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La búsqueda continua de la perfección de un joven con autismo

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La adversidad no detiene a Pablo (2:38)

El patinaje artístico ha hecho que Pablo Lázaro no se detenga ante nada y lucha constantemente para lograr su sueño de levantar otra medalla de oro, ahora en los Juegos Especiales de Invierno en Austria 2017. (2:38)

PUEBLA, México -- Se advierte su confianza y concentración desde el primer momento que entra en contacto con el hielo. Desde el comienzo, cada calentamiento es ejecutado con la tenacidad de un campeón y Pablo Lázaro está preparado. Mientras ocupa su posición inicial en el hielo, la música comienza a sonar. A los pocos segundos, él sufre una caída: su entrenadora se acerca patinando y lo reprende entre bromas, y la tensión se quiebra. Después de todo, es bien conocida la capacidad de recuperación que distingue a Pablo.

Pablo Lázaro ha estado practicando patinaje artístico sobre hielo durante más de una década. “Estábamos en la fiesta de cumpleaños de un amigo, en una pista de hielo”, recordaba su madre, Luz María Escalona. “Él me preguntaba, una y otra vez, si podía entrar a la pista y patinar. Finalmente accedí. Unas pocas semanas después, él ya estaba tomando lecciones con un entrenador", continuó diciendo. A Pablo Lázaro le habían diagnosticado Síndrome de Asperger, una forma de autismo. Según los expertos, las personas con este síndrome pueden sentirse abrumadas por el mundo que las rodea y sufren de ansiedad. Para combatir esto, Pablo trata de ejercer control sobre todo lo que hace, un rasgo que lo ha ayudado a destacarse en el mundo coreografiado del patinaje artístico sobre hielo.

En el momento en que se desarrollaron estas entrevistas, el medallista de los Juegos Especiales de Invierno de 2013, se estaba preparando para otra participación en los Juegos de este año en Austria, y la preparación es agotadora. Su programa semanal lo lleva a realizar una gira por tres ciudades, simplemente para entrenarse con los mejores deportistas disponibles. Una vez que termine en Puebla, él y Luz María viajarán de regreso a su casa en Ciudad de México, recorriendo unas 85 millas (137 km). Desde allí, viajarán a Toluca para otra sesión, a 40 millas (64 km) de la capital latinoamericana.

"Hace cuatro años, él ni siquiera tenía un uniforme"

Luz María Escalona, madre de Pablo

El programa de viajes le permite a Pablo encontrarse con su entrenadora, Janet Kopretinka, una patinadora artística sobre hielo nacida en República Checa que ha adoptado a México como su hogar desde hace varios años. Kopretinka le hace repetir a Pablo la rutina que tiene preparada para Austria unas 25 veces en el término de una hora. Mientras tanto, ella le brinda a Pablo tanto elogios como consejos, que él escucha con atención. "El patinaje es mi vida, es lo que hago", dice ella, mencionando que su extenuante agenda le significa ver a su hija, "solo en el desayuno y tal vez tarde a la noche". La dedicación de Pablo y Janet a su deporte es mutua y, por lo tanto, una asociación positiva.

Posiblemente resulte obvio mencionar que, tradicionalmente, México no ha sido una usina de deportes de invierno, y que sus ciudadanos tampoco están muy interesados en estas competiciones. Esta nación solo llevó un atleta a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Rusia, el esquiador alpino Hubertus von Hohenlohe, príncipe europeo que entonces tenía 55 años y que también es aficionado a la fotografía y a la música pop. Pero las actuaciones de Pablo en los principales eventos de los Juegos Paralímpicos han comenzado a despertar el interés de la gente.

"Hace cuatro años, él ni siquiera tenía un uniforme", dijo Luz María, recordando que su hijo compitió y ganó con ropa de calle. Durante esos Juegos Paralímpicos de Invierno de 2013, Luz y su marido no acompañaron a Pablo en su participación en Corea del Sur. Lo siguieron por Internet, quedándose despiertos a menudo hasta la madrugada para saber cómo le estaba yendo a su hijo. Esta vez, donaciones de personas y corporaciones harán posible que Pablo esté perfectamente equipado para los Juegos de Austria. Luego de encontrar un diseñador en una ciudad vecina, Pablo contribuyó personalmente a diseñar su uniforme y ahora se entrena con él tanto como puede.

Durante esta sesión de práctica, él comparte la pista de hielo con otros competidores. Hoy, Pablo trabaja para perfeccionar el ritmo y la sincronización. A veces, Janet apaga totalmente la música para que Pablo "pueda escucharla en su mente" y seguir la rutina. La mayoría de las veces, parece no tener errores. Cuando estos aparecen, Janet inspira con mucha calma a su pupilo y comienzan todo de nuevo.

En Austria, Pablo competirá solo y con una compañera, Carmen Aguilar, con la que ha estado patinando desde hace meses. En septiembre último, en una competición internacional realizada en la ciudad mexicana de Mérida, Pablo y Carmen ganaron la medalla de oro compitiendo contra algunos patinadores que no tenían discapacidades. El resultado contribuye a abrigar la esperanza de que podrán obtener sus ambiciosos objetivos en los Juegos Paralímpicos de Invierno.

Igual que hace cuatro años, Luz María no acompañará a su hijo a los Juegos, una decisión con la que ella dice encontrarse cómoda. “Me pongo tan nerviosa cuando lo veo”, dijo ella. Janet estará trasmitiendo por video en vivo el evento de Pablo, y Luz María y su esposo lo seguirán en línea, de la misma manera que lo hicieron cuando Pablo triunfó en Corea del Sur.

Después del entrenamiento, Pablo coloca sus cosas metódicamente en una pequeña maleta. Mientras Janet y Luz María responden preguntas, él se prepara, haciendo mímica para responder a preguntas que él mismo se hace. Luego de unos pocos minutos, está preparado. "Esto me hace muy feliz, amo patinar", dijo. Menciona al pasar que está preparado para Austria y luego para otro viaje, en América Central. Esa respuesta provoca otra pregunta. ¿Es para asistir a otro campeonato de patinaje? "No", respondió Pablo. "Competiré en un torneo internacional de natación". La dedicación de Pablo a los deportes trasciende el hielo y su programa de competiciones incluye además varias disciplinas de piscina.

La natación ha sido su primer amor y cerca de la época en que aprendió a patinar, él estaba tratando de unirse a un equipo de nadadores sin discapacidades. Pero su solicitud fue denegada, recuerda Luz María, con lágrimas en sus ojos. Sin embargo, en lugar de deprimirse por ello, Pablo siguió insistiendo, agregando el patinaje artístico sobre hielo a su repertorio. Esa caída, como tantas otras, fue una de la que él se recuperó inmediatamente.