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Maternidad y deporte: La increíble historia de Mireya Luis

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Mireya Luis regresó a la cancha a los nueve días de dar a luz (1:51)

La actual vicepresidenta de la Federación Internacional, tres veces campeona olímpica y bicampeona universal con la selección cubana, pudo combinar a base de esfuerzo la maternidad y su impresionante carrera deportiva. (1:51)

Por primera vez miraban raro a la niña mimada. Dentro del grupo había una rara mezcla de sorpresa y resignación. La noticia aturdió a todos: Mireyita estaba embarazada y se perdería el Mundial. "¿A quién se le ocurre a las puertas de un Campeonato Mundial?", seguramente masculló alguien. Sin ella, la estrella del equipo, ya nada sería igual. Las aspiraciones de Cuba al título en Checoslovaquia (1986) quedaban en eso, simples aspiraciones...

Pero aquella nena de 18 años --llamada Mireya Luis* y que luego se convertiría en la más grande voleibolista de todos los tiempos y una de las atletas más dominantes de la historia (para su deporte algo así como lo que es Serena Williams para el tenis, Michael Jordan para el básquetbol o Lionel Messi para el fútbol)--, tenía en mente otro guion y nueve días después de dar a luz partió rumbo al país europeo a jugar en la cita universal.

La noticia

Ella no había planificado aquel embarazo. No se sentía barrigona. No se sentía embarazada. Pero el bebé estaba ahí. Era una realidad que sólo supo cuando, en medio de una gira previa al mundial, comenzaron los síntomas y los médicos se lo confirmaron. Rápidamente se adaptó a la situación, enamorándose de la criatura que crecía en su vientre.

Su entrenador Eugenio George* no la reprimió. De él no recibió una mirada de reprobación, todo lo contrario. Le sonrió con la ternura que lo hace un padre cuando sabe que su hija será mamá. Y le preguntó "¿cómo le vas a poner? ¿Cómo se va a llamar?".

La decisión

"Ya me había convertido en una jugadora importante para el equipo, era regular y una de las principales rematadoras. Mis compañeras cuando se enteraron, lloraron todas, se deprimieron. En algún momento no salían bien los entrenamientos cuando supieron que estaba en estado y no podía participar en ese Mundial", confesó Mireya Luis a ESPN -vía cuestionario-, 32 años después del Mundial donde Cuba quedó segunda detrás de China.

"Por otra parte, sentía que estaba naciendo en mí algo maravilloso, pero que estaba afectando algo que tenía también un significado extraordinario para mí. Entonces era el cariño de ser mamá y el cariño, el amor por el deporte. La pasión con el amor, el sentimiento... era una mezcla de cosas.

"Entonces rápidamente hablé con mi madre que era una persona con una fortaleza increíble y ella me dijo que dar a luz no era una enfermedad. 'Tú eres una mujer fuerte, ya eres una mujer, yo te puedo ayudar, ve para el Campeonato Mundial que yo me quedo con la niña'. Yo sentí un gran alivio por eso y me fui al Mundial a los nueve días de parir. Mi mamá se quedó con mi nena y partí hacia el Mundial".

¿Tuviste algún temor por tu salud en el momento en que se tomó la decisión?

"No creo. La mayor tranquilidad que yo tenía era que sabía que la niña se quedaba con mi madre que había tenido nueve hijos, o sea que era una experta, y el amor que sentía, que siente ella, aunque esté en el cielo, por mí; sabía que ella iba a cuidarla... Y por mi salud no estaba preocupada. Yo me sentía bien, estaba en buen peso. Sentía más preocupación por mi equipo. Por el resultado del Campeonato Mundial".

El Campeonato Mundial

"Hasta el partido clasificatorio de vida o muerte frente a Perú, Eugenio no había tenido que acudir a Mireya, quien desde el banco animaba todo el tiempo a sus compañeras... pero al fracasar Cuba en los dos primeros sets, el entrenador cubano debió enviar a la cancha a Mireya, quien a pesar de estar al 40 0 50 por ciento de sus posibilidades, resultó una verdadera pesadilla para sus rivales", contó el reconocido narrador cubano René Navarro.

"Su sola presencia en la cancha bastó para que el equipo exhibiera un cambio radical que condujo al amilanamiento de las peruanas. Mireya -le contó Eugenio- no necesitaba entrenar como las demás para demostrar su fabuloso poder en el ataque. Le temían, conocían la fuerza de sus remates y todo era respeto hacia ella", agregó el comunicador.

¿Puedes describir las sensaciones que sentiste, física y mentalmente, cuando saliste a la cancha en el partido frente a Perú y en una situación complicada de juego y 18 días después de ser mamá?

"Te digo que físicamente yo no estaba tan fuerte, pero si mentalmente. Lo que más fuerte yo tenía era la mente, porque no tenía mucha fuerza en las piernas. Recuerdo que entré al juego con mucha decisión, pero mis remates no eran tan fuertes. Yo solamente saltaba y trataba de clavar la pelota, por eso creo que las peruanas pensaban que era un remate duro, pero yo no estaba rematando tan duro. Mi mente, yo tenía mi mente muy cargada de energía positiva".

¿Crees que Cuba hubiese ganado ese Mundial con una Mireya Luis en plenitud de forma?

"Pienso que hubiese podido dar un poquito más de rendimiento y puede ser que el equipo.... Bueno, obtuvimos la medalla de plata, estuvimos bien cerca".

¿Has conversado de este tema con tu hija? ¿Qué piensa ella al respecto?

"Bueno, tengo una hija que ama el deporte, pero no le gusta ser deportista. Absorbió la parte negativa del alto rendimiento, la ausencia, el sacrificio, no poder estar con ella ni el sábado ni el domingo, no poder dormir con ella una noche, llevarla al parque, todas esas cosas... y ella no le gustaba que yo estuviese en la selección nacional. De hecho, nunca fue a un partido mío, desde pequeña y era su decisión.

"Se crió como una niña muy valiente, con grandes valores, pero ella nunca le gustaron esas cosas, porque siempre me quiso cerca de ella. Ahora lo hablamos, lo conversamos, y ella me dice... 'Mamá tu eres lo máximo'. Ella ha sentido orgullo por las cosas que he hecho, aun cuando fue ella la más sacrificada".

¿La Mireya Luis de hoy hubiese tomado las mismas decisiones de aquel momento?

"Sí, lo hubiese hecho otra vez. Creo que cada persona tiene que decidir por lo que siente. No importa el momento, el lugar, ni las circunstancias. Es simplemente el sentimiento lo que te lleva a hacer. Y cuando tú decides hacer algo, lo haces porque lo sientes, porque lo quieres, por un objetivo, por algo importante.

"Y yo pienso que lo hice por algo importante, por mi propia hija que esto le ha servido, incentivada por mi madre y por mi país, por mi equipo... lo volvería a hacer".

* A principios de mayo Mireya Luis fue electa vicepresidenta de la Federación Internacional de Voleibol
** Eugenio George fue considerado por la Federación Internacional de Voleibol como el Mejor Entrenador de mujeres del siglo XX.