Perfil de un golfista de raza

Una semblanza sobre la personalidad y el entorno del flamante ganador del torneo de Hilton Head. Sus orígenes humildes, su numerosa familia, el padrinazgo golfístico de su compatriota Vicente "Chino" Fernández y el elogio del Maestro Roberto De Vicenzo, último argentino que había ganado un certamen del PGA

FESTEJO DEDICADO:
Después de recibir el trofeo y el saco reservado al campeón, José Cóceres escribió una pequeña dedicatoria para su familia y sus amigo
(AP)
¿No preguntas por quién repican las campanas? ¿Repican por ti? A José Cóceres le pareció sentir en sus oídos el tañido de las campanas de la iglesia del pequeño pueblo La Verde, en el Chaco argentino, anunciando la hazaña de uno de sus hijos dilectos.

También sintió la música de una guitarra trasnochada, la suavidad de los algodonares, el sonar acompasado de las hachas hiriendo de muerte los troncos del monte.

Sintió la caricia emocionada de su madre María Digna, los estrechos y conmovidos abrazos de sus dos hermanos mayores (Ramón y Mario) y de los siete menores (Roberto, los mellizos Ricardo y Andrés, Eduardo, Daniel, Juan Carlos y de Matilde, la única mujer y última de la larga lista).

De repente, mientras los aplausos en su honor envolvían el escenario, se imaginó a su esposa Mónica besándolo como nunca lo había besado, a su hija María Belén, de nueve años, queriendo treparse a su brazo izquierdo, y a su hijo Marcos, aferrado a su pierna derecha y gritando con toda su fuerza y a todos los vientos: "Mi papá ganó, mi papá ganó".

El rudo hombre de la tierra de los algodoneros y leñadores, mantuvo por afuera su coraza de acero, pero por dentro sintió que una caliente lágrima recorría su cuerpo de un extremo al otro. Instintivamente tomó un papel y escribió a mano: "Para mi familia, mis amigos y para todos los argentinos, un millón de gracias". Era la manera de expresar sus sentimientos.

UNA HAZAÑA A LO DE VICENZO
El triunfo de José Cóceres no es un triunfo más. Tiene un enorme valor. Desde el Abierto de Houston de 1968, cuando Roberto De Vicenzo venció con su incomparable sello, un golfista argentino no ganaba en el PGA Tour. Por eso, la victoria del indomable chaqueño de 37 años tiene un sabor tan especial. Para él y para todos los amantes de este deporte en la Argentina.

A pedido de ESPNdeportes.com, el Maestro De Vicenzo habla de Cóceres: "Ante todo me alegro mucho por su triunfo, porque es un chico de principios. Después, les puedo asegurar que jugar en el PGA Tour es muy difícil y exigente. Cuando vas primero nunca estás solo. Siempre hay varios jugadores junto con vos. No sólo se trata de jugar bien, sino de mantener la concentración y la fuerza interior durante cinco días y cinco noches. Si es difícil el día, la noche lo es mucho más aún, porque los pensamientos no te dejan dormir. Cóceres jugó bien todos los días y especialmente en el desempate, porque lo más complicado es ganar por primera vez y hacerlo en un desempate. Ahora se le abre un gran futuro, espero que lo sepa capitalizar y le digo que el viejo maestro se suma a su alegría".

LLAMADA DE LARGA DISTANCIA
El lunes, con el trofeo aún en sus manos, José corrió hasta el primer teléfono y llamó a su casa. Su esposa Mónica nos contó así el relato que le hizo su marido: "Estoy recontento, mi amor. En el primer hoy fallé un putt desde cerca para ganar. En el segundo emboqué desde el bunker para empatar y en el tercero, casi me fui al agua y quedé en muy mala posición; si dropeaba, perdía un golpe y me la jugué. Hice par contra bogey y gané. No llores, te amo. Esto es también obra tuya. Chau, que pierdo el avión".

José Cóceres está hecho con el mismo material de los grandes profesionales argentinos, porque su masa es producto de una raza que se extingue: la de los caddies. La pobreza acunó su infancia, su juventud. Así nació un espíritu rebelde dispuesto a luchar hasta el cansancio por ser alguien, por crecer sin dejarse torcer por nadie.

A José se lo quiere o no. No existen zonas grises en su vida. Es derecho, frontal, sin pelos en la lengua e incapaz de ocultar lo que siente ya sea a colegas, dirigentes o periodistas. Ejemplo de ello existen miles.

UN GUÍA DE LUJO
Cuando apareció era golfísticamente un diamante en bruto. Antisocial, de pocas migas, pero hubo alguien que creyó en él y lo trató como si fuera su hermano o su hijo. Ese alguien tiene nombre y apellido: Vicente "Chino" Fernández.

Desde Arizona, donde se encuentra a la espera de su participación en el Las Vegas Classic del Senior PGA Tour, Fernández le dijo a ESPNdeportes.com que "pude ver los cuatro últimos hoyos de la vuelta final y los dos primeros del desempate. Estaba tan nervioso que no me podía quedar quieto. Era como si yo estuviese jugando esa definición. José pudo haber ganado sin ir al desempate, pero no se le dio. El lunes me desperté a las cinco de la mañana para ver la continuación y me equivoqué porque habían anunciado a esa hora y en realidad se había jugado a las cuatro. Cuando me enteré que José había ganado me sentí tan pero tan contento que es como si yo mismo hubiera ganado. Luchó muchos para conseguirlo, lo logró y empezó a formar parte de la historia del golf argentino".

José nunca cambió su manera de ser, pero sí aprovechó al máximo los consejos del "Chino": trabajó y perseveró en su trabajo. Creció. Ganó el Abierto de Cataluña en 1994, y el año pasado conquistó el Dubai Desert Classic, además de salir segundo en el Masters de Alemania, y tercero en el 500 Aniversario de Río de Janiero y en el Benson & Hedges.

Cóceres no participó en los dos últimos del Abierto de la República Argentina porque está cortada su relación con la Asociación Argentina. Así es José, no se dobla ante nadie, sin pensar si él tiene la razón o no.

Es un ser humano integro. Con el dinero que ganó no sólo compró su casa, sino también la de sus hermanos. La familia es unida, sin lugar a dudas.

OTRA LLAMADA CALIENTE... LA ÚLTIMA
Me costó hablar con él en el aeropuerto de Atlanta, dos horas después de su victoria, hasta que me recordó y entonces autorizó a su manager a darle el celular: "Gracias, gracias. Ayer me llamó el Chino y hace un rato lo hizo otra vez. Gracias a todos los que me quieren. Voy a ir caminando hasta Luján para cumplir una promesa. Después vuelvo al trabajo. Un triunfo es sólo un triunfo. Tanto en el PGA Tour o en Europa se gana sólo cuando se trabaja. Pensá que éste era mi quinta actuación en los Estados Unidos, en las otras cuatro no pasé el corte clasificatoria y gané en el primero que lo consigo".

Se despedió. Perdía el vuelo que lo iba a conectar con el que lo trasladaria a Buenos Aires. Cuando corté, como colorario a las últimas palabras de Cóceres, recordé un concepto del Chino: "Cuando te toca ganar, ganas de cualquier manera".

José Cóceres ya forma parte de la historia grande del golf argentino. Ya lo dijimos, es frontal, derecho y no tiene zonas grises. Se lo estima o no. Yo lo estimo y por eso le dije: "No preguntes por quién repican las campanas en las polvorientas calles de La Verde. Repican por una hazaña y el responsable de esa hazaña eres tú y este momento de alegría disfrutalo plenamente, porque te lo mereces".

Eduardo Alperín tiene 40 años de experiencia como periodista. Fue prosecretario de deportes del diario La Nación de Buenos Aires y cubrió los Juegos Olímpicos de Montreal 76, Moscú 80, Los Angeles 84, Seúl 88, Barcelona 92, Atlanta 96 y Sydney 2000. Actualmente es jefe de prensa del Comité Olímpico Argentino, cubre el área de prensa de ESPN Sur y es columnista de ESPNdeportes.com.

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José Cóceres
lunes, 16 de abril