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Jiménez y Macías, esa doble esperanza para México desde el punto cero

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Así fue el regreso de Raúl Jiménez a las canchas con los Wolves (0:18)

El atacante mexicano disputó 35 minutos ante Crewe Alexandra, después de culminar ocho meses de recuperación tras su lesión en la cabeza. (0:18)

LOS ÁNGELES -- Raúl Jiménez ha regresado a la cancha este sábado con La Jauría. José Juan Macías, tuvo minutos con Getafe. Mientras tanto, Rogelio Funes Mori trata de hacerles su chamba en la Copa Oro.

Fatalidades del futbol mexicano. Un día se regocijaba con tener a un depredador consumado en la Liga Premier, y fantaseaba con otro depredador en ciernes bajo el amparo del León. En la desmesura, la afición guiñaba con desespero hacia el Quinto Partido.

Pero, al otro día, un día cualquiera, bajo la siniestra fatalidad del infortunio, un choque de cabezas coloca entre el paréntesis y las sirenas a Raúl Jiménez. Y otro choque de cabezas bobaliconas en Chivas, coloca a J.J. Macías en el aislamiento. Entre la luz y las sombras, sólo distancia un soplido, también siniestro.

El camino es largo, penoso, para ambos, pero con una recompensa al final de la ruta. El destino les ha subastado una nueva oportunidad. Cuan dolorosa, como generosa. La desgracia abre puertas que a veces la prosperidad cierra.

Claro, hay diferencias entre las encrucijadas de Jiménez y Macías. Acaso hay sólo un común denominador: su fortaleza radica en lo invisible, en lo inmedible. Radica en el vigor y en el rigor espiritual. En la fe en sí mismos. En la fertilidad de sus gónadas.

Porque, queda claro, los dos han sido postrados, por aplastantes factores externos. La fatalidad, pues, arpía de paladar exquisito cuando de la desgracia se trata.

1.- A Raúl lo victimó y lo victimizó un cabezazo de David Luiz, cuyo cráneo debía ser objeto de estudios antropológicos y paleontológicos, y seguramente encontrarían ADN del prehistórico paquicefalosáurio.

2.- A Macías, en Chivas, le dieron tanta libertad que terminaron por montarle grilletes. El feroz jugador con el León, se volvió apacible chiva de ordeña en un establo donde pulula la mediocridad.

Ahí radica una gran diferencia. Jiménez se hizo cargo de la manada del Wolverhampton en la poderosa Liga Premier. Macías confirmó que puede ser cola de León, pero no –ni siquiera--, cabeza de un ratón rojiblanco.

Sin duda, la odisea que desafía, que reta, que azuza, a Raúl Jiménez, es colosal. Llegó a dominar los alcances poderosos de su organismo y de la exquisitez asesina del goleador. No había secretos ya, acaso los que le depararan sus propios límites.

Hoy, sin embargo, el ex americanista ha vuelto a plantarse en las faldas de su propio Everest, un Everest que ya conquistó, pero del que fue arrojado cuesta abajo.

Raúl sabe todo lo que hay que saber de su organismo al servicio del futbol. La aventura mayúscula es que su organismo vuelva a ser tan noble, tan dócil, tan dúctil, tan perfecto, tan preciso, tan estricto como llegó a serlo en una cancha de futbol.

“Mejor que nunca”, ha bromeado Jiménez reiteradamente sobre su estado físico, luciendo una diadema neumática como protección, luego de ocho meses del trágico impacto.

Los cronistas del quehacer diario de La Jauría en Wolverhampton, relatan que el delantero mexicano se ha visto sin temores en las prácticas. No rehúye los contactos, va al choque si es necesario, y lo principal es que su coordinación psicomotriz es casi perfecta. El resto se lo irá dando la cancha de futbol, conforme el jugador se lo vaya reclamando.

Juan José Macías tiene sus propios demonios, aunque, quede claro, nada que ver con el reto titánico que aguarda a Jiménez.

Digámoslo tal cual: J.J. huyó de un ambiente tóxico, de un hábitat que lo carcomía. Ya relatamos como en la serie de Chivas en Amazon, es evidente que lo convierten en el epicentro del Guadalajara. Se le hizo sentir que era más poderoso que su entrenador. Víctor Manuel Vucetich le hizo saber que era mentira. La mayor humillación la perpetró al sacar a Macías en el Clásico ante América.

En esa ecuación errónea, de los alquimistas Ricardo Peláez y Amaury Vergara, en lugar de explosión, hubo implosión.

El acto de escapismo no fue el más noble. Habló de un desgarro muscular y por eso se bajó de los Juegos Olímpicos de Tokio, pero este viernes apareció en la cancha sin molestias. Getafe contra Ibiza. Primeros escarceos. Alguien consignó en video esa primera aparición. Duró sólo minuto y medio para reseñar imprecisiones.

Tampoco será fácil para Macías. En el Getafe de Míchel no encontrará esos socios incondicionales, ni ese mentor como Nacho Ambriz, como sí ocurrió en el equipo León. Ha llegado sin fuero alguno.

Macías llega desnudo. Las investiduras de veneración que le acompañaron en México, no pasaron la aduana. Su pasado megalómano en México, es ya, puramente, un eufemismo.

Si bien su fuga desde México no tuvo nada de honorable, es inevitable reconocerle el atrevimiento de sumergirse a ciegas en la adversidad. Getafe fue como una casa hogar para niños abandonados. La mitad del sueldo, aseveran algunos, la paga Chivas, y los Azulones no son muy generosos en la paga.

Dicho está que tendrá que confrontar sus propias bravatas. Cuestionó, con legítima razón, la presencia de bultos extranjeros en canchas mexicanas. Hoy, él es un extranjero en canchas españolas. Será observado de tres maneras: con optimismo por algunos; con escepticismo por otros, y con rechazo por algunos más.

Sin duda, Macías es más afortunado que Raúl: no tiene un impactante pasado con el cual ser comparado como si lo tiene Jiménez, con el museo de logros personales en la limitada geografía de su equipo.

Macías es hoy su propio artesano. Ese barro que tanto presume, ostenta y cuida, tendrá la magnífica posibilidad de moldearlo él mismo. Si el ambiente era tóxico para él o si él era la toxicidad del ambiente, tendrá la generosísima oportunidad de demostrarlo.

Así pues, este fin de semana, el caudillo herido de la selección mexicana, y su posible heredero en la misma, comienzan una ruta ascendente, escabrosa, intensa, demandante, pero con una espléndida recompensa al final.

Mientras tanto, veladoras ansiosas parpadean en la oscura capilla del futbol mexicano. Y, mientras tanto, Funes Mori trata de hacerles su chamba en la Copa Oro.

Sí, cuan dolorosa, como generosa, la desgracia abre puertas que a veces la prosperidad cierra.