<
>

Sevilla, la puerta a la tranquilidad para el Barça

play
El Barcelona recibirá al Sevilla en el Camp Nou (0:58)

En los seis choques ante Sevilla, el Barcelona ha logrado cinco victorias y un empate seguido. (0:58)

BARCELONA -- El Sevilla, derrotado en sus últimas ocho visitas al Camp Nou y que no gana en Liga en el campo del Barça desde diciembre de 2002, acude al encuentro del líder con una mochila de tres derrotas consecutivas lejos del Pizjuán (Atlético, Valencia y Athletic) y consciente de la dificultad de sorprender a un Barça que ha ganado los últimos 17 partidos de Liga jugados en el estadio.

Desde que el Real Madrid, el 3 de diciembre de 2016, arrancase un empate (1-1) cuenta el equipo azulgrana sus encuentros de Liga en el Camp Nou por victorias. Para encontrar una derrota hay que remontarse al 17 de abril del mismo 2016, cuando cayó 1-2 frente al Valencia, señal inequívoca del potencial adquirido por un Barça al que Valverde le ha devuelto la calma. Que no es poco.

Al mando del entrenador extremeño es cierto que el Barcelona sigue buscando su mejor versión y que a través de ese Messi que cumplirá 600 partidos de azulgrana mantiene el ritmo de manera, hasta ahora, indestructible. Pero es igualmente cierto que las sensaciones futbolísticas se mantienen alejadas de lo esperado.

Porque, en realidad, en el Barcelona siempre se busca más. La excelencia. Esa es, tal cual, la diferencia entre el club azulgrana y el Real Madrid. El merengue es resultadista sin excusa ni vergüenza de ello, el culé es estético y por ello un empate en Atenas, continuación de una victoria poco brillante en San Mamés, provoca que se encienda el debate.

“Ganar nos daría tranquilidad por el parón” convino este viernes Valverde, sonriente y cada vez más cómodo y suelto ante los periodistas, saliendo indemne de cualquier cuestión, sabiendo tratar, una vez más, la polémica por la situación política y centrándose en un partido que consideró “difícil y fundamental”.

Fundamental por lo que significaría dormir el sábado once puntos por encima del Real Madrid, presionado como no se recuerda cuando aún no se alcanzó el primer tercio de la Liga y apartado del plano por un Barça pragmático como en la era de Luis Enrique… Pero amable gracias a la imagen que traslada su sucesor en el banquillo.