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Luka Doncic no es Darko Milicic

"El chico maravilla" se dirige a la NBA y piensa cambiar las ideas que tenemos con respecto a los jugadores importados de Europa.

Durante un tiempo, la historia de Luka Doncic parecía ser un mito: la historia de un semidiós rubio del baloncesto con poderes supernaturales en lo mental y físico, un adolescente esloveno de 6 pies, 8 pulgadas de estatura cuyo nombre se susurraba únicamente en los confines más "nerd" del internet dedicado a la NBA. Si bien sus mejores jugadas ocasionalmente se filtraban hacia este lado del Atlántico, circulando entre los obsesos del draft como si fueran mercancía de contrabando, nunca lograron despertar mayor interés aparte de esos círculos. Fuera del continente europeo, Doncic (cuyo apellido se pronuncia don-cich) seguía siendo algo abstracto, una serie de números inescrutables al lado de un nombre. Luego, durante septiembre pasado, se topó cara a cara con Kristaps Porzingis y su existencia de fábula, súbitamente, parecía sentirse como algo real.

El año pasado, las selecciones nacionales europeas se enfrentaron en el Eurobasket, torneo que alienta a los veteranos de la NBA a regresar a sus países de origen. Doncic, entonces con 18 años, formó parte del equipo de Eslovenia, comandado por el armador del Miami Heat Goran Dragic. Cuando Eslovenia se enfrentó a Letonia en los cuartos de final, Doncic y Porzingis estaban metidos en un "toma y dame". Luego, en medio del cuarto periodo, ambos cruzaron caminos y por un momento, el tiempo se detuvo. Doncic hizo un drible del balón entre sus piernas, enfrentándose al espigado ala-pívot de los Knicks como un matemático estático frente a un complejo problema escrito en un pizarrón. Porzingis extendió uno de sus largos brazos. Tras una pausa que parecía interminable, Doncic, conocido localmente como "El Chico Maravilla", corrió pasando al futuro All-Star e hizo una bandeja con una sola mano, mirando a Porzingis mientras trotaba para alejarse.

La arena explotó. "Quería matarlo", dice Porzingis entre risas, agregando que "nunca fui tan consistente" a la edad de Doncic. "No conozco otro chico europeo que juegue a un nivel tan alto".

Lo cierto es que Doncic no sólo está superando a otros adolescentes en Europa. Sobrepasa a la mayoría de los adultos, si no a todos. Firmó con el Real Madrid a los 13 años e hizo su debut en la Euroliga a los 16. Ahora, a los 19 años, tiene promedio de 22 puntos, 7.6 revotes y 7 asistencias por cada 36 minutos (hasta el 5 de abril), siendo líder de la segunda mejor liga en el mundo en la estadística de eficiencia de jugador. Cada mes, multitudes de scouts viajan hasta España, esperando recopilar nuevos datos que les ayude a calcular si el valor de Doncic realmente corresponde con el alboroto que se ha armado en torno a él. "Nuestros informes indican que se trata de la clase de chico que es muy rara", indica un ejecutivo de la NBA.

El 21 de junio, es sumamente probable que Adam Silver anuncie que Doncic ha sido seleccionado en los primeros puestos del draft. Si, tal como se espera, el "Chico Maravilla" termina entre los tres primeros, se convertirá en el primer jugador europeo en hacerlo desde que Andrea Bargnani fuera seleccionado en el primer puesto en 2006. (Porzingis, quien fuera célebremente abucheado en su selección, quedó de cuarto en 2015) Cuando esto ocurra, será inevitable que algunos aficionados protesten: recordarán los casos de Bargnani, Darko Milicic y Nikoloz Tskitishvili, esas historias que sirven de moraleja y acechan a los prospectos europeos como si fueran oscuros secretos de familia. Dirán que Doncic es "suave" y lo compararán con jugadores que superficialmente se asemejan a él. Incluso lamentarán la decisión de haberle escogido sobre un prospecto cotizado de la NCAA, incluso si, tal como lo indica Porzingis "no haya otro chico universitario que pueda sumar cifras así en un partido de Euroliga". En este momento, explica Porzingis, hay mayores expectativas alrededor de los norteamericanos.

Pero, como lo dice Porzingis, eso cambiará muy pronto.


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La final de Luka Doncic: volcadas, dolor, y festejos

La joven estrella de Eslovenia se lesionó en la final del Euro 2017 pero igualmente pudo festejar el título con el equipo.

EL EXTENSO COMPLEJO DEL EQUIPO BLANCO, denominado Ciudad Real Madrid, está ubicado aproximadamente a 14 millas al norte de la ciudad. En una mañana de lunes, los únicos que caminan por la propiedad son oficiales de seguridad. El campo está tan quieto que uno puede escuchar el sonido de las podadoras cortando el césped en las cercanas canchas de fútbol. La organización, conocida por su privacidad, protege a sus atletas del mundo exterior como si fueran las flores más preciadas de un invernadero. Sus jugadores raramente conceden entrevistas antes de cumplir los 18 años.

Luego de las prácticas, Doncic sale del gimnasio en sudadera y zapatillas Jordan, acompaado de Alyson, su publicista norteamericana y Julio, miembro del staff de comunicaciones del Real Madrid. En ropa de calle, la contextura de Doncic sorprende por lo densa. Si él hubiese nacido en Birmingham, Alabama, en vez de Ljubljana, Eslovenia, hubiese hugado fútbol americano. Se afeitó su incipiente barba surgida en los días desde su último encuentro. Sus mejillas parecen manzanas y su rostro angelical, como si fuera un niño en una pintura de la época del Renacimiento. Cuando le indico el cambio de apariencia, Doncic, quien habla inglés de forma decente (su español es impecablle), se sonroja.

"Parezco un bebé sin la barba", afirma.

Julio, vestido de blazer con una pequeña bufanda firmemente atada alrededor de su cuello, con un ejemplar con cubierta de papel de un tomo de "La Segunda Guerra Mundial" escrito por Winston Churchill, se apura a fin de mantener el paso. Doncic nos conduce a su automóvil, un Porsche Panamera azul eléctrico ("el auto más bello del mundo", bromea) con rines negros personalizados. Antes de cumplir los 18 años, edad legal para conducir en España, su madre solía buscarle tras las prácticas.

Luego de detenerse en una estación de gasolina (en donde Doncic se mete en la tienda de conveniencia y nos obsequia unas barras de chocolate Snickers), nos dirigimos hacia Madrid. Doncic hace un giro de forma precipitada y Julio se estremece, frotando sus lentes. Doncic le mira y sonríe: al igual que la mayoria de los adolescentes, tiene el don de molestar a los adultos en su presencia. "Voy a convertirme en piloto de carreras", bromea con tono de voz serio. Empieza a cambiar de estaciones de radio, pasando entre algunas que transmiten rap hasta que consigue una con reggaetón, para subirle el volumen. "¿Por qué nos torturas?", le dice Julio. Minutos después, Doncic comienza a cantar las letras de "Bad and Boujee" de Migos, las cuales no podemos reproducir aquí. Julio suspira y Doncic sonríe dulcemente, gesticulando hacia mí. "Estoy escuchando con los norteamericanos", dice.

El tráfico se desacelera a medida que llegamos al centro de la ciudad y varios peatones admiran el auto de Doncic. Apunta hacia un restaurante de la cadena de comida rápida norteamericana Five Guys. "Es asombroso", nos dice. Un par de veranos atrás, Doncic pasó dos semanas en Santa Bárbara, California, en P3, un complejo de ciencia deportiva y entrenamientos que atrae a muchas estrellas ede la NBA. La ciudad le recordaba una villa española, según afirma. Durante los fines de semana, viajaba a Los Ángeles acompañado por su madre y su novia, quienes viajaron desde Eslovenia, visitando el Hollywood Boulevard, Rodeo Drive (en el cual quedó impresionado con la gigantesca tienda Nike que queda cerca de allí) y el parque de atracciones Six Flags. "Los Ángeles es asombrosa. Me gusta, especialmente, esos autos tan maravillosos", afirma. "Estuve en Venice Beach para... ¿cuál es la serie que se filmó allí, "Guardianes de la Bahía"? Y fue asombroso".

Aparte de ese viaje, su única exposición a la cultura de Estados Unidos ha sido a través de sus series de televisión. Luego de ver todas las 10 temporadas de Friends el verano pasado, ahora está viendo How I Met Your Mother ("Cómo conocí a tu madre") y está ansioso por visitar Nueva York. "¡Central Park!", dice. "¡Beber café!" Conoce a dos miembros de los New York Knicks: Porzingis y Willy Hernangomez, quien jugaba con el Real Madrid (en febrero, fue cambiado a Charlotte). Doncic dice que se comunica más frecuentemente con Hernangomez, con quien juega Call of Duty, el videojuego.

"Intenté jugar Call of Duty, y me mataron al primer minuto", dice Julio.

Le pregunté a Doncic si piensa usar un apodo como Porzingis, quien usa "Three Six Latvia", y sonríe de forma pícara. "Swaggy L", afirma.

Julio y Alyson gruñen a la vez.

"Swaggy... LD", sugiere.

Doncic estaciona su auto en un garaje y nos lleva a uno de sus restaurantes favoritos en Madrid: el Hard Rock Café. Toma asiento con su masiva humanidad en un rincón, frente a varios televisores en los cuales se aprecian videos del grupo Kiss. Julio y Alyson se sientan frente a él y su agente español, un ex jugador del Real Madrid llamado Quique Villalobos, se sienta en una mesa cercana. Se acerca un mesonero, cuyos tirantes están a punto de sucumbir por el peso de una docena de botones. Doncic, en castellano, ordena las Famosas Fajitas (son asombrosas, me dice) y un plato de nachos. "Con doble queso".

Llega su plato y le pregunto a Doncic si ha escuchado en redes sociales por parte de aficionados de la NBA. Asiente mientras se sonroja nuevamente. "Algunos escriben, 'Pierdan a propósito para conseguir a Luka'", dice. "No lo sé. Sólo me rio". Cuando revisa sus usuarios, puede ver que escriben desde ciudades como Chicago, Orlando, Phoenix, Dallas... Lugares que nunca ha visto y mucho menos considerado como posibles escenarios de su vida adulta. Declina hacer comentarios sobre su futuro. La temporada del Real Madrid de baloncesto está a medio camino y algunos hinchas del club creen que se quedará durante otro año. "Uno nunca sabe lo que puede ocurrir en el futuro", expresa Doncic, quien mira hacia Julio, quien está pendiente de su teléfono. "Quiero concentrarme en donde estoy actualmente".

Si bien Doncic es un jugador excepcionalmente vibrante en la cancha (sus partidos son marcados por estruendosas celebraciones y arranques apasionados de temperamento, uno de los cuales terminó recientemente en una expulsión), fuera de ella muestra muy poco sus emociones, especialmente cuando se le insiste hablar sobre sus propios logros. Con rapidez, desestima las preguntas serias haciendo uso de un humor mordaz.

Villalobos me describe a Doncic como una persona reservada, el extremo opuesto, según él comenta, de Dragic (ambos jugadores son clientes de la misma agencia). Le pregunto en qué se diferencian.

"Soy más guapo", interrumpe Doncic.

Villalobos gira sus ojos. "Es mucho más privado", indica. "¿Goran? Te muestra cariño inmediatamente. Luka necesita conocerte por cinco años (para hacerlo)".

Mientras conversamos, Alyson llama a Dragic, quien mantiene contacto con Doncic desde el EuroBasket, sirviendo de mentor a Doncic en su preparación para llegar a la NBA. Segundos después, el rostro radiante de Dragic aparece en su teléfono. Se lo pasa a Doncic, quien le pide a su amigo se quite la gorra y le muestre su nuevo corte de pelo. Hablan en esloveno por un minuto y Doncic estalla en risas. Luego de colgar, le pregunto qué le había dicho Dragic.

"Me dijo: 'Estamos perdiendo en Miami para que puedas venir con nosotros'", expresó.


La madre de Doncic, Mirjam, dice que su hijo es muy maduro, pero "en casa, es un adolescente" Courtesy of Jerjne Poterbin

LA PRIMERA SELECCIÓN del draft que vino directamente de Europa del Este a la NBA fue un búlgaro llamado Georgi Glouchkov, un delantero apodado 'Balkan Banger' que salió de la liga después de una temporada, 1985-86. Durante años después, el estereotipo de jugadores de baloncesto europeos como lentos y débiles persistió, a pesar de que Toni Kukoc, Drazen Petrovic y Vlade Divac prosperaron en la NBA. Luego, a principios de la década de 2000, el éxito del recluta de los Mavericks, Dirk Nowitzki, provocó una carrera por los reclutas extranjeros: en 2003, los equipos de la NBA seleccionaron a un récord de 21 prospectos internacionales. En ese momento, los ejecutivos de la liga ahora conceden, estaban buscando a ciegas; muchos equipos carecían de la infraestructura para evaluar a los jugadores extranjeros, así como también de los expertos para ayudarles a mejorar su vida en los Estados Unidos. Aunque algunos de los jugadores que se acercaron se convirtieron en estrellas genuinas, como Manu Ginobili y Pau Gasol, las selecciones de draft mal hechas proyectan una sombra de gran tamaño. El fracaso de Kwame Brown no habla de los prospectos estadounidenses de la misma manera que la historia de Milicic persiste para los europeos del este.

Los años pasaron. Las perspectivas mejoraron. En 2013, Giannis Antetokounmpo y Rudy Gobert ingresaron a la liga; un año después, draftearon a Dario Saric, Jusuf Nurkic y Clint Capela. El reciente aumento en las importaciones europeas no es accidental, según Maurizio Gherardini, un ex asistente de gerente genral en Toronto que ahora es el gerente general del Fenerbahce, el equipo de la EuroLeague de Turquía. "Refleja un cambio progresivo en el enfoque: los clubes de la NBA están listos para absorber el talento que ingresa", dice.

Otros apuntan a una evolución en la propia NBA. "Creo que ayudó en el camino, las reglas cambiaron", dice Nowitzki. Después de que la liga proscribiera el juego agresivo y físico, el enfoque de la NBA pasó del poder a la delicadeza, acercándose más al juego internacional. "Todo eso, obviamente, juega a favor de algunos europeos", dice.

Aun así, algunos equipos aún temen elegir a europeos cerca de la cima del draft. Si bien pocos admitirían que los extranjeros están encasillados, es innegable que están más familiarizados con las estrellas universitarias. Un ejecutivo especula que sus pares tienen más miedo de elegir un fallo europeo que uno estadounidense, simplemente porque la gente hará un gran ruido con eso. Otro dice que puede ser difícil persuadir a los propietarios, que son rápidos en mencionar nombres como Bargnani. "Es como no ver una película porque hace cinco años vio una que no le gustó", y no ha visto una desde entonces", dice el ejecutivo. "Si siguen el baloncesto universitario, se sentirán mucho más cómodos con lo conocido".

Doncic ha sido una pieza fundamental en la ofensiva del Real Madrid esta temporada Salih Zeki Fazlioglu/Anadolu Agency/Getty Images

Irónicamente, Doncic podría ser la cantidad más conocida en el baloncesto. "Ha sido visto, estudiado, evaluado por todos", dice Gherardini, quien bromea, "¡he estado pendiente a él desde que nació!" Dada su edad, la producción de Doncic es casi sin precedentes; las rotaciones en la EuroLeague son más profundas que en la NBA, lo que dificulta que los jugadores jóvenes cuenten minutos significativos. (Varios ejecutivos me dijeron que el típico equipo de la EuroLeague aplastaría a la competencia universitaria). Según Kevin Pelton, de ESPN, Doncic tiene la proyección de victorias más altas sobre jugadores de reemplazo (WARP) de cualquier prospecto europeo desde 2006, cuando los datos estuvieron disponibles. Sobre la base de los cálculos de Pelton, que tienen en cuenta la edad y cómo las estadísticas otras perspectivas europeas han traducido a la producción de la NBA, la proyección WARP de Doncic es no sólo más alta que la de Ricky Rubio y Nikola Jokic - es también el más alto de proyección de la historia, incluso superando a la de un joven Anthony Davis.

Solo por los números, Doncic es prácticamente una cosa segura.

Pero entre los conocedores de la liga, la pregunta no es si el adolescente esloveno fracasará, casi nadie piensa eso. Por el contrario, es si su techo es lo suficientemente alto como para justificar su reclutamiento por encima de tipos como Deandre Ayton y Marvin Bagley III. Mientras Doncic apenas se esfuerza, no es excepcionalmente rápido o fuerte. "Su cuerpo está físicamente maduro, por lo que te preocupa cuánto puede cambiar, cuánto puede agregar", dice un empleado de la oficina principal. Cuando los equipos han enviado a sus mejores atletas para detenerlo, a veces ha tenido problemas para liberarse. En el otro lado del balón, es un defensor diligente, pero no es lo suficientemente ágil como para mantenerse al día con los bases rápidos.

Y, sin embargo, cuando los conocedores de la NBA critican el juego de Doncic, rápidamente agregan que son minuciosos. Puede estar limitado en defensa, pero aún puede jugar múltiples lugares en la duela, deslizándose sin problemas en las alineaciones amorfas de la liga. Cuando Doncic tiene el balón, se siente como si le hubieran dado una linterna mientras todos los demás en la cancha están buscando a tientas en la oscuridad; él ve pasar ángulos antes de que se materialicen, lo que lo hace mortal en el pick-and-roll. "Su juego es mucho más antiguo que su edad", explica un empleado de la oficina principal. "Todos los estúpidos clichés que vas a escuchar es porque todos son verdad". Los porcentajes de disparos de Doncic han disminuido en el transcurso de la larga temporada, 31 por ciento de triples, 47 por ciento global hasta el 5 de abril, pero su mecánica es sólida, lo que sugiere que la fatiga y la selección de tiros podrían estar minando su habilidad natural.

En diciembre, durante un partido de la EuroLeague contra Crvena Zvezda de Belgrado, Doncic no parece cansado, pero su falta de velocidad aparece a veces. Cuando se apresura a regresar a la defensa, se agacha un poco, pasos dando tumbos en el suelo. Sería absurdo llamarlo poco atlético, pero no tiene gracias; él usa su cuerpo para tallar el espacio como una persona embistiendo en una conversación.

Entonces, justo cuando uno está tentado de exagerar esta aparente falta de delicadeza, algo hace clic. El Real Madrid entreteje una serie de pantallas y corta Doncic en el interior, luego acierta una canasta. Un par de posesiones después de eso, interrumpe un tiro y corre a toda velocidad por la cancha, clavando tras un globo y colgando del aro por un momento como un pez moviéndose en un anzuelo. ("Le gusta hacer eso", murmura su agente, Bill Duffy, que está sentado a mi izquierda.) Segundos después, sacude a un defensor para un triple de 'step-back', luego un par de tiros libres, luego otro triple.

En cinco minutos, Doncic ha anotado 12 puntos.

Cuando comienza el segundo cuarto, el puntaje de Doncic baja, y el aullido en la arena desaparece, hasta que realiza un movimiento tan sorprendente que no me di cuenta de lo que realmente sucedió hasta que volví a Estados Unidos y volví a ver la cinta. A los pocos minutos, driblea detrás del arco, donde es doblemente formado por un par de defensores del equipo serbio. Se le acercan y levantan los brazos como niños que simulan ser momias. Cuando Doncic intenta eludirlos, cae hacia atrás y, en el proceso de caída, lanza la pelota más de 25 pies a un compañero abierto en el poste bajo, preparándolo para anotar.

El narrador se ríe. No hay mucho que decir.


Dada su edad, la producción de Doncic casi no tiene precedentes. Juan Carlos García Mate/Pacific Press/Getty Images

DONCIC Y SU MADRE , viven en un tranquilo suburbio de Madrid, en una vivienda moderna que forma parte de una comunidad cerrada. En una tarde lluviosa, Doncic está viendo televisión en esloveno en su sala, tumbado en una posición clásica de adolescente: su cuerpo en posición supina, su mandíbula sobre su pecho, las manos pegadas a su teléfono. Cerca del sofá, hay un escritorio con una silla ergonómica diseñada para jugar videojuegos. Doncic afirma pasar dos a tres horas diarias jugando en la consola, con títulos tales como FIFA y Overwatch. ("La mayor parte de las veces, cuando llego a casa... Veo a Luka jugando en la consola", indica Hernangómez).

Mirjam se mudó a España hace dos años para así poder vivir al lado de su hijo. "Es alguien muy maduro, por la vida que ha tenido... Haberse apartado de su hogar tan temprano. Sin embargo, cuando está en casa, es un adolescente común".

Doncic nació en Ljubljana, donde su padre Sasa jugaba para uno de los clubes de baloncesto más importantes del área. De jovencito, solía trapear el piso en los partidos de Sasa, intentando encestar ocasionalmente durante los recesos. Sus padres se separaron cuando Doncic tenía 8 años y desde entonces Mirjam, ex modelo que luego abrió un salón de belleza se convirtió en su principal cuidadora. Hoy en día, Sasa entrena un equipo en Eslovenia. Cuando se le pidió que declarara con respecto a su relación, Luka declinó hacerlo.

Doncic se inscribió en uno de los principales programas de baloncesto de su país cuando tenía 9 años. Quince minutos después de comenzar su primera práctica, los entrenadores lo llevaron al otro lado del gimnasio, donde jugaban los chicos mayores. Jernej Smolnikar, entrenador del club, afirma que el juego de Doncic siendo niño era similar al estilo de juego que muestra como adulto, no porque pudiese conseguir hazañas maravillosas, sino porque sabía que eran posibles para él. "Siempre vio un pase que nadie más podía ver o tenía el valor de lanzar un triple dando pasos hacia atrás", afirma Smolnikar. "Durante sus primeros tres años, no podía hacer cosas así... Pero podías percibir el talento que él tiene".

“No conozco otro chico europeo que juegue a un nivel así de alto. ”

- Kristaps Porzingis

Cuando Doncic tenía 13 años y medía 6'2" (1.88 metros), sus poderes físicos ya habían alcanzado el mismo nivel de su capacidad mental. Al igual que la mayoría de los prodigios atléticos, su dominio en la cancha rayaba en lo cómico: si usted nunca había visto un minuto de baloncesto en su vida, podría perfectamente conseguir en Internet un video de los momentos destacados en el partido en el cual Doncic sumó la bicoca de 54 puntos en un torneo italiano en 2012 (el cual, de manera inexplicable, tiene como música de fondo a "Lágrimas del Dragón" de Bruce Dickinson) y podrá reconocer inmediatamente que el niño rubio que desataba pases detrás de su espalda iba a convertirse en una estrella.

Doncic se encoge de hombros cuando se le pregunta sobre ese partido. "Era más alto que casi todos los que jugaron allí".

Poco después de ese torneo, el Real Madrid dispuso un vuelo para él y su madre con destino a España, donde el equipo le ofreció a Doncic un contrato multianual, convirtiéndolo en uno de los jugadores extranjeros más jóvenes reclutados por el club en su historia. Para Mirjam, tener que decidir dejarlo ir lejos de su casa y su tierra fue algo angustioso. "Le dije: 'Quizás puedas esperar un poco'", afirma la progenitora. "Me respondió: 'Mamá, quiero ir'". En su primer vuelo de regreso a Eslovenia sin él, lloró fuertemente, al punto que las azafatas debieron darle consuelo.

Doncic, quien rara vez admite sufrir alguna clase de estrés, reconoce que la adaptación a la vida en España fue sorprendentemente dolorosa. En ese momento, según él recuerda, no hablaba español. "Sólo sabía decir 'hola' y 'guitarra'", debiendo comunicarse con su primer entrenador utilizando sus manos. Vivía en un pequeño dormitorio con dos jovencitos oriundos de España y Bosnia, pasando la mayor parte de sus horas en clase o prácticas. "Durante los primeros tres o cuatro meses, fue algo tan difícil", recuerda.

Varios ejecutivos ligados a la NBA con quienes conversé indican que la crianza de Doncic es una ventaja. Muestran similar entusiasmo por el hecho que éste ya ha pasado tiempo en vestuarios al lado de jugadores veteranos. Dragic, quien vivió con Doncic durante la carrera de Eslovenia en el EuroBasket, afirma haberse asombrado por la forma positiva en la cual el joven jugador se ajustó a su rol dentro del equipo. "Al principio estuve un poco escéptico, pensaba: '¿cómo voy a jugar con Luka, si ambos somos jugadores que gustamos de dominar el balón?' Al final, pudimos coexistir perfectamente", expresó.

Al igual que Dragic, Igor Kokoskov, asistente del Utah Jazz y entrenador de la selección eslovena, se muestra maravillado por la precocidad de Doncic. "Liderazgo y presencia en la cancha, eso no se puede enseñar", dice. De cierta forma, explica Kokoskov, los orígenes de Doncic lo han moldeado hasta convertirlo en el jugador que es hoy: un adolescente que puede ver la acción y piensa y se mueve dentro de la cancha como un hombre mucho mayor, sin exhibir alguna duda en sí mismo, de aquellas que pueden producirse normalmente como producto de la inexperiencia. Pero toda su experiencia de vida lo ha moldeado en formas que jamás podremos conocer. "Se ha perdido algunas partes de su vida, su niñez en el baloncesto", dice Kokoskov. "Tuvo que crecer sumamente rápido".

Doncic admite que mientras pasaba sus años de formación a más de 1.000 millas de distancia de familiares y amigos, hubo momentos en los cuales pensó en dejarlo todo atrás. "Pero, cada persona que persigue una carrera en el deporte llega a pensar en algún punto: 'Desearía ser un adolescente normal'", afirma.

Le pregunto qué le gustaría hacer si no pudiera practicar baloncesto. "¿Quizás cantar?", expresa, con una sonrisa. Luego, sacude su cabeza en negación. "Jamás lo he pensado".


El primo de Mirjam, Dolman, dice que después de Dragic (derecha), Doncic es una de las personas más famosas en Eslovenia OZAN KOSE/AFP/Getty Images

EN UN MOMENTO CERCANO al inicio del torneo de la NCAA, Doncic se desgarra la corva, una lesión menor que lo deja fuera de acción durante pocas semanas. En una tarde de viernes, llega en su auto hasta la Ciudad Real Madrid de Valdebebas, a fin de someterse al tratamiento correspondiente. Luego, me encuentro con él en un tranquilo restaurante de comida española cerca de su residencia. Nos sentamos en una mesa ubicada en una esquina (en esta ocasión, sólo nos encontramos los dos) y ordena un café americano. Cuando le señalo a un grupo de hombres con aspecto de estar en buena forma física sentados cerca de la puerta del establecimiento, Doncic me explica que son jugadores del club de fútbol Atlético de Madrid. Una vez al año, comenta, los equipos de fútbol y baloncesto del Real Madrid se reúnen en una cena. Le pregunto qué piensa de la celebridad de Cristiano Ronaldo. "Es demasiado famoso", afirma. "No puede salir a la calle".

Doncic puede caminar por Madrid sin llamar demasiado la atención. Sin embargo, ya es toda una estrella en su país natal. Miles de eslovenos viajaron a presenciar la final del EuroBasket celebrada en Estanbul, en un trayecto de 15 horas en autobús para presenciar a su selección nacional ganar su primer título. No es poco común ver niños en Ljubljana vistiendo camisetas de imitación con el dorsal de Doncic y los medios locales están pendientes de todos sus movimientos. (Dolman, primo de Mirjam, me dijo que la joven estrella es la persona más famosa en Eslovenia, luego de Dragic, Melania Trump y "la mujer que se adhirió dinero al cuerpo en la cinta El Lobo de Wall Street".

Si bien el común de los aficionados norteamericanos al baloncesto no ha escuchado aún el nombre de Doncic, ya se ha convertido en un favorito de los apasionados por el draft de la NBA, siendo el objeto de incontables debates en los foros de Internet. Durante los últimos meses, varios videos de sus mejores jugadas han causado cierta conmoción más allá de España, incluyendo (sin limitarse a) las siguientes: un exitoso pase por toda la cancha, una secuencia de dribles que rompería los tobillos de cualquier mortal y una cesta que logró convertir mientras corría detrás del aro, lanzando de forma tan casual que parecía haber arrojado un rollo de servilletas a un bote de basura (aunque no sumó al marcador final porque la acción ya se había detenido). Le pregunto si ha decidido evitar el constante redoblar de tambores de los rankings previos al draft. Doncic aprieta la taza de café con sus gigantescas manos. "Estoy tratando... Pero, mira", admite, "ellos dirán: 'Oh, ¡qué bueno eres, eres tan bueno!' Y juegas un mal partido y ya dirán que eres terrible". Indica: "Estoy tratando de leer menos".

Cuando no tiene al séquito de chaperones merodeando a su alrededor, Doncic se muestra más abierto y relajado. Cuando menciona que sigue de cerca a la NBA, le pregunto qué pasa por su mente cuando mira los partidos y se ríe. "¡Ese podría ser yo, cruzando la cancha!" Indica que le gusta el ritmo de juego y la preeminencia del pick-and-roll. Sus jugadores favoritos son LeBron James, Kevin Durant y Kyrie Irving, pero ha disfrutado viendo a Ben Simmons. "Pienso, creo que somos algo similares, ¿sabes?", dice. "Puede jugar como armador, puede jugar como alero. Puede jugar y hacer muchas cosas, como LeBron".

Los próximos meses serán todo un torbellino. Luego de la lotería del 15 de mayo, Doncic no tendrá tiempo para volar a Estados Unidos para hacer entrenamiento alguno. La temporada del Real Madrid podría terminar en junio, lo cual significa la posibilidad de ausentarse del draft de este año. Planea regresar a Santa Bárbara este verano a fin de trabajar en su velocidad y explosividad, al igual que en su defensiva. Cuando le pregunto si su madre se mudaría a Estados Unidos con él, primero susurra un "quizás", para luego corregirse y decir que sí. "Pero, si se muda, ocuparemos apartamentos distintos", dice, ahora sentado en posición algo más recta.

Tu vida será tan distinta dentro de un año.

"Quizás", dice. "Si todo sale bien".

Y, ¿qué te parece todo eso?

Toma una pausa por pocos segundos. Sus grandes ojos azules miran ahora hacia abajo. "Es asombroso, pero... uno nunca sabe".

Doncic insiste que la incertidumbre no le atemoriza. "Sólo quiero jugar al baloncesto", dice. En pocos meses, abordará un avión y cruzará el océano, llegando a una ciudad la cual, probablemente, nunca ha visto antes, para posarse bajo un reflector que cada vez se encenderá con mayor fulgor. Desde ese momento, todas las cosas con las cuales se toparán serán extrañas y novedosas, excepto por aquello que atesora más, la faceta de su vida que ha cambiado menos. Cuando le pregunto por qué este deporte le hace tan feliz, me mira extrañado y por un instante, pienso que tendré que replantear la pregunta a fin de que pueda entenderla. "Porque me encanta hacerlo", me dice. Después, termina su café y se levanta de su asiento, partiendo del restaurant sin que nadie note su presencia, quizás, por última vez.

Tim MacMahon de ESPN colaboró con la presente nota.

Mina KimesKimes es escritora senior de ESPN.