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Terence Crawford tiene que ganar y gustar ante John Molina

Terence Crawford surge favorito ante John Molina en una pelea en la que está obligado a lucir Chris Farina/Top Rank

Terence Crawford (29-0, 20 KO) defenderá este sábado sus títulos de campeón junior welter CMB/OMB ante el californiano John Molina Jr. (29-6, 23 KO) en el CenturyLink Center, en Omaha, Nebraska. Crawford viene de ganar por decisión unánime, el pasado mes de julio, en la unificación de cinturones al ucraniano Viktor Postol, mientras que Molina en su última a pelea, cumplida en el mes de junio, sorprendió a todos doblegando, también en las tarjetas, al ruso Ruslan Provodnikov.

Con una carrera invicta que lo ha llevado a ser parte del Top 10 de los mejores Libra por Libra del planeta, Crawford parece encaminado hacia una nueva victoria en su propio patio. Sin embargo, las cosas, esta vez, no son lo que aparentan. Al hijo pródigo de Omaha no le alcanzará con solventar la victoria con el boxeo necesario. A Molina deberá vencerlo con autoridad y si es posible noquearlo. Y esa necesidad es la que podría ser causa de problemas.

LAS URGENCIAS DE CRAWFORD

La pelea que Crawford le ganó a Postol, era para sus manejadores algo así como el boleto final o la puerta hacia el primer nivel del boxeo de elite. Como doble campeón, Crawford debería transformarse en el rival a vencer, el campeón que todos quisieran enfrentar, el futuro campeón de las recaudaciones. Tanta era la confianza que no dudaron en vender esa pelea mediante el sistema de PPV.

Con algo más de 50 mil cajas colocadas, el PPV resultó un fracaso. Al revés comercial se sumó la mala actuación de Crawford que apenas hizo lo necesario para llevarse la victoria. No dio espectáculo, no arriesgó lo exigible de un campeón que aspira a convertirse en una superestrella y quedó a deber con el show.

Con el regreso de Manny Pacquiao, se daba como un hecho inevitable que de recuperar el título welter (como aconteció), el siguiente rival del filipino sería, precisamente, Crawford. Pero la mala venta y la pobre actuación ante Postol, mudó la ecuación. Ya nadie ha dado garantías de que la Pacquiao-Crawford suceda en el 2017. Por ello, quizás, le eligieron a Molina para su pelea del 10 de diciembre. Un rival agresivo y explosivo, pero de guardia defectuosa que permite lucir a sus rivales, como lo hicieron Lucas Matthysse, Humberto Soto y Adrien Broner, los tres que lo derrotaron en fila, antes de esa sorprendente victoria sobre Provodnikov.

Las intenciones son claras, eligieron un rival que le permita a Terence Crawford una victoria contundente, que rompa además esa imagen conservadora de su último combate. Si lo logra habrá dado un paso gigante hacia la ansiada pelea con Manny Pacquiao o en el peor de los casos, un duelo contra Vasyl Lomachenko, del cual se especula un salto no muy lejano a las 140 libras en su futuro inmediato.

EL ESCENARIO DE LA BATALLA

En lo previo e impuesto por sus urgencias, es posible esperar una versión diferente de Terence Crawford, en la noche de este sábado, una versión que alternará su estilo habitual con otro más arriesgado. Por momentos habrá un Crawford parecido al argentino Matthysse cuando enfrentó a este mismo rival. Arriesgando desde el comienzo soltando los mejores golpes de poder y, quizás, hasta más práctico en su postura, evitando esa irritante costumbre de cambiar de ortodoxo para zurdo y viceversa, algo que por rutinario lo confunde hasta él mismo. Todo ello para buscar el KO temprano.

Cuando no intente abrumar a Molina con ese tipo de boxeo, Crawford regresará a lo que mejor sabe hacer: moverse mucho por el anillo lateral, golpear desde afuera con las dos manos, entrar, salir en velocidad y abusar de su mejor talento técnico para evitar los golpes duros de Molina. Crawford ya lo hizo ante Postol del que incluso se burlaba cada vez que lo frustraba. No obstante, esa actitud le valió abucheos desde la platea.

Y si bien no dudo que ante Molina, Crawford arriesgará más que de costumbre, tampoco perderá el foco previsor en la mano pesada del californiano. Si bien Molina es un fajador clase B, demasiado valorizado en la actualidad (2do. en OMB y 3ro. en CMB) si tomamos en cuenta los resultados más recientes, hay que darle crédito a su valentía. Molina es guapo, no teme recibir más de un golpe con tal de conectar algún trallazo de poder y la dinamita en su pegada infunde respeto.

Lo demostró en aquella emocionante pelea de 2014 ante Lucas Matthysse que lo noqueó en el undécimo asalto. Antes Molina había derribado al argentino en los asaltos 2 y 5, mientras que Molina había ido a la lona en el 8 y el 10. Si por algún momento Crawford quiere hacer "la gran Matthysse", no dudó que tendrá mucho cuidado en no llevarse una sorpresa.

Por ello, imagino una pelea de alternativas cambiantes. Molina con su habitual boxeo arriesgado y Crawford trabajando desde la larga y media distancia, excepto en aquellos lapsos donde arriesgará de manera controlada para darle algo de emoción a su boxeo.

No dudo en vaticinar la victoria del dueño de casa, en una pelea larga. Sea por KO o por vía de las tarjetas, la batalla debería llegar hasta los asaltos de campeonato. Si el desenlace requiere del juicio de los tres jueces, será por una gran ventaja para Crawford y si el final sobreviene por un KO, para que el mismo ocurra, sin duda, habrá de colaborar el cansancio de Molina. Ello es algo que en todas sus peleas perjudica su desempeño en los asaltos finales, tal como le ocurrió ante Lucas Matthysse. De todas formas, la naturaleza del retador nos permitirá ver un combate entretenido, o sea, con varios momentos de emoción y golpes de KO.