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El papel del destino en la legendaria carrera de Drew Brees

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¿Qué lugar ocupa Brees en la historia? (3:09)

Ciro Procuna realiza un comparativo de los mejores mariscales de campo (3:09)

¿Creen en el destino?

¿Quién cree que existe un plan predeterminado que nos traza el derrotero de nuestra vida?

Yo creo en el destino. Mi vida ha sido prueba palpable que Dios tenía un plan para mí. ¿De qué otra manera se podría explicar que un joven que nunca vio un juego de fútbol americano antes de sus 18 años terminaría jugando para dos equipos campeones del Super Bowl?

No es el objetivo de esta nota empezar un debate sobre este tema, pero ejemplos como el mío abundan. ¿De qué otra manera se explicaría el rumbo que tomó la vida de Drew Brees?

Brees fue una selección de segunda ronda de San Diego en el 2001. La de primera ronda fue LaDainian Tomlinson. Al final de la temporada 2005, Brees sufrió una lesión seria cuando un jugador de línea cayó encima de su hombro derecho desgarrando el manguillo rotatorio y el labrum. El cirujano que lo operó dudaba que Brees podría volver a jugar fútbol americano. San Diego optó por Philip Rivers y Brees probó suerte en la agencia libre.

El primer candidato por sus servicios fue Miami, cuyo entrenador en jefe, Nick Saban, buscaba la contratación de Brees. El cuerpo médico de los Delfines reprobó a Brees físicamente, y decretó que no debería ser contratado. En su lugar, Miami firmó a Daunte Culpepper. El siguiente postor fue New Orleans, equipo cuya ciudad había sido devastada meses antes por el Huracán Katrina.

Lo que sigue se ha convertido en leyenda. Sean Payton, su entrenador, recogió a Brees y a su esposa Brittany en el aeropuerto. Payton, recién llegado a la ciudad del jazz, no conocía bien los rumbos y queriendo llevar a Brees y a su esposa a comer, tomó una salida equivocada y terminó en una de las áreas arrasadas por el huracán. Dice Payton que en ese momento pensó que Brees nunca querría jugar ahí, pero sucedió todo lo contrario. Drew y Brittany decidieron que su destino era vivir en el estado de Louisiana y firmó con los Santos poco después.

Platicaba Zach Strief, tackle ofensivo del equipo, que la primera vez que vio lanzar a Brees no podía hacerlo más allá de 20 yardas. Como han cambiado las cosas desde esa primavera de 2006.

Nick Saban dejó Miami y es ahora el entrenador en jefe más exitoso en el colegial con Alabama. He escuchado que una de las razones por las que regresó al colegial fue la decisión de su directiva de ir por Culpepper en lugar de Brees. Culpepper lanzó cuatro pases de touchdown para Miami. Brees lleva 418 para New Orleans desde entonces. Cuentan las malas lenguas que el grupo de doctores que examinó a Brees huyó del país y cambiaron de identidad. Exagero un poco, y en realidad no sé qué pasó con ellos, pero dudo que sigan empleados por la organización.

Los fans de Miami siguen añorando a Dan Marino y anhelando que algún día llegue su reemplazo, mientras que los fans de New Orleans ya festejaron un Super Bowl y siguen admirando las proezas de Drew Brees.

El pasado lunes, Brees desbancó a Peyton Manning como el líder en yardas por pase en la historia de la NFL. Consiguió el récord con gran estilo lanzando un pase de touchdown de 62 yardas al novato Tre'Quan Smith.

Por su parte, Miami continúa navegando sin rumbo, dando señales de ser equipo sólido en un momento para después revertir a la mediocridad. Miami perdió contra Cincinnati.

Es momento de poner atención a estos Bengalíes que son líderes de su división. Se rezagaron 0-17, contra los Delfines, pero aprovecharon dos touchdowns de su defensiva para buscar la manera de ganar. Estadísticamente están muy lejos de ser siquiera promedia a la ofensiva y defensiva, pero han logrado las jugadas en los momentos decisivos. La siguiente prueba viene el domingo cuando reciban a Pittsburgh. Estos partidos tienen clasificación de "sólo adultos" por lo duro y salvajes que son.

Como ex jugador de los Gigantes, me molesta tremendamente la actitud de Odell Beckham y los comentarios que hizo devaluando a la franquicia, a su entrenador y, sobre todo, a sus compañeros. Esta es definitivamente una era diferente en la NFL a la que yo jugué en la que la integridad del vestidor era sagrada y los mismos jugadores metían en cintura a los irreverentes.

Sin mencionar nombres, recuerdo una ocasión en la que un jugador, que digamos se sentía la última cerveza del estadio, estaba creando divisiones. Los líderes del equipo tomaron cartas en el asunto y una mañana notamos la ausencia del pedante. Pasó un rato hasta que salimos al estadio a un "walk through" que es como tener una junta en el terreno de juego. Encontramos al "ausente" atado a los postes con cinta adhesiva para vendar tobillos. Nunca volvió a decir nada y poco después fue dado de baja del equipo. Eran otros tiempos.

Kansas City sigue su paso demoledor con una ofensiva comandado por uno de los quarterbacks más eficientes de la liga. Tal como lo hicieron en 2017. La razón de canjear a Alex Smith por Patrick Mahomes fue para evitar lo que siguió el resto de la temporada. Perdieron seis de los siguientes siete juegos y al final fueron eliminados una vez más en playoffs. La idea es que Mahomes rompa esa tendencia inconsistente. Contra Jacksonville, Mahomes no tuvo su mejor desempeño siendo interceptado dos veces y terminando con un índice de efectividad de 62. Fue la defensiva la que marcó la diferencia. Blake Bortles puso de su parte cometiendo errores garrafales. Esta unidad sigue siendo altamente vulnerable contra el juego por tierra. Ya llegará un equipo que reconozca este factor y que corra más de 30 veces dominando el tiempo de posesión para mantener a Mahomes fuera del campo.

Me recuerdan a los Potros de Indianapolis de 2014. Ese equipo tampoco frenaba a nadie por tierra. Los Pats, en camino a otro Super Bowl, acarrearon 44 veces para 246 yardas y cuatro touchdowns por tierra en la Semana 11, y 40 veces para 177 yardas y tres touchdowns por tierra en el Campeonato de Conferencia. Veré con interés cuál será el plan ofensivo de Josh McDaniels este domingo por la noche.

Duro el día que tuvo Mason Crosby este domingo fallando cuatro goles de campo y un punto extra, en un partido en el que perdieron por diferencia de ocho puntos. La decisión de Mike McCarthy de patear un gol de campo sin importancia a segundos del final del encuentro me hace pensar que fue un voto de confianza. Crosby convirtió esa patada. Mason tuvo una temporada difícil en 2012, siendo uno de los pateadores más erráticos en la liga. Le tuvieron fe y respondió con una gran temporada en 2014. Recordarán el Campeonato de Conferencia contra Seattle cuando mantuvo a los Empacadores en el partido con cinco goles de campo. También recordarán el gol de campo que eliminó a Dallas en los playoffs de 2016. Cortar a Crosby no es la solución. No hay tampoco grandes opciones disponibles y hemos visto como muchos han fallado.

Los cuatro quarterbacks novatos que abrieron la semana cinco como titulares ganaron sus partidos. Sam Darnold lanzó tres pases de anotación contra Denver. Josh Allen sobrevivió contra Tennessee y anotó en un touchdown por tierra. Josh Rosen y Baker Mayfield tuvieron sus primeras victorias de titulares contra San Francisco y Baltimore respectivamente.

La victoria de Cleveland fue relevante porque Mayfield lo hizo con una serie ofensiva ganadora en tiempo extra contra la defensiva de Baltimore, una de las mejores de la NFL. Greg Joseph, su pateador, convirtió el intento de gol de campo más feo que he visto en mi vida. Un verdadero calcetinazo, pero que entró porque... pues ya les tocaba después de tantos fallos. Mayfield demostró la seguridad bajo presión que lo caracterizó en el fútbol americano colegial.

Rosen, por su parte, mostró que puede ser la respuesta a largo plazo que busca Arizona. Completó pases difíciles mostrando gran precisión y toque en sus envíos.

Finalmente, un comentario sobre el juego Texas vs Oklahoma. Para los que son puristas, para aquellos que en realidad disfrutan y aprecian el fútbol americano como deporte, deben de poner en su lista final de actividades antes de morir el asistir a este partido. Ningún juego tiene el ambiente de este juego en el que las tribunas están divididas 50-50, y los aficionados de ambos equipos se detestan con odio jarocho. Hay verdaderamente electricidad en el estadio, y cuando el juego está cerrado, como fue el final de la última versión, la intensidad es desgastadora. No hay mayor satisfacción que ver ganar a tu equipo en un partido de esta índole. Este año nos tocó a los fans de Texas. La serie está 3-3 en las últimas seis temporadas. Hoy tuve un día largo con nueve horas de retraso de vuelo y un itinerario muy incómodo, pero todavía me dura el gusto de esta victoria y ese sentimiento me ayudó a sobreponerme a tantas frustraciones. Creo que cuando ganan sus respectivos equipos ustedes sienten lo mismo. Por esos nos llaman fans, corto de fanático, que son aquellas personas que son apasionadas, leales y, en muchas ocasiones ilógicas, e irracionales. Pero así nos quieren. Sin más, ¡rumbo a Atlanta!