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En la despedida de Pacman, ganó Freddie Roach a Teddy Atas

Manny Pacquiao celebró luego de vencer decisivamente a Timothy Bradley Ethan Miller/Getty Images

Esta vez no quedaron dudas, Manny Pacquiao venció de forma clara a Timothy Bradley. La tercera batalla entre ambos, tuvo pocos golpes, tuvo pocos intercambios francos y tuvo dos caídas de Bradley que llegaron más por su falta de balance que por los golpes del rival. No vimos ni por asomo al mejor Pacquiao y asistimos a una de las peores versiones de Tim Bradley. Tal vez, lo más destacable haya sido la guerra de estrategias de los dos entrenadores y en ese rubro, Freddie Roach noqueó a Teddy Atlas.

La presencia de Teddy Atlas en la esquina del estadounidense era la novedad, la clave esencial y hasta la posible diferencia en el combate. Y efectivamente lo fue, para infelicidad de su pupilo: Timothy Bradley. El plan para vencer a Pacquiao, del que alardeaba en lo previo Atlas, obligó a que Roach esta vez trabajara en una contra estrategia. Y una vez más demostró su sabiduría, mientras que a Atlas le faltó un "Plan B" y sucumbió sin ideas ante el dominio del rival.

EL PLAN DE TEDDY ATLAS

Y la guerra de estrategias se vio desde el primer instante. Timothy Bradley salió a moverse lateralmente hacia su propia izquierda dejando sin distancia a la izquierda de su rival y manteniendo el control de la pelea mediante el jab. Por intervalos, mudaba el sentido de sus piernas, caía su boxeo sobre la derecha y buscaba sorprender entrando con la derecha en punta por el centro de la guardia enemiga.

La idea era frustrar al filipino, obligarlo a arriesgar y cazarlo de contragolpe, tal vez, buscando encontrar un golpe similar al que le aplicó Juan Manuel Márquez en diciembre del 2012 para cambiar la historia de sus duelos legendarios. Pero le "salió el tiro por la culata". Roach le enseñó a Teddy Atlas que no se ganan peleas con un solo plan de pelea.

EL PLAN DE FREDDIE ROACH

Se especulaba de antemano de que en esta pelea podríamos ver al PacMan de antaño: arrollador, agresivo, explosivo poniendo presión y mucho golpeo. Pero sucedió todo lo contrario, a tal punto que al final de la pelea en los números de CompuBox fue Bradley el que lanzó más golpes y el que envió más metralla de poder. Eso fue resultado del plan de Roach, su contra estrategia.

Desde un primer momento, el filipino le regaló los espacios a Bradley, lo obligó con el jab desde la distancia y apuró esporádicamente, apenas para mantener un volumen de golpeo decente tomando como referencia el ojo de los jueces. Pacquiao se jugó a esperar, a provocar el fallo del oponente y a contragolpear. Obligó a Bradley a dudar entre regresar a su versión fajadora de las peleas anteriores (Provodnikov y Ríos) o el Bradley de las 140 libras que ganaba con boxeo elusivo, salida sobre piernas y golpeo vistoso entrando y saliendo.

Entre que voy o me quedo, Bradley fue fallando cuando esperaba ya que se mostró desbalanceado en sus salidas hacia la derecha del rival. ¿Habrá perdido la costumbre? Esas vacilaciones lo dejaron expuesto a la derecha del filipino que la usó varias veces como mortero. También se desbalanceaba Bradley cuando ponía el cambio ofensivo y daba dos pasos hacia adelante buscando conectar a Manny. El filipino retrocedía y regresaba colocando sus impactos a contra pie.

Ese fue el guion de toda la pelea. Freddie Roach mandó a Pacquiao a pelear como se presumía que lo haría Bradley y Teddy Atlas se quedó sin argumentos para mudar el rumbo de la pelea. No tuvo plan B.

UNA PELEA MONOTONA Y EMOTIVA

No es una contradicción. Realmente fue un combate monótono porque, exceptuando el quinto asalto donde vimos al filipino de siempre y el noveno donde se produjo la segunda caída de Bradley, en el resto pareció un guanteo de gimnasio, entre amigos. ¡Vaya, una despedida cordial para el viejo guerrero! Pero fue emotiva, porque Manny Pacquiao siempre despierta el cariño de los fanáticos, no en vano es una leyenda viviente y una figura que le ha dado mucho al boxeo. Toda una generación de aficionados lo respeta y protege su legado con la misma emoción con que lo saludó en cada una de sus escasas embestidas.

En lo boxístico, tal vez, el mérito del filipino fue la forma disciplinada con que desarrolló el inteligente plan de pelea elaborado por Freddie Roach. Golpeó lo necesario, que fue mucho menos de lo esperado, no recibió impactos que lo pudieran comprometer y hasta levantó a la platea gracias a las dos caídas que le produjo a Bradley, caídas que no fueron resultado de su agresividad, más bien nacieron del pésimo balance que mostró el estadounidense a lo largo de toda la batalla.

En ambos casos fueron golpes cortos que tomaron mal parado a Bradley, no obstante la segunda (en el asalto nueve) es verdad que se produjo fue una secuencia con una izquierda potente y un gancho corto de la misma mano que no alcanzó para lastimar a Bradley.

Timothy Bradley no ensayó golpes al cuerpo, fueron escasos los momentos en que arriesgó o salió a fajarse como lo hiciera ante sus anteriores oponentes y cuando Atlas le pidió que lo hiciera, faltaba muy poco y además sin poder en las manos era imposible imaginar un KO.

Al final del combate, se lanzó una cantidad de golpes inferior a la que ellos nos tienen acostumbrados. Bradley 439 y Pacquiao apenas 302. También en golpes de poder, el perdedor tuvo mejores números hasta en el porcentaje de acierto, no obstante fueron cifras lejanas a las que merecía una pelea entre ambos. El resultado en las tarjetas fue el correcto y reflejó la aburrida superioridad de Manny Pacquiao.

Aparentemente, esta fue la despedida oficial del filipino, aunque todo puede suceder en su futuro inmediato. Especialmente luego de las elecciones legislativas de su país y hasta su regreso a realizar algunas peleas millonarias, como un posible pleito con Saúl Canelo Alvarez, dependería de ser electo o no ser electo senador, cargo al que aspira.

En lo personal, pienso que aunque diga adiós Pacquiao regresará al boxeo. Hay rivales todavía para enfrentar y ganar un buen dinero. Es verdad que su familia le pide desde hace ya unos cuantos años que abandone este deporte. No obstante el filipino es tan importante para el negocio del boxeo, que en esa batalla (familia vs. negocio) es aún prematuro vaticinar un ganador.