundial. Para que esto ocurra, el cuerpo técnico debe controlar al tiempo con cronómetro para que el equipo "no se pase" o llegue demasiado verde para los días mundialistas.

Mis palabras las puedo ratificar con dos ejemplos sensacionales. La selección de Bielsa del año 2002 que ganó todos los partidos antes del Mundial y se volvió en la primera ronda.

Caso contrario pasó con Uruguay que hizo unas pésimas eliminatorias y llegó al Mundial casi con lo justo, con lo mejor de su momento. Francamente, después de haber visto jugar a Uruguay contra la pobre e insólita Alemania, estoy en condiciones de decir que al equipo charrúa le faltaron dos partidos para consolidarse como el mejor equipo del mundo que, de hecho, lo es.

Quiero decir, si Uruguay jugara de nuevo el miércoles contra el rival que fuera, ya lo veríamos en un nivel superlativo, con un Forlán cada vez más enchufado y con un equipo completo en todas sus líneas. ¡Sorprendente!

Sí, queridos lectores, sorprendete fue la maestría de juego que ayer, le regaló Uruguay al mundo y primero a los que pensaban eran los mejores: los alemanes. Toque y toque, rapidez, muchísima entrega, talento y sorprensa arriba, un medio impecable que marcó los ritmos del partido siempre a favor de Uruguay.

Una semanita, más le faltó a Uruguay para ser campeones del mundo, no tengo la menor duda. De hecho sostengo que es mucho mejor que Holanda (lo demostró cuando jugó contra los naranjas) y ayer fue una tromba, prácticamente se llevó por delante a una más que nunca empalidecida y tirifila selección alemana.

Es así, queridos lectores, el fútbol no es una ciencia ni tiene grandes secretos: nos perdimos un campeón para ver esta tarde a dos campeones que no lo son tanto...

Uno es el cuco de Europa, España, que mejoró mucho en los últimos partidos (recordemos que clasificó por culpa de Chile más que nada), pero no exhibió un fútbol interesante y recién contra Alemania se vio a un equipo que, en el bar podemos decir "está bien, que sea campeón".

Algo parecidito le sucede a Holanda que a lo largo de esta desapasionada competencia mostró asombrosos e inexplicables puntos débiles que ni Brasil pudo aprovecharlos. En cambio, los aprovechó Uruguay, desnudándola al mundo, como queriéndonos abrir los ojos al decirnos "no son gran cosa los holandeses, son más que nada fuerza en el medio y rigurosidad casi católica a la hora de la efectividad". No tiene más. ¿Cuáles son estos puntos? Podría resumirse en un par de palabras: jugándole al toque (como de seguro le jugarán esta tarde los gallegos) Holanda se desintegra, se desmorona como una pared vieja.

Sé que a esta página acceden muchos seguidos, admiradores y chupamedias de este estilo de juego que representan estas selecciones europeas. Sé que muchos son latinoamericanos. No los entiendo, sinceramente.

Uruguay ha sido casi lo único interesante que dejó este mundial. Y merece el primer puesto. Pero como el fútbol es un deporte exitista y resultista (por eso no se permite la incorporación de la tecnología, pues desnudaría las fallas horrores humanos), es que esta tarde levantaran la Copa los mediocres, los que juegan a destruir la belleza.

Iba a hacer un comentario con respecto a Muslera, el arquero uruguayo, pero ya no tiene sentido, creo que es uno de los mejores arqueros y por él, Uruguay llegó al cuarto puesto y se quedó con el cuarto puesto también.

Un gran abrazo a todos los hermanos uruguayos, los verdaderos campeones.

Uruguay v Alemania
Getty ImagesReeditarán el duelo de cuartos del Mundial 2010

BUENOS AIRES -- Me molesta soberanamente la gente a la que "le da lo mismo". Hacer bungee-jumping o dormir una siesta no te puede dar lo mismo. Comer una pechuga de pollo sin piel o una milanesa a la napolitana no te puede dar lo mismo. Salir tercero o cuarto en una Copa del Mundo no te puede dar lo mismo.

Hoy tuve la sensación de que Alemania le daba lo mismo. Y me da bronca.

Me da bronca porque mis estadías en el país germano me habían demostrado que a los hinchas les da lo mismo. Se van a tomar veinticinco cervezas igual, ganen o pierdan. Su humor no sufrirá modificaciones de acuerdo al resultado de un partido de fútbol. Eso me quedó clarísimo en el Mundial 2006. Los aplaudo y los comprendo. No espero ni deseo que todo el mundo viva el fútbol con la misma pasión que en este rincón del planeta. Pero que a los jugadores les de lo mismo, eso sí que es nuevo.

¿Por qué no jugaron Podolski, Lahm y Klose? No me vengan con la fiebre y el dolor de espalda. Estamos hablando de tres figuras, incluidas el capitán y un tipo que estaba a un tanto de igualar a Ronaldo como máximo goleador de la historia de los mundiales y a dos de superarlo. Lahm había declarado luego del partido frente a España que no tenía ganas de jugar por el tercer puesto. Al menos, dejen que tenga la sospecha... ¿Y el cambio de arquero? Se rumorea que Manuel Neuer tenía cita con el peluquero.

En fin, les cuento que fui a ver el partido a la Celeste, por cábala. Me acompañó mi hermano. Conseguimos una mesa justo delante de la tele, en el patio. Dami se pidió un chivito y yo solo un agua mineral, no tenía hambre.

El ambiente era mucho más tranquilo que en los cuartos contra Ghana. No porque hubiera menos gente, de hecho, había más, sino por la composición; esta vez eran todas familias, que observaban el juego con suma tranquilidad. Una sola persona lucía la camiseta celeste: Nicolás, montevideano, 23 años.

Casado hace cinco con Marianela, argentina, 30 años. Se conocieron en Punta del Diablo, se casaron y ahora viven juntos acá. La tecnología les permite estar comunicados permanentemente con Uruguay. De hecho, Nicolás tiene una netbook en su mesa y mientras habla conmigo, conversa con sus padres que están en Montevideo. Los saludé por la camarita y todo.

El primer gol de Alemania llegó rápido. Algunos ya temían que se repitiera la misma historia que en 1970, cuando los germanos vencieron 1 a 0 a los uruguayos y se quedaron con el tercer puesto.

El empate de Cavani modificaba el resultado, al menos. En el entretiempo conocí a Alberto, oriundo de Rivera. "Se escribe con v corta", me aclara. "Como Diego", le digo. "Sí, como Diego, pero en realidad la ciudad lleva el nombre de Fructuoso Rivera, el primer presidente de Uruguay", me cuenta. No me llamó la atención que luego me dijera que es profesor de la UBA. Vive en Buenos Aires hace treinta años. Está casado con una porteña, Ariana, que es docente también.

Es la tercera vez que Alberto viene a este restaurant charrúa, ya se le hizo costumbre. Está muy conforme con lo que mostró el equipo en el Mundial: "Estos chicos son héroes. Jugaron limpio y jugaron buen fútbol. Por eso, ganen o pierdan, van a ser recibidos como campeones en Uruguay".

Marcia, de Montevideo, concuerda: "Lo que lograron estos jugadores es increíble: fuimos el equipo Nº32 en clasificar y ahora estamos peleando por el tercer puesto. Más no se les puede pedir".

Sin embargo, ellos querían más. Querían el bronce. El golazo de Forlán con definición de tijera de ballet parecía imponer justicia.

Pero no. El empate de Alemania me recordó el tremendo orrrr... golpe de suerte que suelen tener. El chico Jansen no lo podía creer. Cabeceó con la nuca. Y después, un festejo demasiado tibio...

El 3-2 ya me dio ganas de romper todo. Era inconcebible. No quieren ganar y ganan igual. ¡¡¡¿Por qué?!!! Estaba indignada. La última jugada del partido dolió. Merecía ser gol. Lo merecía Forlan, lo merecía el plantel, lo merecía el cuerpo técnico, lo merecían los hinchas. Pero el fútbol no es un deporte de merecimientos. Acá gana el equipo que más goles hace. ¿Les suena? Y ellos hicieron tres. Pero a diferencia del partido con Argentina, lo que me da bronca, lo que me saca, es que les daba lo mismo.

Incluso sus hinchas están disconformes con el bronce. Me acabo de meter en la web del diario Bild, que tituló: "Gracias por este Mundial muchachos". La nota tiene decenas de comentarios retrucando: "¿Gracias por qué? Por perder el Mundial" y otras tantas elogiando las virtudes vaticinadoras del pulpo Paul. Disculpen deutsches, pero creo que hoy el podio les quedó grande. Y a pedido de la gente, al menos resérvenle una medalla al pulpo.

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UruguayAna PradaSólo agradecimiento para los gladiadores celestes

MONTEVIDEO -- Perdimos. No puede ser.

Voy al diccionario.
Perder: "resultar vencido en una lucha, una competición u otro tipo de enfrentamiento."

No, no me convence. Voy de nuevo.
Vencido: "darse por vencido desistir, rendirse, renunciar,"

Repito. Desistir, rendirse, renunciar.

Esto sí que ¡NO!.

Cierro violentamente el diccionario y me quedo sumida en mis pensamientos celestes. Revivo mentalmente los últimos segundos del partido, los últimos latidos de la ilusión. ¡Qué orgullo!

Es innegable y hasta nos gana la bronca, porque los chiquilines fueron unos leones que buscaron el arco hasta el último segundo. El país entero se venía abajo empujando para que sucediera el milagro. Porque de alguna forma está en el aire la sensación de que todos estamos incidiendo directamente, entonces si yo hago fuerza y me concentro con optimismo puede pasar que se abran los mares.

Y se abrieron.

Yo soy parte de este equipo. Vos sos parte de este equipo, y vos, y vos, y vos, y todos los uruguayos que ganamos el partido de cambiar la pisada, de mover la energía del pesimismo a la acción. Sacamos la cabeza y seguimos festejando. Festejamos el hecho de sentirnos cada uno parte fundamental de un engranaje que lejos de detenerse recién está agarrando viento en la camiseta.

Tener un resultado positivo en el marcador a favor de Uruguay y clasificar a la final del mundial hubiera sido una verdadera hazaña que esta vez no se nos dio. Holanda fue una máquina a la que le hicimos un partidazo.

A otra cosa mariposa. A por el tercer puesto.

Ganamos, sí, que con esfuerzo y trabajo se puede.
Ganamos, sin duda, que el partido se juega en equipo, que el equipo es ancho y diverso, y que todos tenemos lugar, responsabilidad y compromiso.

Vuelvo al diccionario.
agradecer: Manifestar gratitud, especialmente con palabras, por un bien o una atención recibidos.

Gracias muchachos por esta felicidad celeste.

Holanda  vs  Uruguay Getty ImagesEl juego de Holanda no le mueve un pelo a nadie. Es un equipo mecanizado

BUENOS AIRES -- Francamente, no sé qué les pasa a los internautas-comentaristas mexicanos que dejan "sus profundas impresiones" (siempre en mal tono) cuando dicen que Holanda es mejor que Uruguay. ¡Sólo los europeos y algunos extraños mexicanos pueden ver esto!

Sé poco de fútbol, pero lo suficiente para entender que Holanda es un equipo ordenado, pero sumamente mezquino. Sin variantes ni sorpresas y que trabaja sobre el error del rival, esperándolo más que generándolo por sus propios méritos. Dicho en pocas palabras, Holanda será un campeón mediocre que este horrendo Mundial.

Imagínense ustedes que Holanda es el equipo más regularcito que presentó este Mundial. Estamos ante un guiño histórico. El fútbol, si continúa en esta tesitura ordinaria, puede llegar a desaparecer.

"La mal llamada Naranja Mecánica", dista mucho de ser un equipo interesante como es Brasil o pudo serlo Ghana, por momentos.

Holanda es un fiel representante de estas épocas empobrecidas en las cuales el fútbol brilla por su ausencia. Todo es mecanizado hasta el hartazgo y la presión ya aburre. Nadie tiene fantasía, ni sorpresas, ni un gramo de frescura. Estas selecciones europeas aburren por lo esquematizadas. Aburren por lo absurdo de la potencia física que se impone ante la inteligencia y el talento. El fútbol, como la vida, también puede ser de otra manera...

Que Holanda haya ganado no sé qué cantidad de partidos al tiro, no significa gran cosa realmente. Lo que se puede criticar es su estilo de juego. No puedo entender cómo muchos aficionados le dan más importancia a las estadisticas y a los resultados que al fútbol mismo. Muchachos, abramos los ojos: Holanda no juega a nada.

Sin ir más lejos, Uruguay jugó mejor, es un equipo con otro estilo, más agresivo tratando de crear sus propias situaciones, mientras que la pobre Holanda sólo se remitía a implementar su horripilante sistema de juego. Como una computadora.

Sobre el partido de semis, no tengo mucho que decir. Fue un partido malo, salvo al final que fue ganado por esa emoción desaparecida a lo largo de este mes.

No creo que Holanda sea mejor que Uruguay, línea por línea. Este equipo holandés tuvo demasiada suerte durante casi todo el torneo. Y su mayor logro radica en haber hecho funcionar casi a la perfección una manera de jugar.

Entonces la pregunta es la siguiente: ¿Pueden imponerse, como si fueran leyes, los sistemas de juego por encima del mismo juego? ¿No es todo deshumanizado, no queda acaso la vida librada a la mecanización de las instituciones? ¿El fútbol europeo no es demasiado institucional?

Holanda, al igual que Italia o Alemania, serán campeones olvidables. Es la fugacidad que producen estas épocas, donde se prioriza la chatura y lo fugaz. Cero fantasía, cero espontaneidad, cero alegría.

Ahora bien, como comencé diciendo en esta columna, no pueden dejar de sorprenderme los comentarios de algunos latinoamericanos -no sé si rencorosos o qué-, quienes ven en estas selecciones europeas el motivo de su desterrada alegría.

¿No será que tenemos las mentes colonizadas?

¡Vamos Uruguay querido, vos sos mi campeón de verdad, porque sos mi hermano, porque sos mi vecino!

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