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Lisandro, el distinto

Domingo 7 de abril de 2019. Minuto 15 de Racing-Defensa y Justicia. La pantalla gigante del Cilindro de Avellaneda muestra el logo con el número que lo identifica y su cara, mientras comienza a desplegarse la enorme bandera en su honor. Con rostro serio, sin querer perder registro de la pelota, el capitán aplaude con las manos en alto en señal de gratitud y saluda a la gente que canta “que de la mano, de Licha López, todos la vuelta vamos a dar…”. El tributo a un distinto.

Seguramente, al goleador y emblema del Racing campeón de la Superliga 2018/19 no le guste en absoluto que lo tilden de “distinto”. De hecho sus compañeros lo tratan de “perro verde” y al “Viejo”, como lo apodan en el vestuario, lo cargan por su vestimenta de boina y alpargatas. Lisandro es muy celoso de su intimidad y ni se le ocurre tener redes sociales. “¿Por qué querés compartir lo que hacés con el mundo entero?”, suele decir.

Regaló las camisetas que intercambió en sus primeros años y luego nunca las coleccionó: “¿Para qué las voy a tener en una caja si mis amigos quisieran usarlas?”

Le gustan las películas dramáticas y la lectura. ¿Sus libros favoritos? Marianela de Benito Pérez Galdós, La tregua de Mario Benedetti y Veronika decide morir de Paulo Coelho. Además prefiere la música tranquila de Jairo, Dyango y Miguel Poveda, entre otros. El ruido claramente no es lo suyo.

Nació el 2 de marzo de 1983 en Rafael Obligado, un pueblo de 800 habitantes donde desde siempre lo llaman Lichi. Su madre María Emilia fue docente, al igual que su hermana. Su padre Miguel trabaja en el campo y también fue centrodelantero en su época de jugador amateur. Suele volver a reencontrarse con su gente y a pescar, en short, musculosa y ojotas.

Quiere ser tratado como uno más. Se considera un jugador del montón que se entrega al máximo y en cada entrevista aclara que es una persona común y corriente que trabaja en el fútbol. Es bastante casero, sale poco a comer afuera y se pelea con el dueño del restaurante si no le quiere cobrar. No se siente ejemplo de nadie.

DE ROJAS AL MUNDO
Licha arrancó a los 9 años en el club Jorge Newbery de la localidad de Rojas, pero le dedicaba más tiempo de la semana a la caña que a la pelota. Se probó varias veces en equipos de Primera (Rosario Central, Newell’s, All Boys, Boca, San Lorenzo, Vélez y Lanús), pero siempre regresó a su pueblo. No disfrutaba ese exigente examen de apenas 20 minutos con 10 compañeros que no conocía. Llegó a anotarse en la carrera de ciencias económicas, hasta que Miguel Micó lo descubrió mientras trabajaba en Lanús y luego lo llevó a Racing.

En enero de 2001, con casi 18 años, Lisandro llegó a la institución que acababa de ser gerenciada por su estado de quiebra. Vivía en una habitación de la pensión de La Paternal con 6 o 7 compañeros. Luego lo pasaron a un hotel en Boedo. Y en su debut en 5ª división anotó un triplete en el 3-3 frente a Argentinos Juniors, en cancha de Atlanta.

Más de una vez se sintió mal cuando le tocó ir a entrenarse con la Primera. No le hablaban, le pegaban con mala intención o lo ninguneaban. Y hoy, siendo referente del plantel, busca el trato contrario con los chicos. Después de dos fracturas en el quinto metatarsiano del pie derecho, el 14 de junio de 2003 debutó en la máxima categoría, en el 2-2 frente a Vélez. El 10 de octubre, entró contra Lanús y marcó su primer gol con la celeste y blanca. Se dio el gusto de anotarle a Independiente en los 3-1 de 2004 y 2005. Fue goleador del Apertura 2004 (12 gritos) y se fue al Porto en 2005 con un Racing peleando por el título. En su primer ciclo en La Academia totalizó 26 goles en 70 partidos.

Tuvo su estreno en la Selección Argentina frente a México y el 17 de agosto de 2005 fue reemplazado por un tal Lionel Messi a los 18 minutos del 2º tiempo en el amistoso ante Hungría en Budapest, en el brevísimo debut que tuvo Leo por su rápida expulsión.

Lyon lo compró en 24 millones de euros y después de tres años y más de 80 goles, quiso abandonar el club cuando el técnico decidió colocarlo como mediocampista por izquierda. Prefería devolver la cinta de capitán y esperar en el banco de suplentes antes de jugar en esa posición. Se le negó la chance de ir a Juventus y Tottenham. Para colmo, el mismo DT de los Spurs (André Villas-Boas) lo había querido llevar anteriormente a Chelsea, pero nunca se lo contaron.

Cansado del fútbol europeo, se fue al Al-Gharafa de Qatar a mediados de 2013. A los seis meses ya se quería ir, pero permaneció allí durante un año y medio. Recaló en Inter de Porto Alegre en febrero de 2015 y nueve meses después concretó la vuelta a su amado Racing Club.

TALENTO, CEREBRO Y CORAZÓN
El 15 festeja llevándose el dedo índice derecho a la sien, luego de que un amigo le remarcara la importancia de pensar en los manos a mano.

Se arrepiente de no haberse cuidado mejor con las comidas y en el aspecto físico. Siempre fue de dormir poco. Siente que no pudo disfrutar plenamente de su carrera por la forma en la que vive el fútbol.

Después del entrenamiento puede dormir un rato de siesta, toma unos mates en su casa, descansa, cena y ocasionalmente se reúne con amigos. Le pone mucha voluntad a la cocina porque “una buena actitud supera a la técnica”. La misma actitud que muestra para bajar a defender como si fuera un lateral más.

Su autoexigencia lo lleva a tratar de mejorar constantemente. Nunca fue ni el más rápido, ni el de mejor pegada, ni el mejor cabeceador. Pero quiere aprender permanentemente y lo moviliza “una ambición deportiva gigante”, en sus propias palabras. Un ejemplo de humildad y amor por el fútbol. Se define como “apasionado hasta para barrer el piso o para pasar el trapo en la mesa”.

A los dos meses de arrancar su segunda etapa con La Academia en 2016, metió una histórica chilena contra Independiente para el empate agónico en el Libertadores de América. Tras la dolorosa eliminación frente a River en la Libertadores 2018, asumió su rol de líder en la conferencia de prensa y puso en duda su continuidad. Su gran nivel en la Superliga lo convenció de renovar con el sueño de ser campeón. “No lo voy a dejar ir a ningún lado. Si se va es porque se asustó, cosa que no creo”, lo apuró su entrenador Chacho Coudet.

El máximo artillero del último campeonato (17 gritos) volvió a brillar en un clásico de Avellaneda con un gol y una asistencia después de una corrida fenomenal al final del partido. Transmitió el sentido de pertenencia, contagió el cariño por los colores. En la barrera del tiro libre cercano a la definición ante Tigre se quebró y Nery Domínguez lo abrazó para consolarlo. Con el pitazo final y la consagración consumada, corrió al vestuario para celebrar en la intimidad.

Admite que siente miedo antes de salir a la cancha, porque el valiente es el que tiene miedo y sigue para adelante. Miedo a no tener el control en el campo. Y fuera de la cancha, miedo a la soledad. Miedo a no tener gente para compartir lo que le gusta. Miedo a no contar con alguien en quien confiar. Raro en un futbolista que logró que todo el Mundo Racing se encolumne detrás de él.

Lisandro, el pasional, rescata más el cariño del público que los títulos (11 en su carrera). Ya avisó que no seguirá ligado al fútbol, ni como técnico ni como dirigente. Le encantaría volver a ser desconocido cuando deje la actividad.

En plena fiesta del campeón, Licha tomó el micrófono y el primer mensaje fue dirigido a María Emilia: “Mamita, no llores mucho. Tranquila…”.

Un gesto distinto de un tipo extraordinariamente común.