UNAM v América
Rayos y relámpagos, todos americanistas
GUADALAJARA (Rafael Ramos/ESPN) -- El América fue un Tsunami amarillo. La lluvia salvó a Pumas de una humillación mayor. La lluvia entorpeció el juego y eso aminoró la tempestad de rayos, centellas y relámpagos que las Águilas desataron sobre la meta de Pumas.
4-1, y pudieron ser más. Muchos más. Pero esos cuatro fueron suficientes para que América, con dos juegos menos, sea líder por diferencia de goleo.
Los goles tienen un sello, un holograma de común denominador: confianza a muerte del entrenador Miguel Herrera en sus anotadores. Sostuvo y dio oportunidad contra viento y marea a Miguel Layún, Topo Valenzuela y Quick Mendoza. Responden con rabia y responde en la red. Y podría agregarse la fe del Piojo en Luis Gabriel Rey.
Hasta el cierre de este reporte, Pumas aún no se manifestaba sobre lo que parece inminente: la salida de Antonio Torres Servín, en una fecha luctuosa históricamente en el futbol mexicano, tras los despidos de otros dos entrenadores como Gabriel Caballero y Wilson Graniolatti.
INDEFENSOS... TOTALMENTE INDEFENSOS
Era clima tenebroso. Lluvia intensa desde horas antes del juego. Relámpagos cegadores. Rayos amenazantes. Truenos ensordecedores. La tormenta era un preludio dantesco.
Pumas fue una oposición endeble, frágil, timorata, ante un América que usurpó la autonomía de la cancha del Olímpico Universitario desde el primer minuto de juego.
Pero las debilidades de Pumas no se manifestaron solas, fueron desnudadas, bajo la lluvia y el frío, por un América que hace más pulcro su futbol rápido, abierto, de movimientos constantes y razonados por sus jugadores.
Y en las aulas universitarias, nadie hizo su tarea. Los Pumas parecían pasmados. Como si los jugadores y el cuerpo técnico no hubieran dedicado tiempo elemental en analizar al adversario.
Y eso facilitó que las Águilas desfilaran con aroma de cracks. Todos. Bueno, casi todos: excepto el Maza Rodríguez que sigue jugando patidifuso a ser un desastre llamado Maza Rodríguez.
Ese rendimiento notable sí incluye a un Oswaldito Martínez en su mejor noche, hasta llegar a un Layún con su fuelle impresionante, que tiene el premio de sentenciar el 1-0 con un escopetazo que es desviado ligeramente por Cortés, al minuto 27.
Antes de la primera lágrima en el marcador de Ciudad Universitaria, ya Alonso Jiménez había puesto temblorina en la defensa de Pumas, además de que las Águilas sobrevolaban a su antojo en la cacería aérea de los Pumas reducidos a cachorros indefensos, no sólo por su incapacidad futbolística y táctica, sino por su parsimonia moral.
Y cuando Pumas se lamía la herida del primero y analizaba si respondía o ronroneaba, Oswaldito empieza a ser el mayordomo de los goles. Entrega el primero al cabezazo de un Topo que sale de su hoyo ante la desatención puma, al '31.
Desesperado, Torres Servín busca soluciones. Elige mal. Saca a Luis García y mete a Cándido Ramírez. El español abandona la cancha demostrando que para ser de Baladona, ya domina la exquisitez extravagante y extremadamente soez de un tepiteño, para recitarle a su entrenador todo el listado de oficios deleznables de su santa madrecita.
En el aluvión americanista, el Quick Mendoza se gana su festejo firmando el 3-0 sólo tres minutos después, cuando Rey encuentra sólo peones defensivos entre el desconcierto universitario y entrega notificación infalible de gol al talentoso novato despreciado por el Tuca Ferretti.
Con esa sentencia de muerte, Antonio Torres Servín y Pumas se van al reposo, mientras América escucha a su afición en una cabecera que le implora "cuatro, cuatro, cuatro".
LA SENTENCIA...
América sale al desenlace a jugar con tranquilidad y sin riesgos, ante la peligrosidad de la cancha y la ira desesperada de Pumas.
Pero, a pesar de esa mesura, mantiene el dominio y encuentra el 4-0 que lo genera Miguel Layún a los '65, con servicio largo a Oswaldito quien sirve entre los sonámbulos universitarios, para que de certero cabezazo ponga luces neón de humillación en la pizarra.
Con semejante ventaja, Miguel Herrera pone a desfilar cambios y entran Molina, Hobbit y Andrade, y Pumas parece reaccionar ante la burla que le llegaba de la tribuna y que tenía reverberaciones dramáticas en el marcador.
Y es cuando Maza Rodríguez, errático, torpón toda la noche, intenta despejar de cabeza, pero entrega el balón en un pase magnífico al remate de cabriola perfecta de Martín Bravo para sentenciar el 4-1, que sirvió como suspiro, como pujido, como puchero consolador a los pumas afligidos de la tribuna y a los pumas descastados de la cancha.
Al final, América sigue enviando mensajes: está dispuesto a robarse el torneo.
Malos presagios. Lluvia persistente desde horas antes del juego. Lluvia

