<
>

Patrick Reed es el campeón del Masters

play
Patrick Reed, campeón del Masters de Augusta (3:54)

El texano ganó su primer Major con 273 golpes (-15), uno más que Rickie Fowler, ocupante del segundo puesto. (3:54)

En una definición que tuvo todos los ingredientes que se esperan de un Major el estadounidense, Patrick Reed se consagró en Augusta. Lo hizo con una vuelta de 71 golpes, uno de ventaja sobre su compatriota Rickie Fowler. Con esta victoria, Reed de 27 años, alcanza su primera victoria en un torneo mayor y confirma su calidad de golfista.

Por su parte, el venezolano Jhonattan Vegas terminó su mejor semana en el Masters en el puesto 38. Hizo 73 golpes para un final acumulado de +3.

Cómo bien dijo el argentino y campeón en Augusta, Ángel Cabrera, "el Masters es el Masters, y hasta que no termina nada hay seguro". Grandes expectativas seguidas por tristes decepciones. Marchas triunfales, victorias épicas, dramáticas debacles. De todo se ha visto a través de los años en el día final de Augusta. Y esta edición no ha sido la excepción.

En la final del domingo, el Masters anticipaba un duelo enorme entre Reed y el norirlandés Rory McIlroy. Cada uno de ellos luchando por lo suyo. McIlroy con altas y justificadas expectativas de lograr el Grand Slam, para sumar a su enorme cosecha de Majors la perla que le faltaba. Por su lado Reed en persecución de un más que merecido primer Major.

Atrás de ellos, a una distancia que podía recortarse solo con una inspiración muy especial, había una cantidad de extraordinarios jugadores. Rickie Fowler, Jordan Spieth, Jon Rham, Henrik Stenson, Bubba Watson, Marc Leishman. Increíblemente, el golf prueba una vez más que no es una ciencia. Demuestra que es un deporte y que es además una forma de arte. Y para ganar Majors hace falta ser un artista oportunamente inspirado. Y es ahí donde se coloca Patrick Reed en la final de Augusta.

Grandes expectativas seguidas por tristes decepciones. Rory McIlroy atravesó en las últimas 24 horas todo ese recorrido. Pero hubo tres claras señales en los tres primeros hoyos que hablaron de algo que no estaba en su lugar.

En tee del hoyo 1, luego de ver como Reed erraba su salida por la izquierda, todos esperaban que el drive de McIlroy atravesara el espacio sideral y aterrizara en el fairway más allá de las 300 yardas. Pero no. Con un tiro que pareció más el de un aficionado, falló por mucho a la derecha. Primera señal.

En el par 5 del hoyo 2 erró un putt de un metro y medio para águila que hubiera borrado la ventaja de Reed en apenas dos hoyos. Segunda señal.

Inmediatamente en el hoyo 3 cometió dos errores seguidos. Falló un sencillo tiro al green con su wedge y no logró hacer “approach y putt”. Tercera señal.

La enorme confianza que tenía Reed necesitaba un cachetazo muy fuerte. McIlroy pudo dárselo bien temprano en esta última vuelta pero desaprovechó una oportunidad que no se tiene dos veces en este nivel. El resto es nada más que triste para Rory. Fue navegar en la mediocridad de una vuelta que requería inspiración y no la tuvo.

Y si hay un gran artista en este deporte o un gran deportista en este arte, él se llama Jordan, es tejano, tiene 24 años y ya ganó tres Majors. Su apellido es Spieth. O como diría alguien muy famoso en las películas, “Mi nombre es Spieth, Jordan Spieth”.

Ayer, al terminar su tercera vuelta a nueve golpes del puntero, le preguntaron qué esperaba para la vuelta final. Con la mayor inocencia dijo que por primera vez iba a "disfrutar de una vuelta final en Augusta sin estrés". Sin embargo, con birdies en el hoyo 1 y en el hoyo 2, el joven tejano tomó su pincel mágico y empezó a pintar lo que, en un momento, pareció que podría ser la mayor obra de arte que alguna vez se viera en este increíble lugar que es Augusta National. Demasiado cerca estuvo.

Terminó haciendo 64 golpes (-13), corto por dos para alcanzar un desempate con Reed. Eso no ocurrió por hacer un bogey en el hoyo 18 que debió ser un birdie. Un cinco que debió ser un tres. Un tres que hubiera sumado un total de 62 golpes. Y un tres que hubiera transportado inmediatamente su tarjeta al Louvre en Paris.

Entrevistado apenas terminó su ronda, otra vez con esa inocencia que es casi imposible de creer, Spieth dijo que nunca miró el tablero. Que cuando terminó pensó que podía ser el puntero por dos golpes o estar cuarto a tres golpes del primero. Dijo también que esto prueba que lo más importante es no rendirse nunca. Sabio.

Gran aplauso merece Rickie Fowler. Otro que jamás se rinde y que, cuando entra en esa especie de trance, hace los tiros más difíciles muy simples. Fowler navega en esos momentos guiado por un piloto automático. Su esfuerzo de esta última vuelta merecía alcanzar. Hizo un 65 épico que quedó corto por solo un golpe. Terminó a lo grande con un birdie en el hoyo 18 que debió haber puesto nervioso al inspirado Patrick Reed. Gran caballero como siempre, Fowler espero a Reed cerca del green del hoyo 18 para felicitarlo.

Patrick Reed ya tiene su saco verde. Es un gran campeón que jugó un golf extraordinario esta semana. Merecido triunfo. Un logro que lo traerá durante muchos abriles a este gran torneo que es el Masters. El único Major que cada año se juega en el mismo lugar, la maravillosa cancha de Augusta National Golf Club. El torneo que soñó y creó el inolvidable amateur Bobby Jones.