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Cómo Astros ganó Serie Mundial apostando por su capacidad de predecir

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Houston celebró con sus héroes (2:50)

Fanáticos de los Astros recibieron a los campeones de Grandes Ligas con un multitudinario desfile en las calles de la ciudad. (2:50)

El béisbol cuenta dos grandes historias sobre sí mismo. La primera es ufanarse de ser totalmente impredecible. Se trata de José Altuve, Dallas Keuchel y Brad Peacock, y de Jon Singleton, J.D. Martínez y Mark Appel. Son los sencillos con los bates rotos y los outs de línea, si ''mi mier... no funciona en los playoffs'', es ''Suzyn, no puedes predecir el béisbol''. Son las 51 veces en las cuales los Astros en 2013, de alguna forma, pudieron vencer a un equipo mejor.

La otra gran historia que cuenta este deporte trata de la predictibilidad, con respecto a cómo las brutales repeticiones que se producen en una temporada de 162 partidos eventualmente acaban con el azar y revelan el talento verdadero.

Se trata de ''la regresión a la media'' y los sistemas de proyecciones y de Carlos Correa. Esta predictibilidad es lo que mantiene al béisbol con los pies en la tierra y lo salva del nihilismo. Es la razón por la cual estamos ahora divertidos en vez de asustados por la ahora famosa portada de Sports Illustrated de junio de 2014, la cual colocaba a los Astros, entonces hundidos en el último lugar, como ''sus campeones de la Serie Mundial 2017''. Si el béisbol no fuese predecible, esa portada hubiese parecido brujería, y estaríamos haciendo culto a ella. Ahora sabemos que, a un nivel básico, fue predecible, pensando en el gran panorama que a veces presenta el béisbol.

Esa portada de revista captura a una organización que apostó todo, de forma explícita y clara, por esa segunda historia que cuenta el béisbol. En diciembre de 2011, cuando los Astros contrataron a Jeff Luhnow y a su plan de 25 páginas para la organización, ellos --y él-- declararon que el deporte más impredecible del mundo, en un cronograma lo suficiente largo, puede ser domado.

Deben haberlo creído; ningún ser humano en su sano juicio se embarcaría en algo tan riesgoso e impredecible como #elproceso si no estuviesen lo suficientemente seguros que eso funcionara.

Los Astros --comenzando incluso en el año antes de la contratación de Luhnow, pero especialmente después de eso-- hicieron tres supuestos con respecto a la predictibilidad del béisbol. Todo comenzó con el primer movimiento hecho por Houston tras la contratación de Luhnow.

Supuesto 1. Las proyecciones que indicaban que los Astros no iban a ninguna parte tenían razon.

Cuando Luhnow fue contratado, PECOTA, sistema de proyecciones creado por Baseball Prospectus, pronosticaron que los Astros ganarían apenas 59 encuentros en 2012. Keith Law, en su ranking de sistemas de sucursales para ESPN, indicó que el sistema de Ligas Menores de Houston era el número 27 de todo el béisbol (de 30). Los Astros contaban con sus propios sistemas de proyección, y sus propios rankings de prospectos, pero sus lecturas de hojas de té internas casi ciertamente coincidían en ambos aspectos.

Muchos equipos se han negado a creer lo malos que son. Algunos mantenían las esperanzas, pensando que podrían ser salvados por lo impredecible del béisbol, y algunos de ellos tenían razón. Sin embargo, los Astros, hundiéndose, cayendo cada vez más y más debajo del resto de la liga, se les decía que no tenían esperanzas y escogieron creerlo. Tenían nuevos dueños y una nueva gerencia, y fueron, de cierta forma, libres de creerlo.

Esa decisión afectaba cada movimiento que harían --y los que no-- durante años. Apenas horas después que Luhnow fue anunciado como nuevo Gerente General, Houston negoció para hacerse con los servicios de un campo corto de 22 años de edad que apenas había sido escogido por Medias Rojas de Boston en el draft de regla 5. Los Astros lo consideraron como ''un fuerte campo corto defensivo''; sin embargo, no era lo suficientemente bueno para poder enfrentarse en ese momento al pitcheo de Grandes Ligas. Los escogidos en regla 5 deben quedar en las Mayores durante toda la temporada (salvo por lesiones) o ser devueltos de lo contrario a su club original. ''No lo veo quedándose'', dijo el periodista Brian McTaggart en ese momento. No obstante, los Astros lo dejaron salir y ser apaleado por el pitcheo grandeliga por toda la temporada. Apenas bateó para .234 con dos jonrones. Los Astros, y quizás solo los Astros, estaban en la capacidad de otorgarle ese puesto en el roster y sus 219 apariciones al plato a un joven Marwin González. Iban en la ruta a perder 107 cotejos.

Gonzalez conectó 23 jonrones ese año. Ya no es un fuerte campo corto defensivo, sino un jardinero izquierdo slugger que superó a Paul Goldschmidt, Anthony Rizzo y Nolan Arenado este año, y quien conectó doblete, sencillo y negoció un boleto en el Juego 7.

Supuesto 2. Un equipo puede ganar casi cada movimiento que haga.

En una liga en la cual todos los 30 equipos cuentan con Gerentes Generales inteligentes (la liga en la que Luhnow se encontró) es imposible engañar a todo el mundo todo el tiempo. Sin embargo, hay una forma de hacer que la balanza se incline siempre a tu favor: manejar los tiempos.

Casi todos los gerentes generales desean agregar peloteros que sean de calidad aquí y ahora. Son humanos, por una razón, e incluso aquellos de nosotros que superan la prueba del malvavisco podríamos dudar si las opciones van entre uno ahora o dos en tres años. Existen proverbios sobre la prudencia del ahora contra la especulación del ''más tarde'' --''no contar los pollos antes de nacer'', ''más vale pájaro en mano que cien volando.

Entonces tenemos, por ejemplo, 25 gerentes generales peleando por un pelotero que es bueno aquí y ahora, y dispuestos a pagar un precio, sacrificando un poco del ''más tarde'', a fin de obtenerle. Mientras tanto, los Astros siempre vivieron en el futuro; su presente era impredecible y lleno de supuestos. Podían dejar pasar todos estos buenos peloteros mientras acumulaban hombres que aún no habían alcanzado la plenitud de su nivel: escogidos en regla 5, hombres en waivers, piezas sobrantes puestas a cambio por veteranos de los Astros. Tras la temporada 2012, canjearon a uno de sus veteranos sólidos (Jed Lowrie) a Atléticos de Oakland a cambio de Chris Carter y dos otros jóvenes jugadores. Lowrie jugó bien con los Atléticos por un par de años, y luego se convirtió en agente libre. Carter lo hizo aceptablemente bien y luego se le concedió la agencia libre. Otro de los jóvenes peloteros, a cambio, maduraría a fin de convertirse en Brad Peacock, el primer hombre llamado desde el bullpen por A.J. Hinch en el Juego 7. Consiguieron a Chris Devenski por un decaído Brett Myers. Obtuvieron a González porque los Medias Rojas pensando en ganar hoy y ahora, no podían desperdiciar un puesto de roster de 40 con él.

Es fácil sobrestimar eso. Nos encantan las escogencias que suenan bonito, pero el núcleo de los Astros de 2017 que recordaremos en 30 años fueron o escogidos en los puestos principales del draft, veteranos firmados o negociados luego que los Astros mejoraron, o prospectos cuyo desarrollo comenzó bajo la mirada del previo gerente general Ed Wade.

Incluso, para muchos de los peloteros que recaen en el último grupo, la capacidad que tuvieron los Astros de enfocar su atención a algún punto en el futuro les dio un súper poder: Podrían ser pacientes con Keuchel durante sus primeras dos temporadas, algo menos que mediocres, le dieron a Altuve toneladas de tiempo de juego incluso cuando era un grandeliga por debajo del promedio, manipularon el tiempo de servicio de sus principales prospectos para mantenerlos durante mayor tiempo bajo control del club.

Cuando finalmente mejoraron, y querían llegar a la Grandeza, no contaban con pesados contratos a largo plazo que quedaron de un esfuerzo anterior: podían firmar a Josh Redick y Brian McCann; negociar a Justin Verlander, y aun contar con una nómina dentro del promedio de la liga. Además hay peloteros como Peacock, González y Devenski, como Joe Musgrove (adquirido a cambio de Francisco Cordero y otros), Collin McHugh (tomado en waivers) y Will Harris (misma circunstancia).

''No es difícil tomar una fortaleza'', dice un oficial en ''La Guerra y La Paz'' de Tolstoi. ''Es difícil ganar una campaña, Y por ello no hay necesidad de crear una tormenta y atacar, se requiere paciencia y tiempo''. Los Astros comenzaron su reconstrucción con casi nada, pero tenían paciencia, y contaban con el tiempo necesario.

Supuesto 3. Con esta forma de hacer las cosas, el éxito está prácticamente garantizado.

De otra forma, no hay manera alguna de justificar la reconstrucción total de una organización entera y someter a sus aficionados y jugadores a un nivel de juego que simplemente no requería existir.

¿Cómo se podía garantizar el éxito? La razón por la cual los gerentes Generales pagaran más por el ''hoy y ahora'' es porque el béisbol acecha al ''después'' y rompe sus entrañas.

Es cierto que muchas cosas le salieron mal a los Astros en este camino. Singleton, entre los mejores 50 prospectos cuando los Astros le firmaron con una extensión a largo plazo en 2014, fracaso. Appel, principal escogido en el draft 2013, también. Tres de los principales prospectos de pitcheo en las primeras etapas de su reconstrucción (Mike Foltynewicz, Jarred Cosart y Jordan Lyles) se estancaron. Los tres fueron negociados, pero ninguno podría haber formado parte de la rotación que fue a la Serie Mundial.

Los Astros estaban conscientes que estas cosas pasarían. Sabían además que, si contaban con suficientes jugadores jóvenes, si tenían la flexibilidad suficiente en su nómina, si permitían que los hombres suficientes se foguearan en las Mayores hasta que las cosas comenzaran a encajar, terminarían contando con muchos peloteros valiosos. Por cada Singleton, hay un Springer; por cada Cosart, está un Keuchel; y por cada temporada terrible u horrible hay un Correa o Alex Bregman (o Appel).

Una de las cosas agradables de planificar para algo en un futuro no tan cercano es que los beneficios no necesitan estar claros. Tenían algo de esperanzas que González resultara en algo bueno. No tenían exactamente que saber que sería. Si lo hubiesen tratado de entender, probablemente se habrían equivocado.

''Entendí mucho sobre cómo funciona la industria de los juegos de azar, y las probabilidades'', dijo Luhnow en ese artículo de revista de 2014, ahora famoso. ''Cómo, al tener un gran número de ocurrencias, aunque el azar tenga que ver con eso, pueden aun hacer que las cosas sean predecibles''. Eso, más que nada, es la premisa filosófica tras las camisetas de ''El Proceso''. Consiguió que los Astros acudieran a la Serie Mundial.

Para ser honestos, debían contar con un poco de suerte, como cualquier otro campeón. Eso es lo que la Serie Mundial es en realidad: el lugar en el cual las historias que el béisbol suele contar sobre sí mismo se cruzan. En ese sitio es donde comenzará el desfile de triunfo de Serie Mundial de los Astros va a comenzar.