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El peor final para Rigondeaux es el mejor para Moisés Flores

La pelea entre Guillermo Rigondeaux y Moisés Flores duró exactos tres minutos, el juez declaró al cubano como vencedor por KO y el combate terminó de la peor manera para el súper campeón de la AMB. Si tenemos en cuenta el verdadero vía crucis que ha debido padecer Rigondeaux para encontrar rivales y oportunidades, la controversia de ese final - por paradoja - puede ser el tiro de gracia a su carrera. Para Flores, por el contrario, el final es mejor de lo imaginado.

Y trataremos de explicarlo.

El combate finalizó con la mismísima campana del primer episodio y en medio de un intercambio en corta distancia. Rigondeaux tenía a Flores tomado de la nuca con una mano y con la otra le estaba llegando al rostro. Cuando suena la campana, el cubano quita esa mano de la nuca y lo conecta duramente mandándolo a la lona, de donde el mexicano no consiguió -aparentemente- levantarse.

De acuerdo con el reglamento, el golpe fue aplicado de manera ilegal, o sea, después del sonido de la campana. Flores quedó tendido sobre la lona, Rigondeaux celebraba con su equipo y el juez Vic Drakulich, totalmente atribulado, se enfrentaba a la terrible necesidad de tomar una decisión.

¿Cuáles fantasmas rondaban en ese momento por su cabeza? Es todo un misterio. Es imposible imaginar a qué tipo de consideraciones apela un árbitro para tomar una decisión como esa. Debía decidir entre conceder la victoria a Rigondeaux o descalificarlo y en el mejor de los casos declarar un "No Contest".

En ese momento comenzó el show, un espectáculo que nunca antes habíamos presenciado en una pelea de primer nivel. Drakulich habló con los jueces, consultó a los delegados de la Comisión Atlética de Nevada, observó en más de una oportunidad el video con el final del asalto y hasta mantuvo una conversación telefónica con alguien que -de acuerdo con la transmisión de HBO - sería el presidente de la Comisión Atlética de Nevada, pero pudo ser cualquier persona con algún interés en el evento. Repito pudo ser cualquiera.

Tras esos cabildeos y manteniendo el rostro atribulado, el referí regresó al cuadrilátero para comunicarle al presentador oficial que se validaba la victoria de Guillermo Rigondeaux, pese a que durante sus conversaciones se le escuchó claramente referirse al amarre ilegal y el golpe después de la campana del cubano.

La historia, de todas maneras, de acuerdo con lo vivido en el ring y según lo que se observó en la transmisión televisiva, no terminó. El representante de la Comisión Atlética de Nevada adelantó que lo sucedido en esa pelea motivará una reunión especial donde se tomaría una decisión final. En esa decisión se podría revertir el fallo y transformarlo en un "No Contest". ¡Vaya! La ciencia del sentido común es tan sencilla y su uso es tan apropiado para estos casos inusuales que sorprende que con tanta gente decidiendo a nadie se le ocurriera declarar allí mismo la pelea como "No Contest" y luego analizar en frío todo lo ocurrido antes de decidir un fallo definitivo.

Al declarar a Guillermo Rigondeaux como vencedor lo único que hicieron fue fabricar una polémica innecesaria con todas sus consecuencias. ¿Por cuál razón hubo tanta prisa en declarar al cubano vencedor por parte de los mismos que a voz en cuello afirmaban que había ganado con un golpe ilegal? Ese es otro misterio imposible de responder, pero que a quien perjudica es al propio Rigondeaux. Si antes de esta pelea nadie quería enfrentarlo, es difícil imaginar que ahora los rivales que el reclama, se animen a subir a un ring contra el cubano. La polémica alimentará muchos argumentos donde Rigondeaux será el "chico malo". Aquél que aburre, aquel que es incómodo por su estilo, de acuerdo con sus posibles rivales y que además - dirán ahora - es beneficiado pese a sus golpes ilegales.

MOISÉS FLORES EL BENEFICIADO

Moisés Flores perdió, pero seguramente - una vez sea revisado ese final - declararán N/C esta batalla, mantendrá su título y también su invicto. Para el mexicano ese sería un premio excesivo ya que bastó presenciar su desempeño en ese primer asalto para saber que le quedaba poco tiempo en el ring. Iba a perder e iba a perder muy temprano por KO.

La estrategia de Flores fue suicida. Salió a pelearle a Rigondeaux de la única manera en que el cubano desea que lo enfrenten para terminar el pleito temprano. El mexicano fue a buscarlo a su territorio, a enviarle golpes de poder desde la media distancia y siempre dando el paso al frente. El contragolpe de Rigondeaux ayudado por la extensión de sus brazos y el poder de su pegada, solo necesitaba eso: tener la barbilla de Flores a mano.

Y si bien ese KO llegó después de la campana y en un intercambio en corto, no es una ciencia adivinar que quizás tan temprano como en el segundo asalto ocurriría ese final. La estrategia de Flores no era la adecuada y su lentitud demasiada como para preocupar al cubano.

Por eso el final imprevisto lo favorece. Algo que quizás pasó por su cabeza cuando no se levantó luego del terrible golpe recibido. Es posible que lo haya lastimado, pero también es posible que no y que simplemente estuviera haciendo teatro. No sería extraño que el mexicano haya valorizado el golpe ilegal como forma de buscar una victoria por ese recurso.

De todas maneras, ahora pueden suceder dos cosas: que cambie el fallo de la pelea o se mantenga inalterable. Si Flores recupera el invicto y el título es un enorme beneficio. Si sucede lo contrario, la polémica será eterna y de la misma Flores será la víctima de "una injusticia". Tampoco es poca cosa.

Como sea, el desenlace de la nueva batalla de Guillermo Rigondeaux sirvió para confirmar la existencia de un karma en su carrera que a esta altura parece no tener remedio ni solución. Mucho se podrá especular sobre las razones que al dos veces campeón olímpico le ha impedido ocupar el lugar que merece en la historia del boxeo profesional, pero será difícil encontrarle una explicación.

Se dirá que su carrera ha sido mal administrada, se dirá que sus rivales le temen, se dirá que las reglas del boxeo no protegen a los mejores, pero sin entrar a examinar todos los posibles motivos, para lo que sucedió este sábado en el Mandalay Bay de Las Vegas hay una sola razón: mala suerte. Pura mala suerte.